Relación entre ovulación y aumento de la libido

En Salud
Mujer atractiva
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Ni estás loca ni eres una hormona con patas: eres cíclica. Pero no sólo las mujeres, aunque visiblemente sea más evidente. Los seres humanos somos seres cíclicos. No somos máquinas, somos seres naturales con ciclos de sueño, ciclos menstruales, ciclos vitales… Y, lejos de ser nuestro hándicap, es nuestra forma de regenerarnos y de crear nuevas vidas. Menstruar, tener cambios de energías y sentirnos más conectadas con el placer sexual no significa estar dominadas por nuestro cuerpo, sino estar en sintonía con nuestra naturaleza. La historia ha tratado a la mujer de esclava de su cuerpo: teníamos –y desgraciadamente tenemos– que encajar dentro de unos cánones cambiantes y desorbitados. Y más adelante, con la intrusión del feminismo, el concepto se ha matizado, aunque seguimos siendo objeto de burla cuando alguien nos justifica por nuestra actitud porque estamos en esos días del mes. Nuestra nueva esclavitud es mantener la dignidad en esta sociedad frenética que empuja a la mujer a ser valiente –que no libre– y a esconder todas esas trabas de nuestro cuerpo para mantener el ritmo y seguir siendo útiles dentro de la cadena de montaje. Por eso, conocer nuestro cuerpo y reconciliarnos con nuestra naturaleza es casi un acto revolucionario.

Y somos cíclicas porque nuestro cuerpo se regenera más o menos cada 28 días. Sí, más o menos porque tampoco somos una máquina y cada organismo funciona de forma irregular y diferente al de las otras. El periodo que pasa entre el primer día de una regla y el primero de la regla siguiente es lo que se conoce como el ‘ciclo menstrual’, en el que se producirá la ovulación. Aunque generalmente se produzca cada 28 días, se considera normal que dure entre 21 y 35 días. El estudio de esta etapa se ha producido generalmente para estimar qué días las mujeres podíamos ser fértiles, para programar los embarazos –o evitarlos– y tener cierta planificación reproductiva. Pero en cada etapa, sea o no la más fértil, nuestras hormonas influirán en nuestro comportamiento, nuestros apetitos, nuestra salud… Y, en definitiva, en todo nuestro cuerpo. Porque más que habitar un cuerpo, somos un cuerpo y en nuestra mano está fluir con él o negarlo.

Fase folicular

Empezamos con la fase folicular que engloba la menstruación y la preovulación. Se denominan así porque aquí se desarrollan los folículos –cavidades en el ovario llenas de fluido que contienen un óvulo no desarrollado– que albergarán en un futuro al óvulo.

-Días del 1 al 6: Menstruación –Fase folicular

Tu útero no ha sido fecundado y éste se desprende de su recubrimiento. Y por eso sangramos: la sangre menstrual –y parte del tejido interior del útero– sale a través de la vagina.

En el primer día de tu ciclo tendrás una descarga roja y abundante. Los niveles de estrógenos son bajos, estás cansada y las molestias físicas se empiezan a notar. Puede que el cuerpo te pida azúcar y hierro: necesitas serotonina, neurotransmisor responsable del bienestar. Puede que en el cuarto día el sangrado disminuya –sobre todo de noche– pero suele ser una trampa. Al quinto día tus hormonas llegan a su estado más derrotero: te sientes baja de ánimo y débil porque tus niveles hormonales –estrógenos y progesterona– están en la fase más baja del ciclo. Al sexto día la regla suele cesar y los niveles de estrógenos comienzan a subir.

Pero como hemos dicho, cada cuerpo es diferente y pueden existir variaciones dependiendo de tu caso. Por ejemplo, es normal estar en la fase menstrual y no sangrar. La duración de la menstruación está entre 3 y 7 días con un flujo de 50 ml aproximadamente, que se distribuye en más abundante los primeros días y más ligero según va llegando a su fin. Para conocerte y llevar un control sobre tu salud puedes escribir las pequeñas observaciones que vayas notando y establecer cómo es tu ciclo a base de comparar con otras etapas menstruales.

-Días del 7 al 13: Preovulación –fase folicular

En esta fase los estrógenos van subiendo hasta llegar a la cima. Uno de los folículos de uno de nuestros ovarios está llegando a su momento óptimo de maduración. Se caracteriza por la ausencia de sangre y de flujo –y si lo hay es transparente y escaso–. El estradiol –el tipo de estrógeno que genera los ovarios– sube y sube.

Anímicamente este subidón de hormonas nos provoca la sensación de euforia, de que podemos alcanzar cualquier cosa que nos propongamos. En esta fase somos más individualistas y queremos comernos el mundo.

Fase lútea

La fase lútea empieza justo después de la ovulación y se prolonga hasta el día anterior a que el siguiente período menstrual comience. El desarrollo de la fase en cuestión variará según si el óvulo ha sido fecundado o no. En esta etapa los estrógenos empiezan a bajar, tu temperatura corporal aumenta un grado y puedes subir de peso.

-Días del 14 al 20: Ovulación -fase lútea

El folículo ovárico maduro ha liberado un óvulo. Un par de días antes nuestro flujo había comenzado a ser pegajoso, abundante y elástico –con el aspecto de una clara de huevo. Una vez liberado el folículo, éste se convierte en cuerpo lúteo y genera la progesterona –la hormona del embarazo– que junto al estradiol, van dejando nuestro cuerpo más relajado, abierto, sensual,… Es cuando más serotonina hay en tu organismo. Es el momento de más libido, donde más sentimos la necesidad del placer sexual. Y, por ende, también nos sentimos más atractivas y lo transmitimos a los demás.

El óvulo empezará a descender por la trompa de Falopio hasta llegar al útero. Se estima que alrededor del día 14, en el ecuador del ciclo, será el momento tu momento más fértil. Y sólo en la trompa de Falopio se podrá producir el embarazo.

-Del día 21 al 28: Premenstruación- Fase lútea

En esta etapa el flujo es leve y gomoso o incluso escaso. La progesterona y los estrógenos caen en picado y nos provocan dolores, calambres, náuseas, migrañas, pesadez… El Síndrome Premenstrual se presenta en el 80- 90% de mujeres en edad fértil en España del que se han llegado a describir hasta 237 síntomas psíquicos como la irritabilidad, depresión, ansiedad, labilidad emocional, crisis de llanto, apatía, baja energía, disminución de la autoestima, predisposición a conflictos, comportamiento impulsivo, falta de inspiración, ideas confusas, etc.

Pero ¡cuidado! El principal problema de la gravedad de este síndrome se suele deber a la no aceptación de nuestro estado e intentar seguir el ritmo frenético de nuestro día a día. Cuidarse también implica conocerse y respetar el cuerpo que somos.

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