¿Qué pasa si comes mucho huevo?

En Salud
Consumir huevos
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El huevo tiene propiedades muy beneficiosas para nuestro cuerpo, aunque siempre existe el debate de hasta qué punto es bueno abusar de su consumo. Antiguamente, se solía decir que el máximo de huevos que podíamos comer era tres a la semana, debido a su alto índice de colesterol, el cual podía perjudicar a nuestra salud. Muchos nutricionistas han debatido acerca de sus beneficios y sus posibles consecuencias, pero la polémica sobre la cantidad de huevos que deberíamos consumir sigue estudiándose.

Lo que sí es evidente es que el consumo de huevo aporta beneficios importantes para nuestro cuerpo. En primer lugar, son una fuente natural de vitamina D, que interviene en la elaboración del tejido óseo, por lo que nos ayudará a tener unos huesos sanos y fuertes. Tanto es así que sólo un huevo ya aporta el 10% de la cantidad de vitamina D diaria recomendada –incluso existen algunos tipos de huevos que incluso duplican esa cifra–. El consumo de huevo también incrementa nuestra visión, ya que la yema de huevo contiene el pigmento luteína –que también contienen las espinacas–, que ayuda a evitar la degeneración macular relacionada con la edad, una de las patologías más frecuentes de ceguera.

Pero no sólo ayudan a fortalecer huesos y vista. A corto plazo también puede ayudarnos a tratar una inflamación porque poseen un nutriente denominado colina que ayuda al sistema circulatorio del organismo a eliminar compuestos que podrían causar inflamación. Por eso comer huevos nos ayudaría a desinflamar los músculos después de un entrenamiento duro. Gracias a la colina también podremos fortalecer nuestra salud cerebral y prevenir la tendencia a sufrir enfermedades como el Alzheimer. Y, aunque parezca surrealista, también puede ayudarnos a adelgazar: las personas que incluyen en su dieta huevos para desayunar logran perder un 60% más de peso que quienes comienzan su día con otro alimento que contenga la misma cantidad de calorías.  Los investigadores afirman que la proteína de alta calidad de los huevos completos –13% de la cantidad diaria recomendada– ayuda a controlar el apetito. Además, la proteína del huevo se absorbe con facilidad por el organismo, por lo que es un alimento idóneo para un postentreno.

A pesar de que los huevos contienen un gran número de nutrientes esenciales y vitaminas A, D y B12, antiguamente se creía que al contener tantas calorías su consumo podría resultar malo para la salud. Si bien es cierto que los huevos son un alimento barato, de fácil obtención, que aporta una gran cantidad y variedad de proteínas y grasas –saturadas, monoinsaturadas y poinnsaturadas–, colesterol y muchas vitaminas, también contienen mucha grasa que puede influir en los niveles de colesterol en sangre. Por eso durante muchos años el huevo fue catalogado como uno de los alimentos que podía perjudicar la salud de aquellas personas que lo consumían con alguna frecuencia. De hecho, incluso las autoridades sanitarias establecieron límites sobre la máxima cantidad de colesterol que podíamos comer. El máximo recomendado estaba en unos 300 mg al día. Por eso, el huevo al tener 186 mg estaba completamente extralimitados, sobre todo para las personas con problemas de colesterol.

Pero, en contra de lo que se creía, el colesterol en la dieta no determina los niveles de colesterol en sangre y tampoco determina el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Por lo que el huevo ha dejado de ser el enemigo público de todos aquellos preocupados por su salud cardiovascular. De hecho, no hay relación entre el nivel total de colesterol y las enfermedades cardiovasculares. Tanto es así que incluso se ha demostrado que ayuda al corazón: algunos estudios han refutado la relación entre los huevos y la cardiopatía. Así, las investigaciones muestran que comer varios huevos a la semana origina partículas de colesterol menos propensas a producir problemas de corazón. Además, una proteína específica presente en la yema de huevo bloquea la agregación de las plaquetas –células responsables de la coagulación de la sangre– en el interior de los vasos sanguíneos, lo que minimiza el riesgo de ataques cardíacos.

Por tanto, el huevo no es el responsable de un aumento de colesterol y los expertos apuntan a que lo realmente peligroso son las grasas saturadas. Dentro de la gran cantidad de estudios que se han realizado sobre el huevo, se ha demostrado que comer uno o dos al día no representa ningún riesgo de aumentar las enfermedades cardiovasculares. Pero eso no implica que podamos consumirlo bajo cualquier circunstancia y nos resulte beneficioso. Por ejemplo, puede ser peligroso ingerirlo crudo, ya que al cocinarlo reducimos –e incluso se elimina– las probabilidades de que contenga salmonela.  Se recomienda que una cocción sea de más de 60° C.

En lugar de preguntarnos cuántos huevos comemos, deberíamos preguntarnos de qué calidad los consumimos. No ocurre en todos los casos, pero sí es cierto que muchas industrias se dedican a la venta masiva de huevos. La superproducción reduce la calidad de vida de las gallinas, que sólo existen para producir, como máquinas, y les someten a una manipulación de la luz permanente para que la gallina acelere su ovulación. Esto afecta directamente a las propiedades del huevo, pues a no estar sano el animal tampoco estará lo que produce. Por eso siempre será mejor para nuestra salud –y también la del medio ambiente– elegir la opción de huevos de gallinas ‘libres’ en el súper, o comprar a distribuidores de granjas pequeñas o en empresas familiares, donde puedes estar más seguro de que la producción no daña ni a la gallina, ni la calidad del huevo.

Por tanto, comer huevos es completamente sano para nuestro sistema. La Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) en sus Guías Alimentarias para la Población Española sitúa al huevo en la pirámide nutricional como alimento con consumo diario recomendado. De hecho, es especialmente recomendable, por su alto valor biológico, en épocas de transformación y de crecimiento como pueden ser la infancia, la adolescencia, durante el embarazo y el periodo de lactancia en la mujer. O a los deportistas y personas con mucha actividad física que necesitan ingerir proteínas y nutrientes que favorezcan el metabolismo energético.

No existe una opinión concreta y global sobre la cantidad que deberíamos ingerir para que no resulte nocivo. Se tantea que el máximo puede estar entre dos diarios, pero no es una verdad universal. La clave suele estar en variar en la forma que lo cocinamos, mantener una dieta equilibrada y no abusar de ningún alimento, pues nuestro sistema podría echar en falta otros.

Foto: Created by Jigsawstocker – Freepik.com

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