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¿Qué pasa si comes mucho azúcar?

¿Qué pasa si comes mucho azúcar?

En Internet se pueden escuchar mil historias acerca de por qué el azúcar es el mal de nuestra alimentación. Y muchas son ciertas. Pero lo que realmente ocurre es que el azúcar resulta adictivo para nuestro cerebro, con efectos similares a los de drogas como la cocaína, reaccionando de forma diferente a los impulsos. Esto ocurre porque el cerebro ya libera naturalmente dopamina –neurotransmisor ligado a la sensación de placer–, y si trazamos la línea de lo normal con el azúcar nuestro cerebro empezará a liberar un exceso de dopamina por la expectativa de que se va a consumir y no por el hecho de hacerlo en sí mismo, por lo que la verdadera recompensa nunca llega. Por tanto, comer un poco de azúcar no es malo, el problema llega cuando nos convertimos en consumidores habituales de este pseudo alimento.

Índice

Riesgos de comer azúcar

Nuestro cerebro nos pide azúcar porque le genera un placer inmediato. Pero es una satisfacción engañosa. La visión convencional es que necesita azúcar o glucosa para satisfacer sus necesidades energéticas, pero realmente solo necesita una cantidad muy pequeña de azúcar. Debido a que el azúcar representa calorías, consumirlo en exceso afectará a su salud de forma negativa. El problema es que es un mal que se conoce desde hace muy poco y cada vez existen más estudios que demuestran que un consumo elevado de azúcar es perjudicial para nuestro sistema. Por ejemplo, está vinculado a problemas de salud relacionados con el cerebro, tales como la depresión, trastornos del aprendizaje, problemas de memoria…

También perjudica al hígado ya que este convierte el exceso de glucosa en grasa. Parte de esta grasa se queda en el hígado, pero el resto se guarda en el tejido adiposo en todo el cuerpo. Cuando comemos, los azúcares se descomponen en glucosa y fructosa, las cuales son absorbidos por nuestro torrente sanguíneo. Una vez que la fructosa llega al hígado, también se convierte en glucosa. Debido a ello es un desencadenante perfecto para la obesidad sumado a nuestros nuevos estilos de vida sedentarios.

Relacionado también con los daños al hígado, se han encontrado muchos casos de esteatosis hepática, enfermedad producida porque el exceso de azúcar se puede acumular como grasa en el hígado. Esta enfermedad de hígado graso está vinculada a un incremento del riesgo a diabetes e incluso cáncer de hígado.

También se relaciona con la diabetes, –relacionado directamente con la obesidad y la resistencia a la insulina–, lo que aumenta el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Aquellos con esta enfermedad no producen suficiente insulina y tampoco son suficientemente sensitivos a la que se ha producido. Los niveles de azúcar en la sangre no se regulan con propiedad lo que da sed y cansancio a corto plazo, y daño en los vasos sanguíneos, nervios y órganos a largo plazo, si no se trata a tiempo.

La obesidad también dispara la presión arterial y los niveles de colesterol “malo” desarrollan enfermedades cardiovasculares, al mismo tiempo que baja los del colesterol “bueno”. Todo esto contribuye a aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades del corazón.

Además, el azúcar causa inflamación y estrés oxidativo, haciéndonos envejecer antes y causando enfermedades graves como el cáncer. 

Los dientes tampoco parecen resultar ilesos, y se revelan ante el exceso de azúcar con caries. Esto ocurre porque cuando consumimos alimentos azucarados, la bacteria de nuestra boca rompe los carbohidratos y produce ácidos que disuelven los minerales del esmalte del diente. Cuanto más tiempo esté el azúcar en contacto con el diente, más es el daño que puede causar la bacteria. Pero si se deja sin tratar, esto puede ocasionar dolor, infección y la pérdida del diente.

Además, a corto plazo el consumo excesivo de azúcar en nuestra dieta puede causar acné y cansancio. 

No es bueno para el estado de ánimo

Pero tampoco nuestro ánimo es estable. Las comidas azucaradas han sido etiquetadas por el sistema de salud británico NHS como “las comidas del mal humor”. Es completamente irónico que algo que en sí te produce una satisfacción inmediata luego te genere un malestar crónico. Ocurre porque te puede dar una explosión rápida de energía al ocasionar un incremento agudo del azúcar en la sangre, pero cuando caen los niveles, también puede hacerlo tu estado de ánimo. Este ciclo te puede hacer sentir irritable, ansioso y cansado. También puede ocurrir que cuando consumes mucho azúcar sientes un pico de energía extra. Esto se debe a que al tener más energía generas una sensación como la que tienes cuando haces ejercicio continuo produciendo endorfinas. Pero cuando la cantidad de endorfinas desciende –que generan una felicidad eufórica–, sientes cansancio y una sensación de tristeza inexplicable.

El azúcar también puede afectar a las hormonas que controlan el peso de una persona. En este sentido, la hormona leptina le dice al cerebro que una persona ha comido lo suficiente. Sin embargo, una dieta alta en azúcar puede causar resistencia a la leptina, por lo que, con el tiempo, el cerebro no sabrá cuándo una persona ha comido lo suficiente, llevándole al sobrepeso.

El consumo de azúcar también puede provocar que tu piel envejezca más rápidamente y te salgan arrugas. Tener una gran cantidad de azúcar en la sangre reduce la función de las proteínas que ayudan a formar nuevas moléculas de colágeno y evitar la formación de grietas o arrugas en la piel.

Además, puede provocar que las comidas ya no te sepan tan dulces, ya que los alimentos ultraprocesados llevan una cantidad innecesaria y artificial de esta sustancia. El cuerpo se acostumbra a los sabores, y un plato de sopa de verduras nunca tendrá el mismo sabor que una copa de helado. Si acostumbras a tu cuerpo a este tipo de alimentos, cuando pruebes algo distinto su sabor te será nulo o desagradable. Uno sabrá que se ha desintoxicado totalmente del azúcar cuando compruebe que un pimiento puede resultarle dulce.

¿Cuánto azúcar debemos consumir?

La Organización Mundial de la Salud recomienda que los azúcares agregados, es decir, los que no forman parte directamente del alimento, no supongan más del 10% de la ingesta total de calorías. Por ejemplo, para una ingesta total de 2.000 calorías diarias, los azúcares agregados no deben suponer más de 200 calorías. 

Sin embargo, la mayoría de las personas consumen más azúcares, por lo que es necesario evitar tanto el azúcar granulado que añadimos al café, como los alimentos con azúcares añadidos, que son casi todos los procesados. Lee bien las etiquetas y apuesta por los productos naturales.

Fuente:

Paglia L. The sweet danger of added sugars. Eur J Paediatr Dent. 2019 Jun;20(2):89. doi: 10.23804/ejpd.2019.20.02.01. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/31246081/

Redacción: María Segura

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