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Síntomas de ictus

Síntomas de ictus

El ictus es una enfermedad que, cuanto antes se detecte y se trate, menos secuelas y complicaciones causa. Cada minuto que pasa, las posibilidades de recuperación se reducen. Por eso, conocer sus síntomas es fundamental para acudir a urgencias en cuanto se detecten las primeras señales.

Índice

¿Qué es el ictus?

El ictus es una lesión que se produce por la interrupción del flujo sanguíneo en alguna zona del cerebro. Es similar a un infarto de corazón, pero en el cerebro, y puede recibir diferentes nombres según cómo se produzca: accidente cerebrovascular, infarto cerebral, embolia o apoplejía.

Tipos de ictus o accidente cerebrovascular

- Ictus isquémico o infarto cerebral: está causado por la obstrucción del flujo sanguíneo de una arteria, lo que disminuye el riego a una parte del cerebro. El 75% de los ictus son infartos cerebrales y sus consecuencias suelen ser muy graves e incapacitantes.

- Ictus hemorrágico o derrame cerebral: provocado por una hemorragia a causa de la rotura de una arteria. La isquemia puede tardar varias horas en desarrollarse y en este tiempo, denominado ventana terapéutica, se puede evitar o minimizar el daño cerebral.

Síntomas del ictus

- Pérdida de fuerza o sensibilidad en la mitad del cuerpo (cara, brazo y pierna del mismo lado). Desde fuera, parece que la persona afectada tiene media cara caída, sonríe de forma asimétrica o no puede sostener un objeto con el brazo afectado. La dificultad para mover un brazo o una pierna es uno de los síntomas más característicos.

- Dificultad para hablar o para entender. Habla ininteligible, inconexa o usando palabras que no tienen sentido con el contexto. Si la boca queda torcida, y aparecen problemas para hablar o sonreír, hay que buscar ayuda cuanto antes.

- Pérdida de sensibilidad u hormigueos en la mitad del cuerpo.

- Pérdida súbita de visión en un ojo o visión borrosa.

- Dolor de cabeza muy intenso distinto del habitual y de inicio brusco.

- Sensación de vértigo o desequilibrio: el afectado podría caerse de forma brusca.

- Todos los sentidos pueden verse alterados y afectados, especialmente el tacto.

¿Son las mujeres más propensas a padecer ictus?

No, pero sí a padecer un ictus más grave. De hecho, es la primera causa de muerte en las mujeres y la segunda en los hombres.

Y es que el ictus es más habitual en hombres que en mujeres, pero mueren más mujeres por ictus que hombres. La razón de que esto ocurra es que, antes de la menopausia, los estrógenos tienen un efecto protector en la mujer frente al daño vascular. Pasada esta etapa, su disminución hace que un ictus pueda ser mucho más grave.

Además del sexo, la edad, ser mayor de 65 años, aumenta el riesgo de padecer esta enfermedad. Pasados los 55 años, cada década vivida dobla el riesgo de padecer un ictus. No obstante, las personas jóvenes también pueden sufrir este problema.

También los antecedentes genéticos son importantes a la hora de tener un ictus.

Además, existen otra serie de factores que aumenta el riesgo de padecer un ictus:

- Hipertensión arterial

- Enfermedades cardiacas

- Diabetes mellitus

- Colesterol HDL alto

- Consumo de alcohol, tabaco o drogas

- Vida sedentaria

- Obesidad

- Estrés

- Un incremento moderado o importante del número de glóbulos rojos también es un indicador importante de ictus. La razón es que los glóbulos rojos provocan que la sangre se espese

- Las muertes por ictus ocurren con más frecuencia con temperaturas extremadamente frías o calurosas

¿Cómo debemos actuar ante un ictus?

Como decíamos, actuar con rapidez puede salvar la vida de la persona y evitar la incapacidad o las consecuencias más graves. Lo primero, es llamar a los servicios de emergencia, aunque no sepamos seguro si es un ictus o no, para que puedan llegar lo antes posible.

Para salir de dudas, podemos recurrir a la escala Cincinnati, que consiste en tres comprobaciones:

1. Asimetría facial: hacer sonreír al paciente para comprobar si ambos lados de la cara se mueven de forma simétrica.

2. Fuerza en los brazos: indicar al paciente que estire los brazos durante 10 segundos. En caso anormal, uno de los brazos no se mueve o cae respecto al otro.

3. Lenguaje: pedirle que hable. En caso anormal, arrastra las palabras, tiene problemas para hablar o no habla.

Si alguna de estas tres comprobaciones obtiene el resultado anormal, cabe la posibilidad de que el paciente vaya a sufrir un ictus.

Una vez se llama a emergencias, esta llamada activa el Código ictus, un protocolo de medicina que dirige al paciente a un hospital con Unidad de Ictus para que un equipo especializado lo trate de forma adecuada.

Mientras llega la ayuda, se aconseja poner cómodo al paciente para que respire mejor, aflojando si es necesario su ropa. Tumbarlo con la cabeza y los hombros un poco elevados. Evitar aglomeraciones a su alrededor y tratar que esté calmado. No moverle ni forzarle a hablar. Tampoco se le debe dar agua o comida.

Si el paciente está inconsciente, acostarlo de lado (posición lateral de seguridad), vigilando especialmente que pueda respirar con normalidad y que no haya obstáculos en las vías respiratorias.

Si sufre convulsiones, alejar objetos con los que se pudiera hacer daño y mantener, en la media de lo posible, la posición lateral de seguridad.

¿Cómo se diagnostica un ictus?

El diagnóstico del ictus se basa primero en una valoración por parte del especialista de acuerdo a los síntomas y, sobre todo, en la realización de una serie de pruebas de neuroimagen (escáner y resonancia magnética cerebral), ecodoppler de troncos supraaórticos y doppler transcraneal.

El estudio carotídeo permite diagnosticar si la causa ha sido la formación de un trombo en los vasos sanguíneos o un derrame cerebral.

Además, sirve para distinguirlo de otras afecciones como el Azheimer, que puede compartir algunos síntomas.

¿Cómo se trata el ictus?

El tratamiento del ictus debe lograr reinstaurar el flujo sanguíneo y prevenir recurrencias, así como minimizar las secuelas que pueda causar.

Durante la fase aguda, el tratamiento consiste en disolver los trombos que se han formado. Si esta es la causa del ictus. Esto se puede llevar a cabo de diversas formas: mediante la aplicación de medicamentos fibrinolíticos (rt-PA) por vía venosa y, a veces, arterial; mediante una intervención quirúrgica para extirpar la placa de ateroma formada o dilatar la arteria mediante una angioplastia con stent si está causada por una obstrucción o mediante una embolización del aneurisma con colis si es hemorrágico.


Una vez salvada la vida, debería de iniciarse la neurorrehabilitación del paciente en el entorno sanitario. Aquí comienza la fase subaguda, en la que participan las unidades de rehabilitación hospitalaria, unidades en régimen de hospital de día y unidades de rehabilitación ambulatoria para lograr la máxima recuperación funcional posible.

Por último, una vez dada el alta, comienza la fase crónica, en la que hace falta ayudar a esa persona a recuperarse del todo o, en caso de discapacidad, activar los recursos sociales para proporcionarles la ayuda necesaria.

Consecuencias del ictus

Alrededor del 30% de los ictus acaban, lamentablemente, con el fallecimiento de la persona que lo sufre.

Asimismo, el ictus es la primera causa de discapacidad por Daño Cerebral Adquirido (DCA). En España viven 420.000 personas con DCA y el 78% de los casos está provocado por un ictus.

No obstante, como decíamos, las consecuencias dependen de la gravedad, del área afectada, del tipo de lesión y de la velocidad con la que fue atendido.

Entre las principales consecuencias encontramos:

- Coma o Estado Vegetativo Persistente, también llamado Síndrome de Vigilia sin Respuesta.

- Hemiplejía.

- Hemiparesia (dimsinución de la fuerza).

- Espasticidad muscular.

- Dificultades para pronunciar ciertos sonidos, leer, usar las palabras correctas o comprenderlas.

- Problemas en el pensamiento complejo.

- Dificultades para mantener la atención.

- Problemas de memoria, desorientación y confusión.

- Irritabilidad, cambios de humor, depresión o apatía.

- Conducta sexual inapropiada.

Por supuesto, en los casos más graves estas secuelas no afectan solo al paciente, sino a todo su entorno.

Lo importante es que un 50% de los casos se recupera casi al cien por cien o con secuelas mínimas. Lo importante para que esto ocurra es detectarlo a tiempo y llamar al 112 para que ponga el tratamiento más adecuado.

¿Cómo se puede prevenir un ictus?

Hasta un 80% de los ictus se pueden evitar viviendo de forma más saludable, por lo tanto, siguiendo estas pautas de medicina preventiva:

1- Come de manera saludable y equilibrada, evitando las grasas saturadas y los azúcares y apostando por los alimentos frescos y naturales como las verduras y las frutas.

2- Controla tu peso.

3- Realiza ejercicio físico de manera regular.

4- Duerme entre 7 y 8 hora diarias.

5- Vigila los niveles de tensión arterial y colesterol.

6- No fumes ni bebas mucho alcohol.

7- Evita el estrés.

8- Mantén activo tu cerebro.

9- Conoce las señales del ictus para actuar cuanto antes.

Fuente:

Federación Española de Daño Cerebral (FEDACE)

Redacción: Irene García

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