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Parejas sin hijos por elección

Parejas sin hijos por elección

Cada vez es más habitual ver a parejas adultas sin hijos. Los tiempos han cambiado y la idea preconcebida que se tenía de casarse, formar una familia y tener hijos ha ido desdibujándose un poco con los años, ¿verdad? Actualmente, la edad media para tener el primer hijo ha ido elevándose e incluso hoy son muchas las parejas que prefieren estar juntos, pero sin hijos.

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¿Por qué no tener hijos?

Y sí, lo cierto es que a algunas personas les puede parecer algo extraño, e incluso egoísta, el escuchar que hay gente que no quiere tener hijos con la persona que quiere. Por suerte, todo el mundo tiene la libertad para decidir si quiere o no tener un hijo. Hoy en día existen muchísimas parejas que no desean tener hijos porque no les agradan demasiado los niños o bien porque su economía es bastante baja y consideran que no van a poder darle a sus hijos una educación adecuada. También las parejas que creen que su vida irá mejor así, sin hijos porque ya tienen todo lo que ambos necesitan. Estas últimas son las más habituales.

Adultos que deciden no tener hijos porque prefieren dedicar su vida solamente a su pareja (y viceversa) y hacer diferentes planes sin ataduras, viajar, salir por la noche, etc. Sí, está claro que no por tener hijos se acaba tu vida social, pero digamos que cambia un poco, sobre todo al principio, cuando los niños son muy pequeños. Es cierto que muchas parejas de hecho o matrimonios que tienen hijos no consideran que su vida haya cambiado demasiado, pues siguen haciendo muchísimos planes, viajan y disfrutan de la vida igual o más que antes. Sin embargo, otros creen fehacientemente que su vida daría un giro inesperado.

Mujeres y hombres que centrarían toda su atención en su hijo, que abandonarían muchos planes de futuro, y que ni quieren ni están preparados para asumir tanta responsabilidad. Además, según algunos estudios, son cada vez más las personas que prefieren evitar “los compromisos de toda la vida”, pues a pesar de que normalmente los datos topográficos distinguen pocas veces las personas que no tienen hijos por elección de las personas que no los tienen porque realmente no pueden, según un censo estadounidense del año 2014, el 47,6% de las mujeres entre 15 y 44 años no había tenido nunca hijos, cifra que podría explicarse a través de alguna de estas razones que ya daba Blackstone a los medios. Blackstone, un banco de inversión estadounidense fundado en 1985, llevó a cabo un pequeño estudio a hombres y mujeres heterosexuales que consistía en una entrevista cuya duración oscilaba entre 60 y 90 minutos sobre si querían o no tener hijos y la explicación a ambas respuestas.

Como conclusión a dicho estudio, los investigadores observaron que algunas de las razones por las que algunos hombres y mujeres no deciden tener hijos tienen más peso de lo que aquellos quienes les critican piensan. Blackstone considera que “las personas que deciden no tener hijos no toman decisiones a la ligera”, “han visto lo que es tener hijos muy de cerca…y no les ha gustado”, “han pensado mucho en lo que significa ser padre…”, y un largo etcétera. Además, para las mujeres concretamente la responsabilidad social suele influir, pues algunos individuos a los que se le realizó el estudio consideran que están concienciados con el medioambiente y que les preocupaba mucho el control de la población, causa por la que una de las entrevistadas no había o no iba a tener un hijo, o bien porque “no se puede criar a los hijos de forma saludable en el planeta”, afirmaba en el estudio otra de las mujeres. El caso de los hombres fue distinto, pues sus razones suelen ser más personales. Uno de ellos consideraba en el estudio que “no tener hijos es el resultado de sus decisiones”. Él quiere viajar y hacer cosas que no podría hacer si tuviera hijos, afirma. “Una de las decisiones para equilibrar tu vida”, algo que, como ya hemos comprobado, muchos no quieren hacer. Pero sí, puede que, con determinados planes de futuro, “el equilibrio sea imposible”.

En los compromisos de toda la vida a los que antes hacíamos referencia también podemos incluir “estar en pareja con alguien”, pues, de hecho, es bastante común hoy en día que una persona decida vivir sola y, por supuesto, sin tener la necesidad ni el deseo de estar con alguien y mucho menos tener hijos. Algunas de las causas más comunes suelen ser la posibilidad de improvisar planes sobre la marcha o tener una mayor intimidad. Y no, nadie debería poner connotaciones negativas a la palabra soledad ni, por supuesto, relacionarla con algo depresivo, sino más bien comprender que la soledad puede ser un camino como cualquier otro, una elección y una alternativa.

No es obligatorio tener hijos

Y puede que incluso estés pensando que lo de vivir sola o solo es una maravilla, que la decisión de no tener hijos ha sido estupenda y que estás muy bien de la cabeza (que lo estás), pero debes saber que hace muchos años, cuando una persona elegía vivir sola, se interpretaba como un indicador de algún problema ya fuera de tipo psicológico, sexual o social. Aquí es importante también considerar una cuestión de género, pues no era igual que esto lo decidiera una mujer a un hombre. Sobre ella se cernían todas las sospechas posibles y totalmente despectivas: frígida, solterona o promiscua. Por suerte, hoy en día, vivir solo, no tener pareja o tener pareja, pero no tener hijos, es algo completamente normal y no pasa nada.

El término “sin hijos por elección” hace referencia justamente a eso, a los individuos adultos que ni quieren ni desean tener hijos porque ellos mismos así lo han decidido. Dicha decisión de no tener descendencia es radicalmente distinta a la imposibilidad de tener hijos, ya sea por causas afectivas o socioeconómicas. Existen en el mundo muchísimas mujeres a las que les resulta muy difícil tener hijos por posibles complicaciones de salud o que no pueden tener hijos, al igual que sucede con los hombres. Si la capacidad que tienen los individuos para reproducirse es lo que conocemos como fertilidad, entonces la esterilidad es la pérdida de esa capacidad.

Según la OMS, una pareja debe considerarse estéril cuando tras dos años de relaciones sexuales regulares, sin contracepción o sin otra causa que lo justifique, como podría ser la amenorrea posparto, la cuarentena o la lactancia materna, no logra el embarazo. Además, la mujer no puede quedarse embarazada cuando existen trastornos hormonales a nivel del hipotálamo, hipófisis, el tiroides, las glándulas suprarrenales o los ovarios, cuando hay defectos de los ovarios, trompas o en el útero, cuando esta padece endometriosis o bien cuando se detecta alguna causa congénita como una anomalía cromosómica. En el caso del hombre, este no puede procrear cuando hay un funcionamiento anómalo o inexistente de los testículos, existe una contaminación bacteriana del semen, se diagnostican testículos retenidos o varices en el escroto, se detecta esterilidad inmunológica o si hay antecedentes de operaciones para extirpar tumores, como, por ejemplo, los testículos. Y al igual que las mujeres, por ejemplo, si se dan causas congénitas como las anomalías cromosómicas.

Finalmente, recordemos también que las condiciones de vida que de alguna manera afectan a la fecundidad no mejoran, sino que empeoran. Un ejemplo podría ser el medioambiente o la alimentación, ambas influencias que nos afectan, que son importantes para nuestro bienestar y que descuidamos con frecuencia.

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