Cuanta más igualdad de género, menos mujeres en STEM

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Las mujeres y la ciencia
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Un nuevo estudio explora una extraña paradoja: en los países que empoderan a las mujeres y hay más igualdad, es menos probable que estas elijan profesiones de matemáticas y ciencias (STEM).

Aunque su número está creciendo, solo el 27 por ciento de todos los estudiantes que toman el examen AP Computer Science (examen de acceso a carreras informáticas) en los Estados Unidos son mujeres. La brecha de género solo empeora a partir de ahí: solo el 18 por ciento de los títulos universitarios estadounidenses en informática van a mujeres. Esto es en los Estados Unidos, donde muchos universitarios varones se describen orgullosamente a sí mismos como “feministas masculinos” y se les enseña a las niñas que pueden ser lo que quieran ser.

Mientras tanto, en Argelia, el 41 por ciento de los graduados universitarios en los campos de las ciencias, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas, o STEM, como popularmente se le conoce, son mujeres. Allí, la discriminación laboral contra las mujeres es generalizada y las mujeres a menudo son presionadas para hacer las paces con sus maridos maltratadores.

Según un informe de hace unos años, Jordania, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos fueron los únicos tres países en los que los niños tenían muchas menos probabilidades de sentirse cómodos trabajando en problemas de matemáticas que las niñas. En todas las otras naciones encuestadas, las niñas tenían más probabilidades de decir que se sentían “indefensas mientras realizaban un problema de matemáticas”.

Entonces, ¿qué explica la tendencia de las naciones que tradicionalmente tienen menos igualdad de género a tener más mujeres en ciencia y tecnología que sus contrapartes progresistas de género?

Según un nuevo artículo (estudio) publicado en Psychological Science por los psicólogos Gijsbert Stoet, de la Universidad de Leeds Beckett, y David Geary, de la Universidad de Missouri, podría tener que ver con el hecho de que las mujeres en países con mayor desigualdad de género simplemente buscan el camino más claro posible hacia la libertad financiera. Y, a menudo, ese camino conduce a este tipo de carreras.

El problema por tanto no parece ser la aptitud de las niñas para este tipo de profesiones. Al observar los puntajes de las pruebas en 67 países y regiones, Stoet y Geary descubrieron que las niñas obtuvieron un rendimiento tan bueno o mejor que los niños en ciencias en la mayoría de los países, y en casi todos los países, las niñas habrían sido capaces de cursar carreras de ciencias y matemáticas sin ningún problema.

Pero cuando se trata de sus fortalezas relativas, en casi todos los países —todos excepto Rumania y Líbano— la mejor asignatura de los niños era la ciencia, y de las niñas las letras. (Es decir, incluso si una niña promedio era tan buena como un niño promedio en ciencias, probablemente aún sería mejor en lectura.) En todos los países, el 24 por ciento de las niñas tenía la ciencia como su mejor materia, el 25 por ciento las matemáticas y el 51 por ciento restante sobresalía en lectura. Para los niños, los porcentajes fueron 38 para ciencias, 42 para matemáticas y 20 para lectura. Y, cuanto más equitativo fuera el país, según lo medido por el Índice de Brecha Global de Género del Foro Económico Mundial, mayor sería la brecha entre niños y niñas en tener la ciencia como su mejor materia. (Los países con mayor igualdad de género son Suecia, Finlandia e Islandia. Turquía y los Emiratos Árabes Unidos se encuentran entre los menos iguales, según el Índice Global de Brecha de Género).

La brecha en la lectura “está relacionada, al menos en parte, con las ventajas de las niñas en las habilidades básicas del lenguaje y con un mayor interés en la lectura; leen más y, por lo tanto, practican más”, explica Geary.

Además, los países que acuñaron a la mayoría de las mujeres que se graduaron de la universidad en campos como la ciencia, la ingeniería o las matemáticas también fueron algunos de los países con menos igualdad de género. Consideran que esto se debe a que los países que empoderan a las mujeres también las facultan, indirectamente, a elegir la carrera que más les guste y en la que sean mejores.

“Los países con la mayor igualdad de género tienden a ser estados de bienestar”, escriben, “con un alto nivel de seguridad social”. Mientras tanto, los países con menos igualdad de género tienden a tener también menos apoyo social para las personas que, por ejemplo, se encuentran desempleados. Por lo tanto, sugieren los autores, las niñas en esos países podrían estar más inclinadas a elegir profesiones principales, ya que ofrecen un futuro financiero más seguro que, por ejemplo, pintar o escribir.

Cuando los autores del estudio observaron la calificación de “satisfacción general con la vida” de cada país, una medida de oportunidad económica y dificultades, descubrieron que los países con igualdad de género tenían más satisfacción con la vida. La clasificación de satisfacción con la vida explicó el 35 por ciento de la variación entre la igualdad de género y la participación de las mujeres en carreras STEM. Esa correlación se hace eco de investigaciones anteriores que muestran que los géneros están realmente más segregados por campo de estudio en lugares más desarrollados económicamente.

El resultado de esta investigación no es especialmente feminista ni especialmente triste: no es que la igualdad de género desaliente a las niñas a dedicarse a la ciencia, es que les permite no hacerlo si no están interesadas.

Los hallazgos pueden parecer controvertidos, ya que la idea de que los hombres y las mujeres tienen habilidades inherentes diferentes a menudo se usa como una razón, para algunos, para argumentar que no se intente aumentar el número de niñas que estudian carreras de ciencias. Pero realmente no es que las habilidades inherentes las lleven a elegir las letras porque son solo buenas en eso, sino que, en naciones ricas e igualitarias, tiene la libertad de buscar alternativas a esas carreras y no preocuparse del dinero, y eso es lo que hacen.

Además, esta investigación podría ser útil para las personas que desean ver a más mujeres occidentales ingresar en estas carreras ya que muestra que el porcentaje de niñas que sobresalieron en ciencias o matemáticas fue aún mayor que el número de mujeres que se graduaron en ellas. Eso significa que hay algo incluso en las sociedades más liberales que aleja a las mujeres de las matemáticas y las ciencias, incluso cuando esas son sus mejores materias. Descubrir qué es ese algo podría ser fundamental para motivarlas a estudiar este tipo de carreras.

Por otra parte, podría ser simplemente que, sintiéndose financieramente seguras y en igualdad de condiciones con los hombres, algunas mujeres siempre elegirán seguir sus pasiones, en lugar de lo que los economistas laborales recomiendan. Y esas pasiones no siempre se encuentran dentro de la ciencia.

Fuente:

“The Gender-Equality Paradox in Science, Technology, Engineering, and Mathematics Education”, Gijsbert Stoet, David C. Geary. First Published February 14, 2018 Research Article Find in PubMed. https://doi.org/10.1177/0956797617741719

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