¿El “Síndrome de la Abeja Reina” cada vez es peor?

En Trabajo
Mujer criticando a otra
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¿Has oído hablar del “síndrome de la abeja reina”? Este concepto hace referencia a la envidia y la competitividad que, supuestamente, existe entre las mujeres. Para algunas personas es un mito, pero para otros es muy real y, de hecho, algunos estudios sugieren que cada vez va a más.

Aunque en muchos casos las personas se sienten más cercanas a otros miembros de su género y se sienten más a gusto teniendo como confidente a alguien del mismo sexo, también existen mujeres que se sienten más afines a los hombres y se llevan mejor con ellos, mientras que las relaciones con mujeres les cuestan. Este fenómeno es consecuencia de lo que se llama “síndrome de la abeja reina”, una dinámica que lleva a muchas mujeres a pensar que todas las demás mujeres son sus rivales y que tienen que dominarlas para que no la aplasten a ella, como la abeja reina a su colmena. Debido a ese pensamiento adoptan una serie de comportamientos egoístas y dañinos hacia las demás mujeres, pero no hacia los hombres:

  • Esparcir rumores negativos o incluso falsos de otras mujeres
  • Criticarlas y hablar mal de ellas a sus espaldas pero ser falsas e hipócritas en persona, sobre todo con el aspecto externo
  • Pisar a quien haga falta con tal de que no corten su ascensión profesional

Este fenómeno de discriminación de unas mujeres a otras se da sobre todo en el lugar de trabajo, especialmente a medida que aumenta la antigüedad de la “abeja reina”. A medida que las mujeres ascienden en sus puestos en el trabajo, encontramos más que admiten haber experimentado conductas groseras y descorteses con otras mujeres. Y como cada vez hay más mujeres en puestos directivos (aunque sigan siendo minoría), da la sensación de que este síndrome se ha vuelto más generalizado.

“Los estudios muestran que las mujeres informan de más experiencias de incivilidad en general que los hombres, pero queríamos saber de parte de quién venían estos comentarios groseros”, explica Allison Gabriel, profesora asistente de administración y organizaciones en Eller College of Management de la Universidad de Arizona.

Gabriel y sus coautores se propusieron responder esa pregunta en tres estudios. Los hombres y mujeres que estaban empleados a tiempo completo respondieron preguntas sobre la falta de civismo que experimentaron en el trabajo durante el último mes. Las preguntas se referían a compañeros de trabajo que los despreciaban o que eran condescendientes, hacían comentarios degradantes o despectivos, los ignoraban en una reunión o los abordaban en términos poco profesionales. Cada conjunto de preguntas fue respondido dos veces, una para los compañeros de trabajo y otra para las compañeras de trabajo.

“En los tres estudios encontramos evidencia consistente de que las mujeres informaron de niveles más altos de descortesía de otras mujeres que sus homólogos masculinos”, dijo Gabriel. “En otras palabras, las mujeres son más groseras entre sí que lo que son para los hombres, o los hombres para las mujeres”.

“Esto no quiere decir que los hombres no estuvieran involucrados en estos comportamientos”, señaló. “Pero cuando comparamos los niveles promedio de descortesía informados, la incivilidad instigada por mujeres hacia mujeres fue reportada con más frecuencia que la incivilidad instigada por hombres hacia las mujeres en nuestros tres estudios”.

A los participantes también se les pidió completar inventarios de rasgos de sus personalidades y comportamientos para determinar si había algún factor que contribuyese a que las mujeres recibieran un trato no civil. La investigación mostró que las mujeres que desafiaban las normas de género al ser más asertivas y dominantes en el trabajo eran más propensas a ser atacadas por sus contrapartes femeninas, en comparación con las mujeres que exhibían menos de esos rasgos.

Los investigadores también encontraron que cuando los hombres actuaban de forma asertiva y afectuosa (en general, estos rasgos no eran la norma para el comportamiento masculino), informaban una menor falta de civismo de sus contrapartes masculinos. Esto sugiere que los hombres realmente obtienen un crédito social por desviarse parcialmente de sus estereotipos de género, un beneficio que las mujeres no tienen.

Gabriel también explicó que la investigación es importante no solo desde el punto de vista de la salud individual de los empleados, sino también en términos de gestión organizacional. Y es que estos tres estudios ofrecen pruebas de que las empresas pueden enfrentarse con un mayor riesgo de perder empleadas que experimentan incivilidad instigada por mujeres, ya que reportaron menos satisfacción en el trabajo y mayores intenciones de abandonar sus trabajos actuales en respuesta a estas experiencias desagradables. Contando con que las estimaciones sobre lo que la falta de civismo puede costar a las organizaciones asciende a $ 14.000 por empleado, esto presenta un grave problema para las empresas. Por lo tanto, estos hallazgos son una oportunidad para que las empresas vuelvan a evaluar sus culturas y cómo abordan este problema.

“Las empresas deberían preguntarse, “¿Qué tipo de intervenciones se pueden poner en marcha para cambiar estas actuaciones?'”. “Hacer que las interacciones en el lugar de trabajo sean más positivas y de apoyo para los empleados puede contribuir en gran medida a crear un ambiente más positivo y saludable que ayude a mantener a la compañía a largo plazo. Las empresas deben asegurarse de que también envían señales de que se valoran las ideas y opiniones de todos los empleados, y que apoyar a otros es crucial para el éxito empresarial; es decir, actuar asertivamente y hablar claro no debe verse negativamente, sino como una forma positiva para que los empleados expresen sus inquietudes”. Por el contrario, no debe potenciarse la crítica ni la destrucción de otros compañeros.

Fuente: “Further Understanding Incivility in the Workplace: The Effects of Gender, Agency and Communion”, Journal of Applied Psychology.

Foto: Creado por Freepik

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