Ovulación y anticonceptivos orales, ¿cómo afectan?

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Los anticonceptivos orales usan hormonas para prevenir el embarazo. Las píldoras combinadas contienen tanto progestina como estrógeno, que  ayudan a evitar que las mujeres nos quedemos embarazadas. Cuando se toman diariamente, son uno de los métodos de contracepción más efectivos. Para la mayoría de las mujeres son extremadamente eficaces para planificar su fertilidad y decidir qué hacer con su cuerpo. Además, muchos ginecólogos aseguran que puede mejorar períodos dolorosos –abundantes o irregulares–, tratar el acné e incluso prevenir cáncer en los ovarios. De hecho, las píldoras de ciclo extendido o continuo  nos permiten tener menos períodos al año. No obstante, no todo son buenas noticias y tomar hormonas de forma artificial puede tener contraindicaciones.

Las píldoras anticonceptivas pueden venir en paquetes de 21 pastillas que se deberán tomar una vez al día durante tres semanas, exceptuando la semana de descanso en la que no se tomará ninguna píldora durante una semana. Aunque en algunos casos vendrán pastillas adicionales de efecto placebo. Esto se hace para que sea más fácil recordar tomar una píldora todos los días y crear hábito, por lo que los paquetes suelen venir con 28 pastillas: algunas tendrán hormonas y otras no. La eficacia de estas pastillas suele ser muy eficaz. En el transcurso de un año, aproximadamente 8 de cada 100 parejas típicas que confía en la píldora como método anticonceptivo tendrá un embarazo no planeado. Por supuesto que se trata de una estadística aproximada y las probabilidades de quedar embarazada dependen de si las píldoras anticonceptivas se toman todos los días.

Hay cinco tipos de anticonceptivos orales combinados. Entre ellos se encuentra los monofásicos, que  tienen la misma cantidad de estrógeno y progestina en todas las píldoras activas. Los bifásicos cambian una vez de nivel de hormonas durante cada ciclo menstrual. En cambio, los trifásicos cambian la dosis de hormonas cada siete días. En los cuadrifásicos la dosis de hormonas cambia cuatro veces en cada ciclo. Y, por último, los anticonceptivos de ciclo continuo o extendido mantienen el nivel de hormonas alto, por lo que las mujeres que lo utilizan tienen pocas menstruaciones o incluso ninguna.

La píldora es uno de los métodos anticonceptivos más populares, tan solo superado por el preservativo masculino y el DIU. En España, su uso fue aprobado el 7 de octubre de 1978, 18 años después que en EE UU, lo que provocó una pequeña revolución en las relaciones sexuales en nuestro país. A pesar de que significó un símbolo de feminismo y una liberación para muchas mujeres, se está poniendo en duda si es realmente bueno para la salud. Sin embargo, sus efectos secundarios –algunos de ellos demostrados y otros sospechados– han provocado que, en los últimos tiempos, se haya empezado a desconfiar de ella. Un estudio publicado en el último número de ‘Contraception’ aseguraba que muchas mujeres están dejando de utilizarla porque consideran que está asociada con un aumento de peso. En concreto, según la investigación, son las que sufren sobrepeso u obesidad las más propensas a decantarse por otras alternativas como los anticonceptivos reversibles de larga duración (LARC), como el DIU (dispositivo intrauterino). Pero no sólo eso, según otro estudio publicado por la Universidad de Copenhague, las mujeres que toman estas pastillas tienen más propensión a recibir una prescripción de antidepresivos en comparación con aquellas que usan otros métodos para prevenir embarazos. La diferencia fue particularmente evidente en el caso de mujeres de entre 15 y 19 años que usaban la píldora de progesterona y estrógeno.

Las mujeres que toman pastillas anticonceptivas todos los días siempre en el mismo horario no tienen días fértiles debido a que no ovulan, disminuyendo las probabilidades de quedar embarazada. Al no haber un óvulo maduro no puede existir la fecundación. Esto ocurre tanto con las pastillas anticonceptivas de 21, 24 o 28 días y también con el implante anticonceptivo. Los anticonceptivos orales inhiben la ovulación, pero también alteran el endometrio uterino y el moco cervical, previniendo así el embarazo. Sin embargo, si la mujer se olvida de tomar alguna pastilla, especialmente durante la primera semana, hay posibilidades de que quede embarazada porque podrá ovular y liberar un óvulo que al encontrarse con el espermatozoide –que puede sobrevivir en el interior de la mujer durante 5 a 7 días–, podrá ser fecundado.

Pero además de utilizar hormonas para hacer imposible la fecundación, también crea ‘artificialmente’ el ciclo de la mujer. El cuerpo, en lugar de pasar por las cuatro fases comunes del ciclo menstrual, se ‘queda inhibido’ y no ovula. Y si no hay ovulación, ¡tampoco menstruación! El sangrado que producen no es una regla tal y como lo conocemos, es un sangrado programado para que psicológica y socialmente las mujeres no se sientan extrañas. Y es que la mayoría de mujeres que toman la píldora ignoran que su sangrado mensual es una regla falsa. Una especie de placebo tranquilizador, ideado por los creadores de este método, que les hace saber que no se han quedado embarazadas y les proporciona una idea de normalidad en su ciclo. Por eso, en su día, para conseguir que se aceptara como método anticonceptivo, se ideó un sistema que imitaba el ciclo femenino y que provocaba un sangrado mensual. De hecho, empresas farmacéuticas estadounidenses comercializan desde 2007 dos píldoras con la promesa de que sus usuarias tienen ‘regla a la carta’ y pueden elegir tener una regla por cada estación o eliminarla mientras estén consumiendo sus anticonceptivos.

El ciclo menstrual de la mujer es un sistema muy sofisticado –un mecanismo de afinación complejo y completo– que cambia constantemente. Responde al medio interno y externo y nos informa mensualmente de cómo manejamos nuestras vidas. La píldora suprime este ciclo y puede tener efectos contraproducentes como que puede enmascarar los síntomas de problemas de salud, puede distorsionar el paso por la menopausia y hacer más difícil quedarnos embarazadas cuando lo deseemos. Planificar la natalidad no es otra cosa que autogestionar nuestra fertilidad. Para esto hemos de replantearnos nuestra percepción y experiencia sexual. Al menos poner en duda un sistema que casi  ‘obliga’ a las mujeres a ser ellas las que tomen medidas, siendo fértiles apenas 48 horas en un mes. Pero, sobre todo, ser libres de elegir lo que queramos con nuestro cuerpo y nuestro sistema de reproducción.

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