¿Por qué dar consejos puede ser mejor que recibirlos?

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Dar y recibir consejos
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Todos valoramos los buenos consejos, pero eso no significa que los hagamos caso. Las redes sociales están llenas de comentarios inspiradores. En el trabajo, nuestros jefes nos dan evaluaciones y discursos motivacionales. En el colegio, nuestros profesores hacen lo mismo. Sin embargo, diversos estudios muestran que estos consejos con más beneficiosos para el que los da, que para el que los recibe. Veamos por qué.

Eso no significa que recibir consejos no nos ayude. De hecho, algunas de nuestras decisiones más importantes, desde nuestra salud hasta nuestra carrera, han sido influenciadas por los buenos consejos de familiares, amigos y mentores. Incluso podemos deshacernos de los malos hábitos cuando recibimos consejos de las personas adecuadas: por ejemplo, los consejos de un médico pueden ayudarnos a dejar de fumar.

Sin embargo, el valor de recibir consejos depende de varias condiciones, especialmente de la motivación. Cuando carecemos de motivación, el consejo puede ser inútil y potencialmente destructivo. Si sentimos que somos incompetentes o excesivamente dependientes de los demás de alguna manera, escuchar consejos puede socavar nuestra motivación ya baja y recibir un consejo puede ser aún peor.

La motivación está vinculada a varias estructuras en el cerebro, incluidos centros de aprendizaje emocional como la amígdala, áreas de procesamiento de recompensas y planificación de la acción como el cuerpo estriado y áreas involucradas en el comportamiento de refuerzo como la corteza orbitofrontal. Un buen consejo debe aprovechar este tipo de redes y darnos un impulso motivador. ¿Podría haber una ventaja motivacional para dar en lugar de recibir consejos?

Y es que los efectos motivacionales de un consejo recibido a menudo no duran mucho. Una cita llamativa o un mensaje de alguien a quien se respeta puede dar un empujón muy necesario, pero la inspiración puede desaparecer en un par de días. Cuando alguien necesita un consejo, hay que pensar cuidadosamente en qué puede ayudarles. Eso te hace reflexionar y pensar positivamente en algo, lo cual puede motivarte a ti también, inspirarte y ayudarte a hacer algo mejor o cambiar un mal hábito.

Eso al menos es lo que demuestra una nueva publicación científica de investigadores de la Universidad de Pennsylvania y la Universidad de Chicago. Para estos investigadores, en las condiciones adecuadas, dar consejos no solo es tan bueno como recibirlos, sino que incluso puede ser significativamente mejor.

Los investigadores realizaron tres estudios clave. En el experimento inicial, visitaron una escuela secundaria. Reclutaron a más de 300 niños de sexto, séptimo y octavo grado, y los dividieron en dos grupos. El primer grupo leyó las cartas de los alumnos de cuarto grado que buscaban consejos, quienes preguntaron sobre temas tales como cómo mantenerse motivado al aprender vocabulario. Luego escribieron una nota a los niños más pequeños para ofrecerles el mejor consejo posible. Llamemos a este primer grupo los asesores. El segundo grupo, en cambio, leyó los consejos de su maestro sobre el aprendizaje de vocabulario y escribió una breve respuesta a ese consejo. Llamémosles los aconsejados.

Los investigadores compararon la motivación y los comportamientos de estudio entre los grupos que brindaron consejos y los que recibieron consejos al registrar cuánto tiempo pasaron los estudiantes en un programa de aprendizaje de vocabulario en línea después del consejo. Descubrieron que los niños asesores pasaron mucho más tiempo en el programa en las semanas siguientes a la guía que ofrecieron, a pesar del hecho de que el consejo del profesor fue, por supuesto, mucho mejor que los comentarios que los asesores infantiles dieron a los estudiantes de cuarto grado. Así, a pesar de que los aconsejados tuvieron acceso a un asesoramiento de mayor calidad, el hecho de ofrecer asesoramiento a otros dejó a los asesores con una importante ventaja motivacional.

En el segundo experimento, los investigadores querían probar la misma idea entre adultos en lugar de niños. En un estudio en línea, reclutaron a casi 700 participantes, con una edad promedio de 35 años, para dar su mejor consejo a los demás y recibir asesoramiento a cambio. El consejo podría centrarse en uno de los cuatro dominios posibles: financiero, social, de salud o laboral. Solo el 34 por ciento de las personas predijo que ofrecer asesoramiento sería más motivador que recibir asesoramiento. Y, sin embargo, cuando terminó el experimento, independientemente del dominio que los investigadores analizaron, aproximadamente el 72 por ciento de las personas estaban más motivadas al haber dado consejos.

El experimento final trató de comprender por qué dar consejos puede ser particularmente productivo. ¿Podría ser que dar consejos a los demás infunde un sentido de confianza dentro de nosotros mismos que aumenta nuestra propia motivación?

Los investigadores realizaron el mismo experimento anterior con los participantes que tenían sobrepeso. Después de dar o recibir consejos de salud, les preguntaron a los participantes cuánta confianza tenían en su capacidad para perder peso. Esto se sumó a sus calificaciones de cuán motivados se sintieron después de los consejos. Al replicar los resultados anteriores, la mayoría de los participantes se sintieron más motivados después de dar consejos que de recibirlos. Curiosamente, el mismo patrón era válido para la confianza: después de dar consejos, los participantes tenían más confianza en su propia capacidad para perder peso.

A pesar de nuestras intuiciones correctas, es mejor que no aconsejemos a otras personas si carecemos de la motivación adecuada. No sirve de nada perseguir a extraños y darles nuestro consejo si no lo quieren. Tenemos que esperar la oportunidad correcta. Cuando parezca que alguien esté buscando una o dos palabras útiles acerca de nuestras propias experiencias, existirá un beneficio mutuo en tomarse el tiempo para comunicar la mejor orientación posible.

En definitiva, dar consejos nos ayuda a sentirnos competentes, seguros y motivados. Por eso, por engreídas que parezcan, nuestras humildes palabras de apoyo suelen ser más inspiradoras que las mejores citas que jamás hayamos leído. No solo para el otro, sino también para nosotros.

Fuente:

“Dear Abby: Should I Give Advice or Receive It?”, Lauren Eskreis-Winkler, Ayelet Fishbach, Angela L. Duckworth. First Published October 3, 2018 Research Article

https://doi.org/10.1177/0956797618795472

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