¿Es normal no sentir emociones?

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Hay personas que han dejado de sentir sin darse cuenta. De repente, llega un momento en el que analizas tu día a día y te das cuenta de que no eres capaz de sentir ni cosas buenas ni cosas malas. El sufrimiento no es una elección, a veces no se puede evitar, pero es parte de la vida y hay que afrontar esas situaciones para poder seguir adelante.

Muchos psicólogos explican está circunstancia como tener una “coraza en el pecho” o un “castillo al que se le van construyendo murallas”. El cerebro desarrolla una manera para protegerse de todo lo negativo y, sin darte cuenta, las cosas dejan de tener importancia para ti. Este momento en la vida de algunas personas sucede cuando sufren tanto dolor y se sienten tan vulnerables que su cabeza desconecta inconscientemente.

Este padecimiento suele afectar a aquellas personas que son muy sensibles emocionalmente y, por lo general, es un estado pasajero, aunque se han dado casos en donde se ha vuelto crónico. Existen varias afecciones que tienen esta clase de síntomas, pero que son muy diferenciadas y nada tienen que ver, la anhedonia o “anestesia al corazón”, la alexitimia y la psicopatía.

La alexitimia es la incapacidad de las personas que la padecen para identificar y reconocer las propias emociones desde siempre. Por otro lado, la psicopatía es, directamente, la ausencia de emociones y sentimientos de culpa al no ser capaz de ponerse en el lugar del otro, es decir, tener falta de empatía. Pero nos vamos a centrar en la anhedonia.

Esta suele confundirse con la alexitimia ya que comparten los mismos rasgos como ser incapaces de reconocer los sentimientos propios, la diferencia está en que en esta es algo que siempre ha estado ahí, mientras que en la “anestesia al corazón” ha surgido a raíz de las experiencias vividas.

La anhedonia se considera una defensa de nuestro cerebro que tiene como fin prevenirnos y aliviarnos de sufrir malestar, pero a consecuencia de no sentir tampoco emociones positivas. Cuando el sufrimiento es tan intenso que no permite llevar una vida normal se produce un aislamiento emocional para que el día a día sea llevadero. No se trata solo de no sentir nada, tampoco existe un interés por las cosas lo que deriva en que no hagamos esfuerzos ni nos importen las muestras de cariño de otras personas.

Este mecanismo de nuestro cerebro para que no sintamos dolor suele activarse en estados depresivos. Se puede dejar de sentir o tener emociones sin necesidad de que el resto de personas se den cuenta, se puede llevar una vida normal, la rutina diaria no tiene por qué cambiar, etc., aunque parezca hecho para ayudarnos no funciona así.

La persona que sufre este estado mental es consciente de que algo ha cambiado. Se da cuenta de que ha dejado de sentir alegría o tristeza, nota que las cosas le pasan indiferentes y, por lo general, tampoco sabe identificar el origen de esta situación. Uno de los mayores inconvenientes que desencadena esta situación de anestesia son los problemas sociales. La pareja, los familiares y los amigos son relaciones afectivas que hay que cuidar y mantener y, aunque en el fondo sepas que no te da igual no sabes como actuar para que parezca que te importa.

Cuando te ves en esa situación es cuando comienzas una lucha interna contigo mismo. Eres consciente de que algo anda mal, quieres remediar esa situación, no sabes cómo hacerlo y sientes que te da igual seguir sintiéndote así. Es complicado ya que se entra en bucle.

Una vez que te hayas dado cuenta de este cambio en ti y quieras poner fin a esta situación, lo más indicado es acudir a un especialista que sepa cómo tratarte. El terapeuta iniciará un proceso de “pelar las capas de la cebolla”, ahondará en tu interior para encontrar el origen del problema y, una vez descubierto, se trabajará en ese bloqueo para volver a conectarte. Igualmente, tú mismo puedes seguir una serie de pautas que pueden ayudarte ante esta situación y descubrir su por qué.

  1. Piensa y analiza con detenimiento la primera vez en la que te sentiste así e intenta recordar que había ocurrido justo antes. En muchas ocasiones no se trata de una causa clara, pueden ser varias pequeñas cosas que se han ido acumulando en tu interior hasta que tu cerebro no ha podido más.
  2. Si has conseguido detectar la gota que colmó el vaso es momento de que superes ese obstáculo y digieras lo sucedido. El pasado, pasado está y es necesario aprender a vivir en el presente.
  3. Es importante que te centres en el presente, en las cosas y personas que son parte de tu vida en la actualidad y en cómo quieres vivir. Poco a poco comenzarás a valorar y a darte cuenta de todo lo positivo que tienes y a lo que no habías prestado atención antes.
  4. También puedes indagar profundamente en ti mismo y recordar cómo te sentías antes de la anhedonia. Poco a poco irás acordándote de tus antiguas reacciones ante ciertas cosas y cómo actuabas cuando estabas triste, enfadado o contento.

Lo más importante es ser capaz de darte cuenta de que algo no anda bien contigo mismo y tener las ganas y el valor de querer buscar una solución. Además, nunca hay que avergonzarse de necesitar ayuda profesional, es un tabú desfasado y negativo para la sociedad.

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