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La razón histórica y clasista detrás de las caras serias en las fotos de moda

La razón histórica y clasista detrás de las caras serias en las fotos de moda

Esa expresión de estar oliendo estiércol que tienen tantos modelos en los anuncios de moda tiene una razón histórica y clasista. ¿Quién lo hubiera dicho?

Índice

¿Por qué estar tan serios?

Viene del desdén aristocrático que solía usarse en los retratos que la gente más pudiente se hacía en el siglo XIX. ¿Por qué decidían presentarse en sus retratos con esa actitud desdeñosa? Muchos historiadores coinciden en que la intención era revestirse de un aura de autocontrol, de indiferencia, frente a la alegre y espontánea clase trabajadora, considerados salvajes que no sabían controlar sus impulsos frente a la “civilizada” clase alta.

Basta observar retratos de la aristocracia del momento para corroborar esto. Una expresión distante, seria y disciplente, sin siquiera mirar a la cámara, eran la moda del momento y siguió reproduciéndose en los siglos venideros y hasta nuestros días. Una expresión seria se convirtió así en sinónimo de estiloso y de buen gusto.

La moda, obviamente, se vale de este estatus que aún conserva la expresión desdeñosa en las fotos, siglos después de su origen aristocrático. Cuando vemos a un modelo mirándonos con una expresión despreocupada, impasible, de superioridad, es fácil que asociemos esas cualidades a las prendas que lleva y las queramos para nosotros mismos. Es el simple mecanismo mental en el que se basa la publicidad (de ahí que tantos productos se anuncien de modo sexual, aunque se trate de un objeto que no tiene nada sexual en sí, como un refresco).

¿Y qué pasa en las pasarelas?

Lo mismo ocurre en las pasarelas. No importa lo extraño y extravagante que sea el conjunto que lleve la modelo, siempre va acompañado de una expresión de confianza altiva, de ser mejor que tú y hacértelo saber. Y, de repente, un conjunto que, a priori, podría parecer ridículo se convierte en estiloso y vanguardista. Por eso todas las modelos parecen estar enfadadas cuando desfilan. No es que realmente lo estén, sino que a la mayoría de los diseñadores les gusta que posen así, aunque algunos prefieren que lo hagan con un rictus más relajado. 

Buscan también transmitir que el producto que venden es serio y de calidad, no un chiste. Quieren que la moda se entienda como un arte, algo que hay que tomarse en serio. Por eso muchas marcas prefieren que las modelos no actúen, para que lo importante sea la ropa, y no la persona que la lleva. No obstante, es curioso como eso no ocurre con las fotos de street style de las revistas o de otros productos como cosméticos, donde las modelos sí muestran su mejor sonrisa. 

Y es que el poso aristocrático sigue más que presente en la moda, dirigida a ser minoritaria, inaccesible para la mayoría, solo viable para una élite. Se rige por el principio de que lo bello y lo estiloso lo es mientras sea minoritario. El momento en que llega a la masa y se convierte en mayoritario es el momento en que pierde ese estatus y aura que hace que queramos pagar cantidades ridículas por un bolso o un par de zapatos. Es la misma razón por la que el cuerpo ideal que se considera es, casualmente, uno que la mayoría de mujeres no tiene: con medidas 90-60-90 y una altura lejos de la media.

Es por eso, también, que en épocas en las que la mayoría de la población contaba con una nutrición deficiente, las mujeres rollizas eran consideradas las más bellas, o la piel blanca era considerada un plus de belleza cuando la mayoría de la gente trabajaba al aire libre.

Y es que, si lo piensas, la moda y la belleza se siguen vendiendo en clave aristocrática y clasista, de diferenciación con “la mayoría”.

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