Cómo pedir el divorcio

En Relaciones
Relación tóxica
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En España se producen alrededor de siete rupturas por cada diez matrimonios y nos situamos los sextos en la lista mundial de divorcios. Ya no es excepcional romper la promesa del Sí, quiero, pues pocos llegan a perdurar ese amor para toda la vida más allá de los 16 años de relación. La monogamia tal y como la entendían nuestros mayores parece cosa del pasado y las relaciones efímeras se han convertido en un problema global que deja pocos supervivientes. Si estás planteándote romper con tu marido o tu mujer, o si tienes dudas… ¡No te preocupes! Te damos las claves para que no te sumas en la desesperación.

Para empezar: jamás saques conclusiones sobre lo que debes hacer basándote en la experiencia de otros. Cada relación es diferente y no podemos ni debemos encajar en el molde de una supuesta medidas correcta. Un divorcio casi siempre será muy doloroso y no debemos caer en las falacias. Escúchate y piensa en cuáles son tus motivos:

Se acabó el amor

Vale, pero ¿qué es el amor? Este sentimiento se ha ido modificando y encauzando según la época histórica en la que nos encontremos. Por ejemplo, los griegos utilizaban diferentes expresiones para especificar qué tipo de amores existían: el eros, que era el erótico o pasional; el ágape, que era el sentimiento puro e incondicional; y la filia, que hacía referencia a aquel amor que profesamos hacia determinadas cosas. Pero a lo largo del tiempo el amor se ha ido distorsionando, generalizando y matizando. El amor romántico ha tenido connotaciones muy peligrosas, sobre todo para la mujer, donde el hombre debía ser el centro de sus vidas. Una mujer sola no valía nada en absoluto. Afortunadamente hemos ido sanando esa brecha y la soltería ya no es el fin del mundo. Aunque, por el camino, nos hemos dejado muchas cosas. En un mundo de ‘consumo rápido’ ya no tenemos un trabajo fijo, no compramos casas –las alquilamos por un tiempo– y preferimos la comida precocinada a pasar un poco más de tiempo en la cocina. Y evidentemente lo mismo ha ocurrido con las relaciones. Lejos de entrar en la mentira de que ‘cualquier tiempo pasado fue mejor’, lo que sí es innegociable es que cada vez somos más individualistas y estamos más desgastados. Es muy difícil encontrar un amor que sea a la vez eros (pasional) y ágape (incondicional, puro). Pero si algún día sentimos que lo tuvimos y que siguen quedando cenizas de aquello, no dudemos en darnos –y darle – una segunda oportunidad. Solo tenemos una vida, es cierto, y por eso mismo no debemos perder el tiempo no amando lo que estuvo delante de nosotros.

Has luchado sola por la relación y te has desgastado

Una cosa es luchar y otra cosa muy distinta es dejarte a ti misma por el camino. Si has intentado mantener la pasión y la intimidad con tu pareja pero él o ella sólo ha estado pendiente de sí mismo/a, lo mejor es que sepas retirarte a tiempo. Todos tenemos un límite y el amor por el que más tienes que luchar es por el tuyo mismo.

Has conocido a otra persona

Si has conocido a otra persona, entonces la situación se vuelve algo más compleja. Deberías cuestionarte si es porque ya no sientes nada por tu marido o mujer, o bien es porque estás idealizando a una persona ajena a la relación por otros motivos. A veces las relaciones se vuelven algo rutinarias y los humanos necesitamos la imaginación y la fantasía para escapar de la mediocridad. Pero es peligroso, porque la otra persona es tan de carne y hueso como tu pareja. Baraja las opciones y anda con cuidado, porque podrías destrozar la autoestima de la persona con la que estableciste un compromiso de fidelidad. Sé valiente y consecuente.

Tienes una relación tóxica

Si estás en este punto, olvida todo lo anterior. No hay nada más erróneo que permanecer con una persona que no respeta tu independencia y libertad. Muchas veces una relación que comienza siendo idílica se transforma en una serie de ataques psicológicos muy dañinos, que pueden ser proferidos por ambos miembros o sólo por una parte de la pareja. Si los ataques son mutuos lo mejor es que acudáis a un experto y hagáis terapia. Porque si no, sea juntos o por separado, no podréis tener una relación sana. Si te sientes maltratada psicológicamente, o incluso físicamente, por favor, sal de ahí. No te calles, divorciarte y denuncia.

Algo que no puedes perdonar

Ya sea una infidelidad o un grave daño a nivel personal que no puedes perdonar por tu propio bien, lo mejor es que sepas perdonar. Y no significa que no tengas que divorciarte, por supuesto que estás en tu derecho. Pero lo mejor, por el bien de ambos, es que se rompa el vínculo pero desde la paz y no desde el rencor. Date tiempo.

¿Lo tienes claro?

Una vez tengas claro de qué situación partes, será más sencillo establecer un método de actuación. Lo primero es que seas honesta y le expongas tus dudas o tu decisión a tu pareja. Puede que sea difícil, sobre todo si se ha perdido la comunicación, pero te quitarás un peso de encima y empezarás a construir cosas verdaderas, sea hacia un lado u otro. La situación cambia bastante si tenéis hijos, por lo que deberás andar con más cuidado. Queda absolutamente prohibido hablar de esto delante de ellos, podrías hacerles sentir responsables de la situación y causarles bastantes daños emocionales si discutís en frente de ellos. Debéis hacerles entender que las relaciones no son fáciles, pero tampoco podéis someterlos a un dolor tan grande como ver a dos personas que aman por igual enfrentándose. En el caso de que os separéis, seguiréis teniendo en común a vuestros hijos y por su propio bien lo mejor es seguir siendo sus dos figuras de referencia, sin ataques ni bandos. Todo cambia si alguna parte de la relación ejerce un maltrato hacia su cónyuge o sus hijos. En ese caso, convendría poner el asunto en manos de los servicios sociales.

Esta decisión no se puede tomar como un impulso, ni se ejecuta de la noche a la mañana. Lo más sano es que a nadie le pille por sorpresa, por lo que antes de poner sobre la mesa el tema del divorcio, debes comunicarle cómo te sientes para que esté sobre aviso. Probablemente pasemos un proceso de dudas, oportunidades e incluso ayuda psicológica. Pero si nada de esto funciona, debemos pasar esta etapa con la mayor justicia y paz posible.

Ten respeto por todo lo que habéis vivido, tanto lo bueno como lo malo. No es el momento para reproches, discusiones o asuntos pendientes. No sirve de nada revivir momentos dolorosos. En su lugar habla de sensaciones, de por qué ya no puedes continuar con él o ella, trata de ser honesta. Si el amor fue de los dos, los motivos por los que se acabó también los compartís (aunque siempre habrá excepciones). Por tanto, no le eches la culpa, habla desde el ‘nosotros’. Es muy importante que sepamos mantenernos serenos, asertivos y que no perdamos ni los nervios ni el respeto, por no destruir los recuerdos que os unen y todo lo que creasteis juntos. Se puede romper un compromiso y seguir adelante, pero no reharemos nuestra vida de forma plena si renunciamos a nuestro pasado. Lo ideal es que empieces la conversación cuando tu pareja esté tranquila, en un ambiente relajado y, sobre todo, íntimo. Si tienes miedo ante una posible agresión debido a la noticia, entonces asegúrate de no estar sola, o toma medidas judiciales. Tener miedo de tu pareja sólo refuerza el poder –y el acierto– de tu decisión.

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