¿Cómo tratar a un jefe déspota?

En Trabajo
Mujer muy cansada
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Lo que está claro es que, lo queramos o no, todos y cada uno de los jefes influyen, y mucho, tanto en nuestra evolución profesional y personal como en nuestro verdadero disfrute en el trabajo. Por eso resulta fundamental mantener un trato adecuado con ellos (siempre que se pueda).

Y es que esto no siempre es fácil de conseguir, pues lidiar con alguno de ellos suele ser una tarea bastante complicada. Es cierto que hay jefes encantadores y simpáticos, jefes amables, aunque interponiendo distancias, pero también los hay algo fastidiosos que se aprovechan en exceso de que son “los jefes”, y son los que nosotras conocemos como jefes déspotas. Tratar con un jefe con esta personalidad, por tanto, puede ser muy difícil y por eso es importante conocer algunos consejos que puedan ayudarnos si nos encontramos alguna vez ante una situación de este tipo.

Las personas déspotas son principalmente aquellos individuos que abusan de su superioridad, fuerza o poder en su relación con los demás, es decir, seres superiores que creen que hacen todo bien y que no aceptan ni agradecen a sus trabajadores todo el trabajo bien hecho. Sabemos que todas estas personas que cuentan con un carácter “algo especial” permanecen, por desgracia, en muchas empresas y por supuesto en multitud de sectores, por lo que debemos aprender a convivir con ellos, pues alguno nos toca seguro a lo largo de toda nuestra formación profesional.

Además, debemos ser conscientes de que los jefes déspotas se caracterizan por ser claros y directos y que sin tan siquiera un ápice de sensibilidad, dirán todo lo que piensan sin importarles para nada la manera en que lo dicen, es decir, que si resultan todo lo contrario a educados cuando nos dicen las cosas debemos saber que “va en su carácter”. Y claro, como nuestro puesto de trabajo depende de ellos no podemos rechistar demasiado… Así que antes de tener que lidiar con uno de ellos tomemos nota de algunas recomendaciones importantes.

Quizás lo primero que hemos de tener claro es que un jefe prepotente nunca va a cambiar su conducta por lo que nosotras somos las últimas personas que debemos intentar que lo haga y optaremos simplemente por hacer que esto no nos influya demasiado en nuestra vida laboral y personal.

Además, debemos poner límites. Es decir, sabemos que todas podemos tener paciencia cuando recibimos alguna que otra sandez de nuestro jefe, pero una vez la línea se cruza, y éste nos grita, nos insulta o desprecia nuestra profesionalidad por completo, lo mejor es que nos marchemos un rato para que las cosas no se pongan demasiado feas. Es importante que también se dé cuenta de que hay ciertas distancias que guardar y límites que no se van a sobrepasar porque cuando esto suceda nosotras no estaremos allí para verlo. Y es que, si toleramos esas faltas de respeto continuadas, nunca cesarán.

Finalmente, recordemos lo importante que es separar lo laboral de lo personal. Evitemos que conozca detalles privados de nuestra vida en general. Las informaciones sobre nuestra familia, nuestra pareja o nuestros amigos resultan en muchas ocasiones muy privilegiadas, pues algunas veces pueden aprovecharse de ello simplemente para hacer daño así que cuanto menos sepan, mejor.

Y, sobre todo, no dudemos en borrar todos los pensamientos negativos del trabajo cuando salgamos de él ya que, aunque este tipo de personalidad en nuestro jefe pueda hacer mermar mucho nuestra actitud, es importante controlarlo en la medida de lo posible y no llevarlo a otros terrenos que nada tienen que ver con el ámbito laboral. Es cierto que en algunas ocasiones necesitaremos desahogarnos con gente externa a él y por supuesto esto no supondrá ningún problema, pero no debemos cogerlo como costumbre ya que de esta manera lo único que conseguiremos es darle más vueltas al asunto de las que merece. Disfrutemos de la vida que el lunes todavía no ha llegado.

No obstante, si finalmente notamos que toda esta situación va cada vez a peor, nos supera y somos conscientes de que nuestro carácter jamás aceptará el de nuestro jefe, lo mejor que podemos hacer, por desgracia, es buscar otro trabajo y aceptar que este tipo de personalidad en los jefes suele arrasar con todo, incluyendo la alta autoestima que teníamos cuando llegamos a la empresa.

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