¿Por qué salen ampollas en las manos?

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Todos aquellos abultamientos que aparecen en la piel en forma de bolsa pequeña llena de líquido a causa de una quemadura, roce o enfermedad son las ampollas. Estas pueden aparecer tanto en las manos como en los pies. Son lesiones que se forman para proteger el tejido tegumentario interior. Se conocen, además, como ampollas o bulas si son mayores de 0,5 cm de diámetro y como vesículas o flictenas. Pero ¿por qué aparecen?

Como decíamos, las ampollas pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo, aunque son más frecuentes en las manos y en los pies, sobre todo porque estas suelen aparecer cuando estrenamos zapatos, tras hacer ejercicio o cuando nos quemamos la piel. Las ampollas pueden producirse como reacción a quemaduras o fricción, y ayudan a reparar el daño producido en la piel. Las ampollas figuran entre las eflorescencias primarias, que son básicamente cambios en la epidermis que puede afectar a su color, textura o apariencia.

Las lesiones ampollosas suelen ser consecuencia de agentes químicos o físicos como las quemaduras, la congelación de segundo grado o la irritación mecánica. Algunas infecciones como la varicela también pueden provocar una vesiculación. También es importante tener en cuenta que según su localización anatómica estas se distinguen en tres tipos: subcorneales (localizadas bajo el estrato córneo), intraepidérmicas (situadas en la epidermis) y subcutáneas (situadas bajo la dermis). Además, existen otras causas de aparición de las ampollas como son:

quemaduras de sol. Los rayos ultravioletas son una forma invisible de radiación que pueden penetrar en la piel y dañar las células. Estas son un signo de daño en la piel y aparecen después que los rayos de sol ya mataron algunas células y dañaron otras.

eccema. El eccema también se conoce como dermatitis, y la gran mayoría de los tipos causa sequedad y comezón en la piel, además de un sarpullido en la cara, el interior de los codos y detrás de las rodillas, y en las manos y los pies. Rascarse la piel puede enrojecerla, aumentando así la hinchazón y la picazón. No es contagioso y normalmente su causa suele ser desconocida.

reacciones alérgicas. Reacciones del sistema inmunitario hacia algo que no molesta a la mayoría de las personas. Unas reacciones que, además, pueden provocar una serie de síntomas como goteos nasales, estornudos, picazón, sarpullidos, edema o asma. Es frecuente, por tanto, que debido a una reacción alérgica aparezca alguna ampolla.

hiedra, roble y zumaque venenosos. Una gran mayoría de personas son sensibles a la savia aceitosa de la hiedra, el roble y el zumaque venenoso. La savia de estas se encuentra en la raíz, tallos, hojas y frutos. Aquí lo que aparece, si estas plantas a las que tenemos alergia tocan nuestra piel, es una erupción cutánea con ampollas.

infecciones de la piel. La piel nos ayuda a protegernos de los gérmenes, pero estos a veces la pueden infectar provocando también la aparición de pequeñas ampollas en alguna parte del cuerpo. Algunas de las infecciones más comunes son: bacterianas, virales, por hongos y parasitarias.

Las ampollas que aparecen, por ejemplo, a causa del calzado pueden evitarse en la medida de lo posible teniendo en cuenta siempre algunas medidas como estas:

– utilización de un calzado adecuado, en buen estado y que no roce

– atar los zapatos firmemente para que entre el calzado y el pie produzca tan poco movimiento como sea posible

– elegir el modelo y la talla adecuada del calcetín, y realizar una buena colocación de este.

– desechar calcetines desgastados por el uso.

– utilizar un parche protector fijado con una cinta adhesiva teniendo cuidado de que no se formen arrugas

– embetunar los pies con una crema para que la piel engrase fuertemente.

Cómo curarlas

Antes de aprender a tratarlas y a curarlas adecuadamente se ha de tener en cuenta que las ampollas están ahí para protegernos, y aunque sean molestas en realidad aparecen porque justo en ese momento nuestro organismo pone en marcha un mecanismo de protección mediante la aparición de estas pequeñas vesículas.

Las ampollas puedan curarse por sí solas, pero hay que tener siempre en cuenta que la piel dañada queda en la superficie, la sangre lleva el líquido con los nutrientes necesarios para crear una nueva capa y, por último, si la curación se lleva a cabo de manera correcta, la ampolla desaparece dando paso a la piel ya curada.

Estas no suelen necesitar tratamiento médico ya que la piel ensanchada protege bien la herida de manera que el líquido se reabsorbe y la piel de la ampolla se seca. Para evitar que se rompa esta puede cubrirse con una venda o un apósito protector. Y, salvo bajo supervisión médica, las ampollas deben mantenerse intactas para evitar infecciones, es decir, no se deben pinchar ni tampoco reventar. Sin embargo, si la ampolla se encuentra en la planta del pie esta puede ser pinchada con una aguja estéril para que sane más rápido, y cubrirse con un gran parche para evitar infecciones.

En el caso de que aparezca pus o algún otro signo de infección lo mejor será acudir al médico de inmediato para que evalúe la necesidad o no de proceder a una flictenectomía o extracción quirúrgica de la ampolla. La flictenectomía procede del término “flictena”, un mecanismo de defensa del cuerpo humano consistente en una lesión elevada, palpable y circunscrita llena de líquido linfático y otros fluidos corporales. Es importante acudir al médico cuando:

– la ampolla parece infectada, si está drenando pus o si el área alrededor de la ampolla está roja, hinchada, caliente o resulta muy dolorosa.

si tenemos fiebre.

– si se tienen varias ampollas, y no se sabe lo que está causando su aparición.

– si además de tener ampollas, se tienen otros problemas de salud como la diabetes o los problemas de circulación.

Fuente:

Biblioteca Nacional de Medicina.
“Ampollas” https://medlineplus.gov/spanish/poisonivyoakandsumac.html

Foto: Freepik.com

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