Dudas ante la boda

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Manos casándose
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Para muchos, el compromiso matrimonial es simplemente una fiesta donde poder reunir a las personas más importantes de su vida y poder disfrutar juntos de una gran celebración. Sin embargo, para otras personas es mucho más. Se deben asumir una serie de responsabilidades y cambios que van a ir apareciendo a medida que la relación avanza. Normalmente, pensamos que las mujeres piensan más en casarse y en formar una familia. Pero, ¿y ellos? 

Se concibe de distinta manera puesto que ellos, en la mayoría de los casos, no tienden a expresar tanto sus sentimientos y, por consiguiente, los planes de “un futuro que todavía no ha llegado”.

Pero cuando llega, llega, y no podemos frenarlo, ¿o sí? Los preparativos de una boda acaban desgastando a cualquier persona y, en muchas ocasiones, los nervios pueden jugarnos alguna que otra mala pasada.

¡Nos casamos!

Tras una larga, y a veces corta, relación amorosa con la persona que queremos y deseamos estar para siempre, se deben tomar una serie de decisiones. Entre ellas, la de casarse. Cuando llegan a nuestra vida una serie de acontecimientos importantes, siempre vienen acompañados de dudas e inseguridades. Por eso, es muy común dudar antes de la boda, pero, tranquilos.

Cuando decidimos pedir matrimonio o bien aceptar esa pedida tan romántica que nos hicieron en aquel sitio tan bonito es porque realmente queremos hacerlo. Sí, queremos decir sí quiero y hacerlo bien.

Ya sabemos que los nervios están siempre a flor de piel pero no deberían ser el motivo por el cual titubear si en su día lo tuvimos muy claro.

Nos damos cuenta de que la vida está pasando por delante de nosotros, quizás muy rápido, y nos preguntamos si realmente es lo que queremos hacer o si es lo mejor para nosotros. Dudas normales porque es un gran paso para nosotros.

A lo largo de los años, sabemos que cualquier cambio asusta, pero la ilusión con la que lo asumimos es lo que provoca seguir hacia delante y avanzar. Sopesar nuestras opciones y sentimientos significa darlos importancia, pues viviremos el resto de nuestra vida en consonancia con ellos. Por eso, tenemos que ser responsables con la decisión tomada.

Hoy en día, es mucho más común que las parejas que deciden casarse ya vivan en la misma casa, y los cambios que supone una boda no sean tan trascendentales. Los gastos de, por ejemplo, el alquiler de la casa o la comida ya se comparten, y la mayoría de comportamientos de nuestra pareja se conozcan casi de memoria. Sin embargo, a nivel emocional y social se experimentan algunos cambios que no se conocían todavía.

¿Nos casamos?

Hasta el día de la pedida, todo es maravilloso y sigue siendo así hasta que llegan los preparativos de la boda y el estrés acecha. En muchas ocasiones, no estarás de acuerdo con todo lo que quiere tu pareja y, al contrario, por lo que surgirán posibles discusiones en cuanto a elegir, por ejemplo, el menú más adecuado, la decoración más original, etc. Sin embargo, no podemos atenernos a estas pequeñas rencillas pues, posiblemente, cuánto más nos acerquemos a la fecha de la boda, más presentes estarán los nervios.

La solución estaba clara desde el principio, claro, pero si las dudas siguen puedes optar por abrirte con tu pareja y con absoluta confianza contarle lo que te pasa. Puede que esto sirva para darte cuenta de que era un problema que debías resolver con él, y de esta manera, no asociarlo directamente con la boda puesto que su origen puede no tener nada que ver.

El gran problema llega cuando existen dudas de otro tipo. Por ejemplo, si además de que los preparativos ocupan la mayor parte de tu tiempo libre, te van asaltando con gran frecuencia algunas preguntas: ¿tenemos objetivos comunes y estamos seguros de querer compartirlos? ¿Intentamos que cada día sea mejor que el anterior? ¿Es correcto nuestro trato? ¿Nos queremos tal y como somos y no pretendemos cambiar al otro?

Para ser un matrimonio feliz, estable y duradero debéis tener una serie de objetivos comunes para poder disfrutar juntos y no caer en la conocida “rutina postmatrimonial”. Además, debéis ser poco conformistas e intentar mejorar cada día vuestra relación, ya que de lo contrario, podéis enfrentaros a continuas discusiones. Debéis ser respetuosos y amables tanto con vuestra pareja sentimental como con tu entorno y el suyo. Y, sobre todo, tener claro que os gustáis tal y como sois, y que no pretendéis cambiaros tras el matrimonio, pues es bastante difícil que algunos defectos desaparezcan.

Motivos como estos son algunos de los que pueden afectar a la base de la relación y por los que sí deberíamos replantearnos contraer matrimonio.

Un estudio de la Universidad de California comprobó que la mayoría de las dudas antes de la boda suelen ser el principio de un matrimonio infeliz o un futuro divorcio. Algunos de los psicólogos de esta universidad descubrieron que las mujeres que tuvieron dudas antes de la boda duplicaban la probabilidad de divorciarse a los cuatro años, porque a pesar de que los hombres solían tener más dudas previas al matrimonio, las de las mujeres eran más graves y predictivas ante un posible divorcio.

Muchos matrimonios se acaban por una u otra causa. Pero si nunca aceptamos, por miedos o dudas, nunca lo descubriremos. Por eso, si las dudas son mínimas y los preparativos están acabando con vuestras fuerzas, ¡son los nervios! Podéis respirar tranquilos porque cuando tomasteis la decisión, la seguridad era plena, ¿no?

Recuerda: el día más importante es el día de la boda y es ese el que debéis estar completamente seguros del sí quiero.

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