Cómo tratar con personas tóxicas

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Trastorno bipolar
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Las personas tóxicas son aquellas que no respetan nuestra libertad e individualidad. Aunque existen diferentes formas de manipular y cargar de culpa a alguien, todos mantienen el mismo objetivo: dominar a su víctima. En nuestro desarrollo como personas aprendemos actitudes enfermizas, muchas veces de forma inconsciente, que surgen normalmente por una mala aceptación de las emociones. Por eso la inteligencia emocional –en estos y en casi todas las situaciones de nuestra vida– es tan importante. Y es que nadie está a salvo de tener una relación tóxica, ya sea con tu pareja, tu compañero de trabajo, tu amigo, tu familia… Todos podemos ser perjudiciales para alguien y viceversa.

Un estudio que siguió la vida de 724 personas durante 75 años demostró que lo que más feliz les hacía eran las buenas relaciones con su entorno. Durante todos esos años se les preguntó acerca de su trabajo, su vida hogareña, su salud, etc. Y todos coincidieron en que lo que les hacía sentir realmente plenos no era la cantidad de riqueza, de relaciones y de trabajo, sino las pocas relaciones que eran completamente sanas, basadas en la libertad y el respeto. En nuestra sociedad rechazamos la violencia explícita, pero no tenemos tan asumido la psicológica. Pero esta última puede producir consecuencias más silenciosas que otros tipos de maltratos y son más difíciles de sanar a largo plazo pues se instauran en la conciencia. Aguantar a una persona tóxica durante un largo tiempo puede provocarnos ansiedad, estrés, depresión, alteraciones del sueño, hipertensión y anulación de nuestra autoestima por completo, entre muchas otras cosas. Por eso es mejor hacer un ejercicio de introspección y analizar si estamos atravesando por esta situación.

Tipos de personas tóxicas

Para reconocer qué tipo de patrones puede presentar una persona tóxica, es mejor que analicemos qué corriente sigue. Aunque, por supuesto, es muy difícil que encaje en una solo directamente y puede presentar características de diferentes tipos.

-Los ‘cactus’. Estos son los más fáciles de identificar pero quizá los menos peligrosos. Suelen ser autoritarios y no tienen ningún problema en mostrarlo abiertamente: siempre quieren tener la razón, casi nunca dudan de sus ideas o sus pensamientos y se sienten bien cuando te humillan, te critican, te menosprecian y te demuestran que tú eres inferior. Pero ¡cuidado! Puede que se escuden bajo la excusa de que sois ‘amigos’ y lo único que pretenden es ayudarte. Buscan siempre problemas en lugar de soluciones y pueden tratarte con cierta condescendencia o paternalismo.

No suelen llevar bien ceder el poder o delegar a otro, pues hace que se sientan inferiores. Quieren que las cosas se hagan a su manera y no aceptan que se puedan hacer de otra forma. Bajo esa falsa seguridad suelen encontrarse problemas de baja autoestima. Probablemente actúan así por miedo a ser atacados, por eso utilizan los ‘pinchos’ para defenderse ante la ofensa ajena, algo que muchas veces es completamente inmotivado. Suelen robar el mérito de la gente e intentan convencer a los demás de que han llegado hasta ahí por ellos mismos.

-Los héroes trágicos. Suelen pensar que el universo ha conspirado en contra de ellos, que su vida es la peor, que todas las desgracias se han posado en ellos. Pero nunca es su responsabilidad, siempre es el destino. Es como un egocentrismo negativo: se consideran víctimas, pero creen que son mejores que el resto de las personas. El mal suele estar en que el mundo es injusto y por eso no pueden ser felices. El héroe incomprendido clásico de libro. Suelen ser peligrosos porque su toxicidad es más sutil y por ello más difícil de identificar. Utilizan un lenguaje cargado de violencia pasivo agresiva: responsabilizan a los demás –y a la vida– de lo que no va bien y sienten que el resto de personas les deben ayuda o pleitesía. El problema es que suelen hacerlo bajo conceptos radicales –y muy equivocados– sobre el amor. Creen que quieren más que el resto de los mortales, pero no saben querer a alguien sin considerarlo de su posesión. No suelen respetar tu individualidad ni tu libertad y suelen cargar de culpa a las personas que intentan zafarse de su yugo.

-Los buenos de la película. Se caracterizan por ser excesivamente complacientes y siempre están pensando en los demás. Viven por y para ofrecerle ayuda a los pobres necesitados, se la pidan o no. Lo que intentan es que la gente les necesite, de una u otra forma. Pero esa generosidad es algo tenebrosa porque nunca es desinteresada, sino que piden y exigen que los demás se lo devuelvan. O a veces ni eso. Intentan sacrificarse por los demás porque consideran que esa es la única vía para conseguir autoestima. Y eso, nunca trae buenos resultados. Suelen buscar la satisfacción de los demás para beneficio propio. A pesar de que esto no se considere ‘abiertamente tóxico’ también hay que llevar cuidado. Una persona que nos exige estar al mismo nivel de compromiso que ella, o que nos ofrece ayuda que no queremos o no necesitamos, puede cargarnos con un sentimiento de responsabilidad innecesario e igualmente dañino.

-Los criticones. Aunque no lo sean contigo, si se pasan todo el día criticando a alguien, también son malos para la salud. Las personas que se pasan las horas hablando de los demás y juzgando cada acción son los que más carga mental producen. Los motivos suelen ser la falta de amor propio y la satisfacción de encontrar en los demás defectos para situarse por encima. El problema más grave es que son contagiosos y puede que acaben convenciéndote de sus paranoias y sus conspiraciones. Transmiten mal rollo a su alrededor y se creen con derecho a ello porque se amparan en su libertad de expresión.

-Los psicópatas ‘espejo’. Este último grupo es el más peligroso y el más fácil de diagnosticar. Estos cosifican, usan al otro como objeto que utiliza y descarta. A menudo utilizan a los demás sólo como un espejo en el que reflejarse. Son aquellos que generan conflicto de forma explícita y disfrutan de él porque así tienen adrenalina.

Cómo tratarles

– Entiéndeles… Si comprendes por qué actúan de ese modo, estás preparado para poner límites. Sea cual sea su forma de actuar hay rasgos comunes en todos: suelen ser personas con miedo y falta de autoestima. Tienen pánico a ser rechazados, a que no les valoren, y a sentirse dominados en lugar de dominantes. En realidad, la persona tóxica utiliza un disfraz para no asumir que debería empezar a construirse y a trabajar en sí mismos desde la honestidad y el respeto que no tienen por ellos ni por los demás. Utilizan ‘la verdad menos dolorosa’ para asumir sus vidas porque siempre es mucho más fácil pensar que el problema reside en cualquier lugar menos en ti mismo.

-… Pero no caigas en la culpa ni en la pena. Los mecanismos que utilizan suelen estar basados en la culpa que nos han enseñado desde pequeños. Por eso debes comprenderlos, pero no caer en su juego. Todos somos potencialmente tóxicos, y cuando has permitido mantener una relación basada en el daño, suele ser responsabilidad de las dos partes. Uno por haber manipulado y otro por haberse dejado manipular. No es tan sencillo como una relación entre víctima y culpable. Probablemente tú también tengas una necesidad patológica de hacer daño o dejar que te lo hagan. Bien porque necesitas que alguien ‘maneje’ el control de tu vida porque no sabes delimitarte o bien porque tú también tienes algún rasgo tóxico. Aprende a decir adiós a esas personas si no te sientes libre o no estás en paz. Hay que dejar ir. Despedirse y aceptar a gente que ame tu individualidad y te deje ser.

– No intentes cambiarles. Es completamente inútil. Deja la capa de super héroe/heroína y dedícate a ti mismo. Pero ¡ojo! Claro que pueden cambiar. Lo que pasa es que siempre será su decisión y no la tuya. Si de verdad quieres que dejen de ser tóxicos, trata de ser honesto con ellos. Y, en caso de que sea necesario, recomiéndale que vaya a un psicólogo para que le ayude a dejarse a sí mismo en paz.

– Pon límites. Aprende a hacer cosas por ti: di que no, pon límites, establece una línea entre lo que necesitas y lo que te hace feliz y lo que no. Ni es tu culpa ni es algo que te corresponde. Cada cual lleva su dolor como puede y por tu propio bien es mejor que no cargues con el de los demás y no dejes que se proyecten en ti.

Eres valioso sea como sea tu vida y tu condición. Rodéate de personas que lo sepan.

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