Niños y niñas… ¿iguales en el acceso a la educación?

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Igualdad niños y niñas
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El Día Internacional de la Mujer se celebra para sensibilizar a la población y a los gobiernos de las desigualdades que todavía existen entre hombres y mujeres en todos los países del mundo y exigir que niños y niñas sean iguales en todos los ámbitos, especialmente en materia de educación.

La educación es un derecho fundamental y esencial para que las mujeres puedan alcanzar la igualdad en todos los ámbitos ya que la analfabetización es un arma potente para controlarlas y evitar que se desarrollen laboralmente o accedan a ciertos ámbitos como la política. Una mujer con educación tendrá mayores posibilidades de obtener un trabajo decente y bien remunerado, además de capacidad para exigir aquello que le pertenece por derecho.

Además, favorecer la educación a las niñas beneficia a toda la sociedad ya que las mujeres contribuyen de manera sustancial a conseguir una economía próspera y a mejorar la salud, la nutrición o la educación de las familias. Un país con libre acceso de la mujer a la educación, no solo primaria sino también universitaria, tiene más posibilidades de alcanzar el desarrollo y la prosperidad.

No obstante, a pesar de todo y de los esfuerzos por organizaciones como la UNESCO o la ONU, todavía queda mucho por hacer en lo que respecta a la educación secundaria. Así, el 90 por ciento de las niñas y los niños en las regiones en desarrollo y el 96 por ciento en las regiones desarrolladas disfrutan de la enseñanza primaria. Sin embargo, estas diferencias de género aumentan en la educación secundaria y superior, especialmente en el África subsahariana, Oceanía y Asia meridional y occidental.

Como era de esperar, las mayores diferencias se dan en los países más pobres. A nivel mundial, el 80% de las mujeres sabe leer, porcentaje por debajo del 89% de los nombres. Pero si se estudian los datos concretos de los países menos desarrollados, solo el 51% de las mujeres sabe leer y escribir.

Según el Instituto de Estadística de la UNESCO, 16 millones de niñas nunca irá a la escuela y las mujeres representan dos tercios de los 750 millones de adultos que carecen de conocimientos básicos de alfabetización.

Esto se debe, entre otros muchos motivos, al acoso sexual de las mujeres en los espacios públicos que lleva a sus familiares a confinarlas en el hogar, los matrimonios infantiles, el aislamiento geográfico, la pertenencia a una minoría, las actitudes tradicionales relacionadas con el papel de las mujeres o el trabajo doméstico, que hace que muchas niñas abandonen la escuela al llegar la pubertad.

Y esto hace que se perpetúe entre las mujeres la pobreza, el desempleo, los peores trabajos, la falta de independencia económica y problemas mayores asociados a estos como la violencia de género. Por pobreza se entiende tanto el no tener cubiertas las necesidades básicas (alimentación, atención sanitaria, educación), como la falta de oportunidades y opciones para poder acceder a préstamos, herencia y la participación en decisiones del hogar y de la comunidad. Teniendo en cuenta esto, las mujeres constituyen el 70% de la población que vive en estas circunstancias.

Y a pesar de que son muchas las leyes que recogen el derecho de la mujer a la educación, como la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, en cuyo artículo 26 se recoge que “Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental”; o el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, de 1966, en cuyo artículo 13 se habla del derecho de toda persona a la educación, “los Estados Partes en el presente Pacto reconocen el derecho de toda persona a la educación. Convienen en que la educación debe orientarse hacia el pleno desarrollo de la personalidad humana y del sentido de su dignidad, y debe fortalecer el respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales”. Y de las organizaciones comprometidas para conseguir estos objetivos, todavía, como hemos visto, queda mucho por hacer.

Por eso es fundamental, en días como el 8 de marzo, alzar la voz para reclamar el derecho de todas las niñas y chicas del mundo a la educación. Porque la educación es su derecho y su camino a un futuro mejor. Porque incide radicalmente en el desarrollo de las comunidades. Porque promueve la igualdad entre los géneros en los hogares. Porque aumenta la salud materna en el parto. Porque dota de más habilidades para cuidar a los hijos e hijas y así aumentar la salud y la educación de las generaciones futuras. Porque mejora la capacidad de las mujeres para tomar decisiones e impulsa una mayor participación de las niñas y las mujeres en los papeles de liderazgo y toma de decisiones.

Y porque, en definitiva, es su derecho.

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