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¿Es verdad que los borrachos dicen la verdad?

¿Es verdad que los borrachos dicen la verdad?

Todos hemos oído esta expresión, pero, ¿es cierta? ¿Todos los borrachos dicen la verdad o más bien no les importa decir cualquier cosa porque están más desinhibidos? Diversos estudios han intentado indagar en esta peliaguda cuestión.

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¿Los borrachos siempre dicen la verdad?

“Los borrachos y los niños siempre dicen la verdad”. Frase que muchas veces no se cumple ya que los niños son muy capaces de mentir, al igual que los borrachos. Y es que esta expresión no quiere decir que si vas “pedo” solo seas capaz de decir la verdad, como si el alcohol actuara de detector de mentiras, sino que te dará absolutamente igual lo que les digas a los demás, por lo que serás muy capaz de decir cosas que, estando sobrio, no dirías jamás.

“Esa falda te queda horrible”, “No aguanto a tu madre”, “La semana pasada te robé 5 euros”… Frases que seguro que no deberías haber dicho, pero que el alcohol te desinhibe y te permite decir y quedarte tan a gusto. Eso sí, otra cosa serán las consecuencias que traiga decir estas verdades cuando estabas un poco "perjudicado" o en estado de ebriedad.

Los expertos explican que no se trata de la persona se vuelva más sincera gracias al alcohol, sino de que bajos los efectos del mismo no somos capaces de reprimir ni controlar nuestros impulsos; nuestra capacidad de razonamiento y reflexión está embobada; el lóbulo frontal (donde se encuentra el área de Broca, encargada de la producción lingüística y oral) está afectado; las personas se vuelven mucho más impulsivas.

Lo que no significa que siempre digan la verdad. De hecho, muchas veces sucede todo lo contrario y los borrachos ofrecen falsas promesas. Además, es más que probable que, al día siguiente, no se acuerden de nada de lo que dijeron y se escuden en eso para no aceptar responsabilidades por los actos cometidos o las frases dichas en estado de embriaguez.

El alcohol es una excusa

Así lo afirma el psicólogo Bruce Bartholow, que estudió durante un tiempo la conducta de los borrachos y llegó a la conclusión de que al alcohol no incapacita a la persona para controlar sus emociones, pero sí hace que no te importe nada las consecuencias de expresarlas. Por eso mucha gente recurre al alcohol para hacer cosas que normalmente no se atreve, como pedir salir a alguien o enfrentarse a una persona que nos está haciendo la vida imposible.

También sirve de excusa muchas veces frente a actos de los que al día siguiente nos arrepentimos, aunque realmente seamos conscientes de lo que hicimos.

Para comprobarlo, Bartholow sentó a 22 ebrios frente a un ordenador a resolver ejercicios y a otros tantos que no habían bebido a realizar las mismas tareas. Las personas que estaban borrachas eran conscientes de los errores que cometían. Además, sonaba una alarma cada vez que fallaban, pero les daba igual y seguían como si nada.

Esto confirma que, bajo los efectos del alcohol, las personas no controlan sus impulsos y la capacidad de razonamiento está anulada.

Saben lo que están haciendo, solo que se sienten más libres y no les importan las consecuencias.

Esto mismo confirma un estudio de la Universidad de Missouri que confirmó que no es que los borrachos no sepan lo que hacen, sino que “les importa un pito” lo que pase después y los sentimientos de los demás.

Pero el alcohol no inhibe la capacidad de mentir, por lo que no te fíes de un borracho solamente porque se haya pasado con las copas, puede que te esté engañando totalmente. El hecho de que vaya muy borracho no es una prueba de que todo lo que dice o hace es cierto. Aunque sí que es verdad que puede que, bajo los efectos del alcohol, se atreva a decirte algo que nunca antes se había atrevido a decir.

Otro estudio, realizado por Aaron Duke, psicólogo de la Universidad de Yale y Grenoble, eligió a 103 personas de dos bares de Grenoble y les presentaron un dilema ético clásico, el del tranvía, para que lo contestasen. Después, tomaron muestras de la sangre de todos ellos, y compararon las dos medidas. Los resultados, publicados en la revista 'Cognition', son muy sorprendentes.

El dilema del tranvía, ideado por la filósofa británica Philippa Ruth Foot, se usa a menudo en las clases de ética. El planteamiento es el siguiente: “En la vía del tranvía hay cinco personas atadas por un terrorista. Sin embargo, es posible pulsar un botón que llevará al tranvía por otra vía alternativa, aunque hay una persona atada en ella. ¿Qué harías?”. Si no pulsas el botón, morirá un mayor número de personas, pero si lo haces, esa persona muere por tu culpa. Aunque racionalmente es preferible el mal menor (matar al menor número de personas), muchas personas se decantan por no hacer nada para no cargar con el peso de la culpa.

Pues bien, los investigadores descubrieron que a medida que la ingesta alcohólica aumentaba, los participantes tenían una mayor propensión a matar al inocente para favorecer a las otras cinco personas. Esto puede entenderse como que el alcohol hace que nuestro razonamiento se ofusque y nuestros sentimientos se vean alterados. El alcohol nos lleva a sentir una menor empatía hacia las personas que nos rodean. Por eso es posible que estando borrachos no nos importe tanto decir la verdad, aunque duela.

Fuente:

"Alcohol Effects on Performance Monitoring and Adjustment: Affect Modulation and Impairment of Evaluative Cognitive Control", Journal of Abnormal Psychology.

Cognition

Redacción: Irene García

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