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¿Es normal no sentir nada por nadie?

¿Es normal no sentir nada por nadie?

Probablemente te haya pasado ya. Sí, tuviste un noviazgo que duró varios años cuando ibas todavía al instituto, pero ahí, como que se acabó la magia ¿verdad? Desde entonces no paras de conocer a chicos, pero se quedan en eso, en conocidos con los que un día tuviste algo o en algunas ocasiones, incluso, en buenos amigos con los que todavía hoy mantienes una gran amistad, pero no, nunca nada formal.

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¿Qué es la anhedonia?

Hasta ahora estabas muy bien, de hecho, no tenías que dar explicaciones de ningún tipo a nadie, pero llevas bastante tiempo sin sentir nada. Es cierto que al principio puede parecer estupendo, sobre todo cuando vemos cómo nuestras amigas se pasan el día discutiendo con sus novios, o aquellas que se enamoran a la primera de cambio y ya llevan unos cuantos novietes en su vida, pero con los que nunca terminan demasiado bien. Sin embargo, es normal que llegue un momento en tu vida en que te empiece a picar la curiosidad. ¿Por qué no he vuelto a sentir nada por nadie? ¿Seré yo? ¿Serán ellos? Hace tanto tiempo que no tienes nada serio que le estás dando más vueltas a la cabeza de lo normal y empiezas a preguntarte si es normal o no…

En ocasiones las personas dejamos de sentir emociones sin prácticamente darnos cuenta y cuando lo hacemos lo que nos pasa es que dejamos de ser conscientes de lo que era exactamente sentir. ¿Habéis oído hablar de la anhedonia? Aunque al principio esta se pueda confundir con la alexitimia, pues comparten algunos rasgos, en realidad hay que saber diferenciarlas porque no significan lo mismo. A pesar de que en ambos casos existe una dificultad para identificar y reconocer las propias emociones, la diferencia está principalmente en que la persona que padece o ha padecido alexitimia nunca ha sido capaz de reconocer ni experimentar estas emociones, mientras que la persona con anhedonia sí ha podido identificar y experimentar y es, además, tras un momento puntual que ha dejado de sentir.

Por ejemplo, cuando algo nos afecta mucho a nivel emocional lo que necesitamos es encontrar un mecanismo de protección para poder sobrevivir a la situación. Por norma general, lo que el individuo hace es crear bloqueos emocionales para no sentir tanto dolor. Dicho bloqueo lo que hace básicamente es evitar que el impacto llegue al espacio de vulnerabilidad interior con la fuerza inicial del impacto. Por eso, el bloqueo emocional que los individuos usan para protegerse de algo no es malo en sí, sino todo lo contrario. Ese momento lo necesitamos para protegernos, pero después lo que necesitamos es un tiempo para procesar lo ocurrido hasta lograr comprenderlo (algo favorable) frente al sentimiento que queda de aquello que se quería proteger, y que acaba convirtiéndose en algo desfavorable.

Desde que nacemos tenemos esa reacción instintiva de protección (“o de supervivencia”) que nos sirve, además, para darnos tiempo a adaptarnos a lo acontecido. Después, lo que sucede es lo que tendrá un efecto sobre nuestra vida ya sea positivo o negativo. Sencillamente consiste en no trabajar el bloqueo sino la raíz del bloqueo y las emociones que quedan sin ser procesadas. Cualquier ser humano tiene límites de resistencia, y algunos pueden aguantar más que otros. De acuerdo, por tanto, con la sensibilidad y vulnerabilidad de cada ser humano se puede tener una idea más o menos clara de cómo puede resultar un impacto. Cuando se trata de una experiencia eventual su efecto no es tan marcado como si fuera una experiencia constante. La medida de los impactos es la medida en que nos bloqueamos y, al volverse una costumbre, dichos bloqueos acaban convirtiéndose en parte de nuestra personalidad sin poder diferenciarlos de lo que realmente nosotros somos. Algo que, sin duda, requerirá mucho trabajo con uno mismo para poder liberarse de esos bloqueos que perdieron sus fronteras en nuestra personalidad.

Es probable también encontrarse en una situación así si lo que nos pasó anteriormente tuvo relación con el problema principal, es decir, en este caso, una mala experiencia amorosa, porque confiar en el amor después de haber sido herido resulta bastante complicado. Existe una idea bastante común que considera el amor como un sinónimo de sufrimiento y no, por supuesto que no es así, pues a pesar de que este no es perfecto lo que uno debe tratar de conseguir siempre es ubicarlo, racionalizarlo e intentar dominar en la medida de lo posible esa locura afectiva existiendo siempre un equilibrio entre racionalidad y pasión. Pero eso a veces resulta imposible y de forma inevitable acabamos sufriendo.

Para superar estas rupturas y volver a sentir otra vez deberíamos en primer lugar, perdonar que no significa olvidar lo que ha sucedido sino simplemente darse la oportunidad de volver a comenzar. Una vez, a partir de ahí ya, lo único que debemos hacer es lo siguiente:

- Dejar de hablar de lo mismo una y otra vez

- Ampliar horizontes (ir más allá…)

-  Abrirse a lo nuevo

- Recordar siempre que nadie es indispensable y que la vida sigue

- Tomar nuevas decisiones

- Y sí, volverse a enamorar

Probablemente el último punto sea el más difícil en estos casos, sobre todo cuando hemos llevado una relación muy tóxica y complicada que nos ha hecho sufrir mucho. La misma que nos ha hecho cubrirnos con un caparazón para intentar no sufrir de nuevo. Ese dolor y ese malestar que se generó una vez y que nuestro cerebro en ocasiones desea protegerlo, pero ¿cómo? Pues bien, creándose un mecanismo de defensa, esa anhedonia de la que hablábamos anteriormente.


¿Cómo superarla y volver a sentir de nuevo?

La anhedonia se puede definir como una defensa de nuestro cerebro que nos previene del malestar, pero del mismo modo también nos previene de las emociones positivas. Cuando el individuo padece anhedonia, por tanto, se produce un aislamiento emocional para no sufrir que acaba siendo una tortura porque nos impide vivir. Incluso la anhedonia puede transformar al individuo en seres fríos y carentes de emociones, y aunque generalmente la anhedonia aparezca para que no sintamos dolor en realidad padecerla no es lo normal. Superar la anhedonia supone un camino bastante difícil si no lo hacemos con la ayuda de un profesional de la psicoterapia. En un proceso terapéutico, por ejemplo, se busca la raíz del problema y se trabaja ese bloqueo. No obstante, existen una serie de pasos que se pueden seguir para volver a sentir:

- Pensar en la primera vez que nos sentimos así y qué paso justamente antes. Es decir, encontrar la causa o causas de la anhedonia que, aunque en algunas ocasiones está muy clara, otras veces son simplemente pequeñas cosas que se han ido acumulando y que han ido poco a poco causando dolor. Descubrir ese origen es una buena forma de conocer también el por qué.

- Una vez lo detectamos y justificamos ese malestar, hay que elaborar el pasado. Por ello, es importante digerir lo que hizo que apareciera dicho mecanismo de defensa. Superemos ese obstáculo y aprendamos a vivir con el presente.

- Tras elaborar ese pasado, centrarse en el presente, pensando siempre en la vida que realmente deseamos vivir, en cómo queremos ser y, sobre todo, en trabajar para conseguirlo.

- Finalmente, indaguemos en el fondo de nuestras emociones. ¿Cómo estábamos antes de dejar de sentir?

Aun así, siempre es importante tener en cuenta otra serie de variables ya que, tal y como afirman algunos expertos, no todo el mundo siente las mismas emociones, añadiendo, además, que en la sociedad alrededor de un seis por ciento de personas “psicópatas o esquizofrénicas” no gestionan sus emociones porque no pueden crearlas. Y sí, al fin y al cabo, son personas normales a las que les costará más que a otros emocionarse, enamorarse o sentirse apasionado por algo.

Hace unos años gracias a algunas investigaciones se pudo descubrir que los circuitos del cerebro que propician la anhedonia estaban relacionados con la depresión y la esquizofrenia. Los circuitos responsables de la incapacidad de sentir placer se han descubierto en ratas, según un hallazgo que podría ayudar a los investigadores a comprender mejor los mecanismos subyacentes tanto de la depresión como de la esquizofrenia. La anhedonia, que como ya veíamos era la incapacidad de sentir placer, es un síntoma central de varios trastornos psiquiátricos humanos incluyendo la depresión y la esquizofrenia.

Las investigaciones previas de imágenes cerebrales sugieren que la anhedonia podría estar vinculada a una parte del cerebro que se encuentra justo detrás de la frente conocida como la corteza prefrontal medial. Una región del cerebro que está implicada en los pensamientos que las personas tienen sobre uno mismo y sobre los demás que es, además, una pieza clave en la organización de la información que llega al cerebro. Finalmente, el autor del estudio, el Dr. Karl Deisseroth, psiquiatra y neurocientífico de la Universidad de Stanford, concluye que “hay que seguir con el desarrollo de la comprensión de cómo funciona el cerebro como un conjunto de un sistema dinámico coordinado para poder entender mejor las enfermedades y poder combatirlas”.

Fuente:

Fuente:

“Prefrontal cortical regulation of brainwide circuit dynamics and reward-related behavior” http://science.sciencemag.org/content/351/6268/aac9698

Redacción: Irene García

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