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Los desencadenantes de la envidia son diferentes para hombres y mujeres

Los desencadenantes de la envidia son diferentes para hombres y mujeres

Son muchas las diferencias que existen entre los hombres y las mujeres, no solo aquellas más obvias que se refieren a los aspectos físicos o biológicos, sino también muchas diferencias a nivel emocional o mental: cómo sentimos, cómo nos relacionamos con los demás, como actuamos ante un mismo problema… o qué motivos nos hacen sentir envidia.

Índice

¿Qué es la envidia?

La envidia es un sentimiento considerado negativo ya que implica desear o anhelar aquello que no tenemos y tienen otros. No obstante, también puede ser un sentimiento positivo que nos ayude a mejorar y prosperar siempre que sea sana, es decir, que nos impulse a cambiar y mejorar, no a realizar actos violentos o injustificables contra el objeto o persona de nuestra envidia.

La envidia es una emoción universal que ha cautivado durante siglos a escritores, científicos, filósofos y teólogos. Hay muchos proverbios que muestran la universalidad de este sentimiento a lo largo de los siglos y de las culturas, pero destaca uno danés que, traducido, dice los siguiente: "Si la envidia fuera fiebre, todo el mundo estaría enfermo". No en vano, la envidia es uno de los siete pecados capitales por algo.

Los factores desencadenante de la envidia son diferentes para hombres y mujeres

Y, aunque la envidia es un sentimiento universal que todos experimentamos en algún momento de nuestra vida, en mayor o menor grado y con consecuencias diferentes, un estudio publicado en la revista Human Behavior and Evolution Society muestra que los factores desencadenantes de la envidia hacia personas del mismo sexo pueden ser específicos del sexo (por ejemplo, los hombres son más envidiosos del estado social de otros hombres que de su físico, algo que molesta más a las mujeres).

Este estudio se basó en una encuesta para medir el grado en que hombres y mujeres experimentan la envidia. Los investigadores proporcionaban diversos estados acerca de la envidia tanto generales -"Siento envidia todos los días"-, como particulares –“Uno de tus hermanos del mismo sexo tiene un mejor trabajo que tú" (envidia familiar), "Tu amigo tiene una pareja muy atractiva" (envidia de apareamiento), "Ese hombre es capaz de encontrar parejas sexuales atractivas muy fácilmente" (envidia de apareamiento), "Tiene una gran constitución atlética", "Tiene la piel muy clara", "Es extremadamente inteligente”, “Está bien conectada con personas importantes y poderosas", “Conduce un automóvil muy caro", "La gente piensa que es carismático y encantador", y "Tiene un gran sentido del humor".

Las hipótesis de las que partían eran las siguientes: (1) No se encontrarían diferencias de sexo en los ítems de dominio general, ya que los hombres y las mujeres son igualmente envidiosos en un sentido disposicional general; (2) En lo que respecta a los ítems específicos, cada uno de los sexos sería más envidioso con respecto a los ítems que están evolutivamente relacionados con aquello que es más importante para cada sexo (p. ej., el estatus social y la belleza física son atributos propios que son más importante para hombres y mujeres, respectivamente).

Los hallazgos apoyaron en gran medida sus hipótesis, aunque hubo algunos resultados inesperados, aunque muy interesantes. Primero, algunos de los hallazgos esperados incluyeron:

(1) Hombres y mujeres eran igualmente envidiosos en un sentido disposicional general.

(2) Los hombres eran más envidiosos de sus rivales del mismo sexo que poseían complexiones atléticas, buen tono muscular, podían atraer fácilmente a una amplia gama de parejas sexuales, y que tenían una pareja actual atractiva.

(3) Las mujeres tenían más envidia de sus rivales del mismo sexo que eran guapas y jóvenes.

En cuanto a los hallazgos inesperados, estos incluían que las mujeres tenían más envidia del status y la inteligencia de sus rivales, y eran más envidiosas con cada uno de los 13 ítems que hablaban sobre la envidia relacionada con el parentesco. Es decir, mostraban más envidia hacia sus familiares que los hombres.

En resumen, tanto hombres como mujeres son bastante similares cuando se trata de la propensión general a experimentar envidia -todos somos envidiosos-, pero hay bastante diferentes cuando se trata de los desencadenantes evolutivamente relevantes de la envidia.

Y, como hemos visto, dado que la envidia es una emoción universal difícil de no sentir nunca, lo mejor que podemos hacer es dirigir esta envidia hacia algo positivo y lograr que nos impulse a conseguir aquello que tienen los demás y nosotros también queremos, en lugar de simplemente envidiarlo y darlo por imposible.

Fuente:

Human Behavior and Evolution Society

Redacción: Irene García

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