¿El divorcio es contagioso?

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Seguro que has oído muchas veces que las bodas son contagiosas o que los embarazos también lo son, es decir, que cuando tus amigos empiezan a casarse o tener hijos, tú te sientes más motivado a hacerlo. Pero ¿también lo son los divorcios? Un nuevo estudio sugiere que el divorcio de un amigo o pariente cercano aumenta dramáticamente las posibilidades de que tú también te divorcies. ¡Estamos buenos!

El estudio, liderado por Rose McDermott, de la Universidad de Brown, analizó tres décadas de datos sobre el matrimonio, el divorcio y un nuevo matrimonio recopilados de miles de residentes de Framingham, Massachusetts. De esta forma, McDermott y sus colegas descubrieron que los participantes del estudio tenían un 75% más de probabilidades de divorciarse si un amigo se divorciaba y un 33% más de probabilidades de terminar su matrimonio si un amigo de un amigo se divorciaba.

Entonces, el divorcio es contagioso… ¿y puedes contagiarte de tus amigos, incluso de un amigo de un amigo?

“Acercarse a la epidemiología del divorcio desde la perspectiva de una epidemia puede ser adecuado en más de un sentido”, explican McDermott y sus colegas. “El contagio del divorcio puede extenderse a través de una red social como un rumor, afectando a amigos de hasta dos grados de distancia”. Los sociólogos llaman a este fenómeno “contagio social”: la difusión de información, actitudes y comportamientos a través de amigos, familias y otras redes sociales.

(Para aquellos que no están familiarizados con el concepto “grados de separación”, aquí hay una breve introducción: las personas con vínculos sociales directos contigo: tus amigos, hijos, padres y hermanos tienen un grado de separación. Los amigos de tus amigos tienen dos grados de separación conectados contigo, los amigos de los amigos de tus amigos están separados tres grados, y así sucesivamente.)

Pero los ejemplos de contagio social no se quedan solo en el divorcio, sino que abarcan desde la conducta sexual adolescente hasta la propagación de enfermedades fantasmas en el lugar de trabajo. O el hecho de tener hijos. Así lo confirmó la economista Ilyana Kuziemko en un artículo de 2006 titulado “¿Es contagioso tener bebés?”, en el que explicaba que los hermanos y hermanas son significativamente más propensos a tener un hijo poco después de que un hermano da a luz. Mientras que un equipo de investigación en Arkansas rastreó cómo la obesidad parecía extenderse en las aulas de la escuela primaria.

Para confirmar sus datos, McDermott y sus colegas recopilaron datos del Framingham Heart Study, una de las encuestas longitudinales más influyentes y de mayor duración del país (las encuestas longitudinales siguen a los mismos grupos de personas a lo largo del tiempo). El proyecto comenzó en 1948 para estudiar los factores de riesgo de enfermedad cardiovascular. Los investigadores entrevistaron a 5.209 hombres y mujeres entre las edades de 30 y 62 años en Framingham (al oeste de Boston)

Aproximadamente cada dos años, los sujetos se volvían a entrevistar y se sometían a un historial médico detallado, un examen físico y pruebas de laboratorio. En 1971, se agregó una segunda generación al grupo de estudio original cuando los investigadores inscribieron a 5.124 de los hijos adultos y sus cónyuges de los participantes originales. Esta cohorte de “descendientes” se volvía a examinar cada cuatro años.

Además, se les pedía a los investigados que nombraran a sus amigos y familiares y, dado que Framingham es tan pequeño y la muestra de estudio tan grande, muchos participantes del estudio son amigos o están relacionados con alguien más del estudio. De hecho, cada participante del estudio nombró en promedio a otros 11 participantes del estudio como amigos o familiares, una mina de oro de datos para investigadores que estudian cómo los lazos de amigos y familiares afectan la salud y el comportamiento.

Para su estudio, McDermott y sus colegas utilizaron datos recopilados en siete rondas sucesivas de entrevistas que comenzaron en 1971 y terminaron en 2001. Así, descubrieron que el divorcio de un amigo o pariente cercano aumentó significativamente la probabilidad de divorcio. Por ejemplo, aproximadamente el 9% de los hijos adultos del grupo de estudio de 1948 se divorciaron al menos una vez. Los hallazgos sugieren que las posibilidades de divorciarse aumentan a aproximadamente el 16% si un amigo o familiar cercano se ha divorciado, un aumento del 75% sobre la tasa general de divorcio. La probabilidad de divorcio aumenta a aproximadamente el 12% si los amigos y familiares de los amigos y familiares del participante se divorcian. Pero el efecto se desvanece cuando el divorciado está a tres grados, un amigo de un amigo de un amigo, que no cambia significativamente la probabilidad de que una pareja se separe.

Además, las personas en el grupo de estudio que se han divorciado tienen más probabilidades de casarse con otra persona que se ha divorciado, particularmente aquellos que se vuelven a unir relativamente poco después de finalizar su matrimonio anterior. En comparación con otros, aquellos que se volvieron a casar desde el último período de estudio tenían cuatro veces más probabilidades de casarse con un divorciado.

Por otra parte, el participante divorciado se volvió menos popular, en parte porque podía perder como amigos miembros de la red de amigos de su ex cónyuge. “Además, las personas recién casadas pueden ser percibidas como amenazas sociales por amigos casados ​​que se preocupan por la caza furtiva conyugal”.

Las personas más populares (participantes con más amigos en su red social) tenían menos probabilidades de divorciarse que aquellas con menos amistades. Parte de la razón puede ser que “una red de amistad fuerte y solidaria” protege el matrimonio de una pareja al “hacer que sea más fácil para las personas capear el estrés matrimonial inevitable”.

Por lo tanto, “atender a la salud de los matrimonios de los amigos de uno podría servir para apoyar y mejorar la durabilidad de la propia relación”, concluyen. Es decir, “cuando las barbas de tu vecino veas mojar…”, echa un vistazo a un matrimonio y a posibles problemas que haya en él, no sea que seáis los siguientes de la lista.

A pesar de lo interesante del estudio, hay que tener en cuenta que tiene algunas limitaciones, como el hecho de que su grupo de estudio no sea representativo de todo el país porque los participantes son casi todos blancos, mejor educados y más propensos a ser de clase media y tenían menos probabilidades de divorciarse que la población estadounidense.

Fuente:

McDermott, Rose and Fowler, James H. and Christakis, Nicholas A., Breaking Up is Hard to Do, Unless Everyone Else is Doing it Too: Social Network Effects on Divorce in a Longitudinal Sample (October 18, 2009). Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=1490708 or http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.1490708

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