¿Por qué las mujeres tenemos flujo?

En Salud
Mujer tumbada
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Es la pregunta que se hacen miles de mujeres cada día. Las secreciones vaginales suelen ser uno de los motivos de consulta ginecológica más frecuentes debido a la falta de conocimiento que tenemos respecto a nuestra salud e higiene íntimas.

A medida que se ha ido avanzando en cuestiones médicas relacionadas con la salud íntima de la mujer, se han ido perdiendo algunos saberes femeninos que deberíamos tener claros.

¿Qué es el flujo vaginal?

El flujo vaginal, uno de los aspectos que más nos preocupa, es un fluido generalmente transparente que segrega el cuello de la matriz del útero. En el interior de la vagina y del cuello del útero se encuentran unas glándulas responsables de fabricar reducidas cantidades de un líquido de forma regular, conocido como flujo vaginal.

No debemos confundirlo con el lubricante de los labios vaginales, pues de este se encargan las glándulas de Bartolini, dos glándulas secretoras diminutas situadas a cada lado de la apertura de la vagina. Normalmente estas glándulas no son visibles y son las que ayudan a lubricar los labios vaginales.

Entre los 15 y los 44 años, es decir, en la edad reproductiva de la mujer, la presencia del flujo vaginal es muy común, aunque este va cambiando su aspecto, apariencia y olor dependiendo de algunos factores.

En las mujeres, el flujo vaginal tiene un significado fisiológico y unas funciones específicas, pero la cantidad, la textura y el color pueden variar también de una mujer a otra en función de la etapa en la que se encuentre: niñez, adolescencia, adultez o vejez. Asimismo, se observarán variaciones durante el ciclo menstrual, antes y durante las relaciones sexuales y en el embarazo.

¿Por qué cambia?

Normalmente, el cambio del flujo vaginal se debe a alteraciones hormonales, a alguna reacción fisiológica como el estrés, al embarazo, a la excitación sexual o a alguna infección vaginal.

Por la textura, podemos encontrar el flujo vaginal espeso, líquido o pastoso. Recuerda que si se asemeja a una textura cremosa puede indicar la presencia de clamidia, una de las enfermedades de transmisión sexual. Por su aroma, el flujo vaginal puede ser inodoro o presentar un olor desagradable, señal de que algo puede ir mal. Y finalmente, por su color. El flujo puede aparecer de distintos colores o con sangre. Por normal general, este fluido suele ser blanco; si es verdoso o grisáceo, puede indicar algún tipo de infección.

Además, el tono de coloración del flujo nos alerta de posibles complicaciones, por lo que debemos estar en guardia. No obstante, debemos tener en cuenta que una vez el flujo entra en contacto con el aire es normal que cambie de un color transparente a amarillo o blanquecino, que si no está relacionado con otros síntomas, no debe preocuparnos.

Si existen cambios en la textura o el olor es bastante intenso podrían ser síntomas de infecciones vaginales. Además, si el flujo es muy abundante y sin razón aparente, puede indicar problema. La leucorrea es una secreción genital blanquecina producida por la inflamación de la membrana mucosa del útero y la vagina, que provoca un aumento anormal, persistente y visible del flujo vaginal.

No obstante, si hay presencia de ardor, hinchazón o enrojecimiento vaginal, también podría ser síntoma de alguna infección vaginal.

El flujo que presenta una mujer sana, es decir, un flujo normal, se produce cuando hay un funcionamiento óptimo de las glándulas y existen secreciones hormonales internas. Debe ser de color claro y blanquecino, no tener un olor desagradable y presentarse algo más líquido o espeso, dependiendo de la fase de la ovulación en la que nos encontremos. Es importante tener en cuenta que el flujo normal solo es secretado durante la ovulación, ya que normalmente debe presentarse la vagina seca o con muy poco flujo.

¿Qué funciones tiene?

El flujo siempre nos dirá algo referente a nosotras mismas y a nuestro cuerpo, es un indicador de cómo estamos, y nos dice muchas más cosas de las que creemos. Este tiene un papel muy importante en el mantenimiento del sistema reproductor femenino. Sus funciones principales son limpiar y humectar la vagina, mantenerla lubricada y prevenir y combatir infecciones.

Gracias al transporte de algunos componentes no deseados como las células muertas o los tejidos y organismos extraños, limpia perfectamente las zonas internas del aparato reproductor y mantiene a raya las infecciones gracias al lavado de las bacterias. Es decir, evita el paso de los agentes patógenos hacia el útero. Además, este fluido ayuda a mantener el pH ácido de la vagina.

Finalmente, el flujo vaginal es un indicador de fertilidad, pues este fluido va cambiando debido a las diferentes fases que existen en el ciclo menstrual, y gracias a estos cambios podemos saber más o menos cuáles son nuestros días fértiles. ¿Cómo? Es bien sencillo. Si nuestro flujo vaginal es más bien resbaladizo, elástico o transparente, nos encontramos en un día muy fértil. Sin embargo, si el flujo es más bien pegajoso o espeso y cremoso, no es considerado un día prácticamente fértil.

El flujo vaginal sirve para muchos fines, que en conjunto facilitan el bienestar reproductivo.

¿Qué debemos hacer?

En relación a nuestra salud íntima femenina nuestro fin es mantener la zona íntima en perfecto estado y, para ello, debemos tener una higiene adecuada y adoptar algunas medidas diarias que nos ayuden a prevenir las infecciones vaginales que puedan producirse.

Recordemos que ante cualquier tipo de condición o síntoma de dolor y malestar debemos acudir a nuestro médico especialista para que nos aconseje y ayude.

Si algo no marcha bien, nuestro ginecólogo podrá comprobar qué ocurre realmente.

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