• Buscar
×

Cómo tratar con personas difíciles

Cómo tratar con personas difíciles

Las relaciones humanas son complicadas. La interacción entre dos personas que comparten sus miedos, inseguridades, carencias, deseos, sentimientos y valores, implica la confrontación directa de los atributos del otro. Sea cuál sea el vínculo que te une a alguien –laboral, amistad, familia, pareja…–, vas a tener que lidiar con las trabas personales y la incomprensión mutua.  Y si la persona en cuestión es difícil, todo se enreda mucho más. La RAE recoge en su definición el concepto de individúo difícil como: dicho de una persona descontentadiza o poco tratable. Es decir, que podríamos englobar dentro de esta etiqueta a aquellas personas que no suelen estar satisfechas casi nunca con nada, no sonríen en exceso y cuyo trato directo es fatigoso, ya sea porque discuten constantemente o porque ponen más obstáculos al desarrollo natural de sus relaciones.

Índice

Evita las relaciones tóxicas

Toda persona merece nuestro respeto (o nuestra indiferencia en caso de que no tengan el mismo por nosotros). Pero en ningún caso es justificable, por mucho que le excusemos bajo el pretexto de que ‘es difícil’, una relación basada en la toxicidad. Una cosa es ser asertivo y otra muy diferente es dejarse absorber por personas que sólo saben mantener vínculos sostenidos por relaciones de dependencia o dominación, entre otras muchas. Si de repente, aun estando en paz contigo mismo, tienes un sentimiento de culpa, sientes que estás siendo utilizado o identificas una responsabilidad desproporcionada hacia alguien, es probable que estén jugando contigo. Las relaciones tóxicas provocan maltrato psicológico, que aunque suele ser discreto, trae consecuencias bastante profundas. Lo que nos provoca el contacto continuado con este tipo de relaciones es una disminución grave de la autoestima y la sensación de una angustia –casi inexplicable– que te bloquea casi por completo.

Si crees que esta persona no sólo es difícil, sino que también es tóxica: huye. Lo más rápido que puedas. En este caso, no está en balanza si hemos sabido o no cómo tratarle, si deberíamos haber actuado de otra forma para que la relación hubiera salido a flote. Esto no tiene nada que ver con que la persona sea mala o buena. No es la moral la que está en juego sino tu salud mental. Probablemente ni siquiera lo haga de forma consciente, y puede que sea una de las personas que más se haya implicado a nivel emocional contigo. Pero no se trata de que te quieran mucho, sino de que te quieran bien: siendo plenamente lúcido de tu propia individualidad, de tu libertad y del poder de tus decisiones particulares.

Una vez hayas identificado que esta persona no es tóxica, sino sólo complicada, estaremos preparados para pasar a la acción. No existe una fórmula mágica –¡ojalá!– para tratar con personas difíciles. Porque nadie es ‘difícil’ y ya está. Las personas que impiden y ponen obstáculos a todos pueden estar condicionados por su carácter, normalmente insatisfecho, o por una situación temporal por la que están resentidos e intenten ‘boicotear’ al resto de la población. Aun así, sea cuales sean los motivos, lo más eficaz es participar en el mismo juego pero a la inversa: todo lo que él o ella complique, tú desenrédalo, hazlo fácil.

Consejos para tratar con personas difíciles

Escucha activa

Con tanto ruido –interior y exterior– hemos perdido la capacidad de escuchar de verdad. Es fácil caer en la tentación de silenciar mentalmente a las personas difíciles. Pero puede ser un error, ya que con sus palabras y su comunicación no verbal nos está dando claves de por qué actúa de esa forma. Las palabras nunca son inocentes, y podemos leer entre líneas su propio discurso. Si nos ningunea o infravalora constantemente o sin motivo alguno, nos da consejos cuando nadie se lo ha pedido, o actúa como ‘instructor’ de tu vida. Puede que le motive la envidia, se vea reflejado de alguna manera contigo o sea la única forma que encuentra de reivindicar su ‘supremacía’ sobre ti. Escúchale, pero no interiorices sus palabras. Entiéndele pero no le justifiques.

Discutir no es la mejor opción, pero tampoco te cohíbas

Discutir es bueno para conoces las opiniones de cada uno, siempre que exista el respeto y la comunicación no sea mongólica. En el caso de las personas difíciles, cuando hablan no quieren saber lo que piensas, sino imponer su posición. Por eso, no malgastes saliva, es inútil discutir con alguien que realmente no quiere escucharte. Pero ¡ojo! Tampoco dejes que te domine y que te meta en su terreno. Igual que él o ella tienen su forma de entender las cosas, tú también tienes la tuya. Intenta no deshacerte y convertirte en una extensión de su propia persona. Sé firme, y mantente fuerte incluso los días que más te produzca el cansancio emocional. Puede ayudarte el uso de frases cortas y tajantes, sin repetir demasiado las mismas ideas.

La gran aliada: la comunicación asertiva

La forma en la transmitimos un mensaje a nuestro receptor, es extremadamente poderosa. Y más si trabajamos con la Comunicación Asertiva o Asertividad, en la cual la actitud es la verdadera protagonista. Empezaremos por controlar nuestra forma de transmitir nuestras propias opiniones desde el respeto hacia el otro, de una forma clara y pausada. Cuando hayamos aprendido las bases, continuaremos por mostrar interés en lo que nos cuenta sin involucrarnos emocionalmente, teniendo una postura corporal abierta, observaremos nuestros gestos y aprenderemos a controlarlos (ya que los gestos adecuados nos ayudan a dar énfasis a los mensajes que deseamos reforzar), nos fijaremos en nuestros niveles de voz, analizaremos cuánto tiempo escuchamos y cuánto tiempo somos escuchados para aumentar la receptividad y el impacto. Y por último, pero no menos importante: identificaremos cuánto, cómo, cuándo y dónde intervenimos, además observar la calidad de nuestras intervenciones en las conversaciones.

No ofrezcas detalles sobre tu vida íntima

Dependerá de la persona con la que estemos tratando, ya que generalizar siempre es injusto y aunque sí es cierto que muchas personas ponen trabas a las relaciones, no todas se comportan igual. Si utiliza tu vida íntima como pretexto para echarte cosas en cara, lo mejor es que dejes de tener confianza con esa persona. Comunica hechos reales con detalles mínimos y jamás trates de explicarte ni justificarte. Eres lo que eres y el proyecto que tengas sobre quién quieres ser, no lo que crea o piense nadie. Cuanto más lo intentes, más te desgastarás y dudarás de ti mismo por el camino.

No intentes cambiar a la persona

Aunque hayas identificado lo que le ocurre, y tengas esperanza en que podrá cambiar, no serás tú el que haga que esa cualidad suya desaparezca. Puedes mostrar tu opinión sobre él o ella, pero no ser ‘su guía’ o convertir a esa persona en el nuevo proyecto de tu vida. Sólo eres responsable y tienes el control sobre ti mismo. Cualquier acto parecido, aunque sea con la mejor de las intenciones, será inútil y traerá más frustración a la relación.

Distánciate de la conducta problemática

Y volvemos a la base de todo: haz fácil lo difícil. Las relaciones humanas ya son lo bastante complejas para encima añadirle más obstáculos. Ten en cuenta de que tú importas, no entres en el juego y mantén una postura segura. De esta forma será casi imposible que pueda seguir con su comportamiento, al menos, contigo.

Las personas complicadas pueden ser también interesantes. Han elaborado durante mucho tiempo su propia persona, han forjado sus gustos y a menudo tienen claro todas sus opiniones. Pero no caigamos en la trampa: no es lo mismo que una persona sea difícil (o compleja a nivel interno)  a que tenga relaciones complicadas. De hecho, son conceptos casi contrarios. Conocer y rodearte de personas diferentes a ti es muy valioso. Y si además lo hacen todo más fácil… Todo irá sobre ruedas.

¿Te ha gustado? 0

También te puede interesar