Perfiles de trabajadores abocados al fracaso… ¿eres uno de ellos?

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Hasta hace unos años, había ciertos perfiles de trabajadores, que se podían encontrar en todas las oficinas, que, a pesar de sus carencias, tenían éxito en el trabajo gracias a sus capacidades e incluso podían llegar a ser jefes. Sin embargo, actualmente, ni todo el talento del mundo puede ayudarte si careces de inteligencia emocional, la clave para el éxito laboral.

Durante mucho tiempo, ciertos perfiles de personas o de trabajadores, criticados por el resto de la oficina, parecían tener mucho éxito en el trabajo a pesar de su forma de comportarse en muchos aspectos. Estos trabajadores tenían diversos motes según su forma de ser: el narcisista, el troll, el cotilla, el tirano, al agarrado… Pero todos parecían coincidir en un mismo aspecto: tenían éxito en el trabajo. En muchos casos, incluso llegaban a ser jefes a pesar de ser despreciados por la mayoría de sus compañeros.

Pero este tendencia parece estar cambiando en los últimos años y, cada vez más, la experiencia, la pericia y el talento no son suficientes si no cuentas también con inteligencia emocional, es decir, si no eres capaz de conectar con los demás. Hoy en día, por mucho talento que tengas, no conseguirás llegar tan alto si no eres capaz de contar con el resto de compañeros.

Tal vez sea porque el lugar de trabajo se ha convertido en un organismo más dinámico, casi vivo, que depende de todas sus partes para trabajar en sincronía y prosperar.

El valor de la inteligencia social

En su libro “Inteligencia social: la nueva ciencia del éxito”, el consultor de gestión Karl Albrecht afirma que “mucha gente ha perdido su trabajo en los últimos tiempos debido a la falta de inteligencia social más que a ningún otro factor. Este tipo de personas tienen “una completa falta de comprensión de cómo se comportan con quienes los rodean”, y eso puede costarles su puesto de trabajo.

Es más, Albrecht pone un conocido ejemplo de esto en su libro, el fundador de Apple Steve Jobs, de quien dice que era “un brillante innovador pero pésimo ejecutivo”. De hecho, a pesar del éxito de Jobs, su reputación de matón y de imbécil, pudo ser una de las causas para que su compañía no llegara tan alto como pudiera haber llegado. “Imagine lo que podría haber logrado si hubiera podido tener mejores relaciones con quienes lo rodeaban”, señala Albrecht.

Así, muchas empresas pueden estar pagando un alto precio por seguir manteniendo en sus puestos a los trolls (personas narcisistas y un tanto maquiavélicas), por muy talentosos que sean. De hecho, un estudio publicado recientemente y dirigido por el profesor de la Universidad de Illinois, Jerome Popp, sugiere que las personas que no simpatizan con los demás pueden convertirse en acosadores en el lugar de trabajo, lo que a su vez conduce a una serie de situaciones negativas, como mucha mayor tasa de enfermedad y bajas laborales.

¿Cuáles son los perfiles abocados al fracaso?

El escritor Travis Bradberry, en su libro Emotional Intelligence 2.0, identificó recientemente nueve tipos de personas que ya no consiguen encontrar trabajo fácilmente, sin importar cuán impresionantes sean sus credenciales profesionales.

Y es que la experiencia y el conocimiento están perdiendo rápidamente su relevancia para el éxito en el lugar de trabajo. Así, el economista de Harvard David Deming estudió las tareas en el lugar de trabajo desde 1980 hasta la actualidad y descubrió que aquellas que enfatizan las habilidades sociales crecieron hasta en un 24%, mientras que las tareas que requerían conocimientos técnicos e inteligencia experimentaron un pequeño crecimiento. Deming también descubrió que los salarios aumentaban más para los trabajos que ponen un énfasis adicional en las habilidades sociales.

Por ello, todos aquellos tipos de personas que carecen de inteligencia emocional y se comportan de manera cuestionable en el trabajo, están viendo perjudicadas sus carreras. Las habilidades sociales y la autoconciencia son cuestiones de inteligencia emocional, y una investigación llevada a cabo por TalentSmart entre más de un millón de personas ha demostrado que la inteligencia emocional es responsable del 58% del rendimiento laboral. Aquellos que carecen de inteligencia emocional cuentan con una desventaja significativa.

Estos son los tipos de persona cuyo futuro laboral está en ascuas. Si eres uno de ellos, más te vale ir cambiando de forma de ser y potenciar tu inteligencia emocional lo más rápido posible:

  1. El cobarde. El miedo es un motivador extremadamente poderoso. Esta es la razón por la cual los candidatos presidenciales le dicen a la gente que su oponente “destruirá la economía” y los anuncios advierten que “fumar mata”. En el lugar de trabajo, las personas vencidas por el miedo recurren a comportamientos irracionales y dañinos. Los compañeros cobardes culpan rápidamente a los demás y encubren errores importantes, sin defender lo que es correcto.
  2. El Dementor. En los libros de Harry Potter de J. K. Rowling, los dementores son criaturas malvadas que extrean las almas de las personas fuera de sus cuerpos, dejándolos simplemente como caparazones de humanos. Cada vez que un Dementoor entra en una habitación, esta se vuelve oscura y fría y la gente comienza a recordar sus peores momentos. Pues bien, Rowling contó en una ocasión que desarrolló el concepto de Dementores basándose en personas altamente negativas, el tipo de personas que tienen la capacidad de entrar en una habitación y sacarle la vida al instante. Los dementores laborales absorben la vida de la sala al imponer su negatividad y pesimismo a todos los que se encuentran en ella. Sus puntos de vista siempre son de vaso medio vacío, y pueden inyectar miedo y preocupación incluso en las situaciones más benignas.
  3. El arrogante. Las personas arrogantes son una pérdida de tiempo porque ven todo lo que haces como un desafío personal. La arrogancia es una falsa confianza y siempre oculta inseguridades importantes. Un estudio de la Universidad de Akron descubrió que la arrogancia se correlaciona con una serie de problemas en el lugar de trabajo. Las personas arrogantes tienden a ser de bajo rendimiento y más desagradables y tener más problemas cognitivos que el resto.
  4. El conformista. Eligen el camino de menor resistencia y son famosos por propagar la mentalidad de “así es como siempre lo hemos hecho”. Si ves que intentan lavarte el cerebro con lo que todos los demás creen, ten cuidado; el status quo nunca conduce a la grandeza.
  5. El descuidado. Los descuidados rápidamente culpan a su falta de logros a la falta de oportunidades. Pero no se dan cuenta de que la mayoría de la gente alcanza el éxito por trabajar duro, no por suerte. Lo que les resta oportunidades no son las circunstancias, sino su forma de ser.
  6. El temperamental. Algunas personas no tienen absolutamente ningún control sobre sus emociones. Atacan a cualquiera que piensen que está causando su malestar. Las personas temperamentales se desempeñan mal porque sus emociones nublan su juicio y su falta de autocontrol destruye sus relaciones.
  7. La víctima. Son difíciles de identificar porque inicialmente es probable que te identifiques con sus problemas. Pero, a medida que pase el tiempo, comenzarás a darte cuenta de que su “tiempo de necesidad” es todo el tiempo. Las víctimas rechazan activamente cualquier responsabilidad personal y creen que todo es culpa de otros y que todos los problemas son imposibles de resolver. No ven las dificultades como oportunidades para aprender y crecer.
  8. El crédulo. Seguro que no puedes evitar sentir lástima por el tipo crédulo. Por alguna razón, las personas crédulas (a menudo novatas) siguen el curso hasta que el suave río se convierte en un océano tumultuoso. Está bien negociar su salario, está bien decir que no, y está bien cuestionar la forma en que se hacen las cosas. Pero también es necesario saber defenderse.
  9. El que se disculpa a cada instante. Por cada persona que debe una disculpa, hay otra que se disculpa con demasiada frecuencia. Las personas que carecen de confianza siempre se disculpan por sus ideas y acciones. Temen fallar y creen que disculparse actuará como una red de seguridad. En cambio, las disculpas innecesarias hacen que sus ideas no sean tomadas en cuenta. Y establecer una idea o una opinión como una pregunta es tan malo como disculparse. Si realmente crees que algo vale la pena, defiéndelo y compártelo con confianza.

Foto: Creado por Creativeart – Freepik.com

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