Por qué el alcohol es malo (¡y además engorda!)

En Salud
Mujer independiente
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El alcohol es una de las drogas más consumidas en España y la que más problemas sanitarios produce. Abusamos con frecuencia de él y no somos conscientes del daño que nos provoca a nosotros y a nuestro organismo. Además, si estamos a dieta debemos hacer como si no existiera, engorda, y mucho más de lo que nosotros creemos.

Esta droga tan consumida es muy perjudicial para nuestra salud, pues altera el funcionamiento cerebral, aumenta el riesgo de sufrir un trastorno mental, debilita nuestro sistema inmune, puede acortar la vida hasta veinte años y no suficiente con ello, aumenta también el riesgo de sufrir obesidad.

En relación con el funcionamiento del cerebro siempre hemos creído que el alcohol mata nuestras neuronas, pero nos equivocamos. El alcohol no acaba con nuestras neuronas, pero sí daña sus conexiones. Esta droga altera el funcionamiento de los neurotransmisores, biomoléculas que permiten que la información pase de una neurona hacia otra.

Al afectar el alcohol a los neurotransmisores inhibidores lo que se produce es una sedación y procesamiento lento del pensamiento y altera el habla y el movimiento al disminuir los neurotransmisores excitadores. Además, según diversos estudios, tanto el alcohol como otras drogas presentes en nuestra sociedad aumentan el riesgo de sufrir un trastorno mental hasta 4,5 veces.

El alcohol debilita nuestro sistema inmune porque es capaz de bloquear las células inflamatorias y reducir la capacidad corporal para hacer frente a las infecciones. A largo plazo, el alcohol lo que hace es alterar las células T y B del sistema defensivo, el responsable de la memoria inmunitaria. A su vez, se dan también unos efectos colaterales como la alteración del ritmo circadiano y el ritmo hormonal y de liberación de múltiples moléculas que acaban por alterar todo nuestro reloj biológico.

Que aumenta el riesgo de sufrir obesidad era algo contemplado ya por una gran mayoría de personas y es que además de las calorías vacías que el alcohol aporta a nuestro organismo también aumenta nuestro apetito y arruina nuestra alimentación. De hecho, uno de los enemigos de las dietas es él, el alcohol. Esta droga aporta a nuestro organismo aproximadamente siete kilocalorías por gramo, de tal manera que, si una cerveza tiene 20 gramos de alcohol, el equivalente en calorías serían 150.

Una droga como el alcohol es energía pura y como no puede almacenarse en el cuerpo tiene que oxidarse para convertirse en energía y eliminarse. Nuestro cuerpo tiene muchísima energía por lo que para de quemar grasas. Es decir, nuestro metabolismo se para y ni quemamos ni almacenamos.

¿Por qué nos hace aumentar de peso?

El alcohol aumenta nuestro apetito y no precisamente nos entran ganas de comer verduras y frutas, sino que lo que realmente deseamos es la “comida basura”, es decir, todos esos alimentos procesados que remueven todo lo bueno que nos ayuda a perder peso reemplazándolo por azúcar, aceites hidrogenados, etc., que hacen que aumentemos nuestro peso.

No suficiente con ello, el alcohol también disminuye nuestro metabolismo “quemador de grasa” y aumenta los niveles de cortisol. Por un lado, es importante saber que el alcohol entra en la sangre por las mucosas digestivas y de ahí pasa al hígado donde se absorbe y se transforma gracias a la acción de una enzima destinada a ocuparse del alcohol. Sin embargo, lo que sucede es que tan rápido es el ingreso del alcohol en la sangre como lento el proceso de transformación.

Por otro lado, el cortisol es una hormona esteroidea producida por la glándula suprarrenal. Esta hormona se libera como respuesta al estrés y a un nivel bajo de glucocorticoides en la sangre. Los glucocorticoides son hormonas que participan en la regulación del metabolismo de carbohidratos. Lo que sucede con el cortisol es que es una hormona dañina que nos ayuda a ganar grasa en la tripa por lo que cuanto más alcohol consumamos mayor aumento de los niveles de dicha hormona. El cortisol redistribuye la grasa, haciendo que tengamos más en la zona abdominal y menos en los brazos y las piernas.

Como la labor del cortisol es ayudarnos a sobrevivir en situaciones de estrés, lo que sucede es que cuando nos forzamos demasiado aumentamos el nivel diario en nuestro cuerpo y eso provoca un estado de liberación de cortisol crónica. Este estado de liberación puede hacer que almacenemos el exceso de grasa como instinto de supervivencia. Por norma general, esto le suele suceder a las personas con malos hábitos.

Finalmente, el alcohol nos hace sentir más cansados y reduce nuestra motivación. Es decir, cuando ingerimos alcohol estamos sufriendo deshidratación, que nos causa a su vez fatiga. Si estamos fatigados, no seremos capaces de ejercitarnos con la suficiente intensidad y, además, al tratarse el alcohol de un agente depresivo, este hace más lento el funcionamiento del sistema nervioso central. Es decir, bloquea algunos de los mensajes que intentan llegar al cerebro, por lo que si lo que necesitamos es hacer ejercicio para perder peso resultará una tarea complicada pues la falta de motivación estará presente.

Así que, sin duda, lo primero que debemos hacer para estar completamente sanos y en forma es decir adiós al alcohol. ¡Suerte!

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