Cómo hablar de lo que te molesta con tu pareja

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Cómo hablar con tu pareja
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No todas las parejas tienen la misma confianza ni tampoco todas discuten por igual o por las mismas cosas, pero ¿qué hay de lo que nos molesta de nuestra propia pareja? ¿Se dice o no se dice? ¿Tenéis la suficiente confianza para hacerlo? ¿Se debe decir todo lo que a uno le molesta del otro?

Está claro que algo siempre nos va a molestar de nuestra pareja, a no ser que lleves tan poco tiempo con ella que solamente hayas podido ver la persona tan perfecta y maravillosa que es, pero eh… frena. Dentro de poco se te caerán algunos mitos de tu Dios o Diosa del Olimpo porque no, por desgracia, al igual que tú, tiene defectos que más tarde o temprano acabarás descubriendo. Y es que las cosas son así.  Sin embargo, a medida que los vas viendo y a medida también que va pasando el tiempo una se da cuenta de que existen cosas que pueden molestarnos más o menos de su pareja, pero que no hace falta decir o repetir constantemente. Porque, al fin y al cabo, la magia de cada uno está muchas veces en esos pequeños fallos o defectos, y no en sus virtudes.

Sin embargo, si algo, por ejemplo, en la convivencia con la pareja molesta y mucho sí ha de hablarse, aunque siempre de forma tranquila y relajada, y no enfadándonos o gritando por toda la casa. Eso debe evitarse. Hay cosas que, efectivamente, pueden molestar al otro por cualquier motivo y si se quiere a la otra persona se debe intentar cambiar o mejorar. Eso no significa, no obstante, que constantemente tengamos que decir cada cosa que nos molesta un poco.

Y sí, puede que la tapa del váter se la dejen levantada el 98% de los hombres, pero si es realmente algo que te molesta desde siempre porque tú jamás la dejas levantada y es algo que llevas fatal, debes decírselo para que, en la medida de lo posible, la baje. No obstante, para muchas personas es cierto que esto puede ser una tontería y que, bueno, si se olvida casi todos los días no pasa nada. Pues bien, esta tontería que a alguien le molesta realmente verlo en su hogar cada día a cada rato ha de cambiar porque realmente sí molesta, aunque si lo comentamos sin más, enfadándonos un poco y diciendo que no lo haga más, no servirá de mucho.

Por eso, las cosas que molesten y que, por supuesto, molesten de verdad hay que decirlas siempre. Una buena manera de hablar adecuadamente de lo que te molesta de tu pareja es sentarte en primer lugar a hablar con él o ella. Siempre, eso sí, de manera tranquila, relajada y pausada y siempre asegurándonos de que ambos tenemos un “buen día” y es un momento también adecuado para los dos sentarse a hablar sobre una serie de cosas que molestan del otro.

Lo más inteligente sería hacer esto al poco tiempo de empezar a vivir juntos si habéis notado que en estos primeros meses de convivencia habéis discutido más de lo habitual. Analiza por separado varias de las cosas que te molesten realmente de él y díselas, pero antes piensa bien la manera en la que se lo vas a decir. Irse a vivir juntos siempre es un paso importante, que puede complicarse algo más si uno de los dos miembros de la pareja ya vivía solo en su casa. Tendrá una serie de “normas” o “manías” previas que no han de tener que aceptarse en todos los casos ya que es posible que el otro no le de tanta importancia o no le agraden demasiado.

Tras tener claro qué realmente tiene importancia para nosotros mismos y qué no vamos a poder aguantar por nuestra forma de ser o por nuestro carácter de nuestra pareja para después transmitírselo al otro, aunque siempre de la forma adecuada. Tu pareja, no obstante, tendrá que valorar la importancia que le da a eso que tanto te duele o te molesta ver y si le puede restar él la importancia y cambiarlo. Con el resto de cosas podéis hacer igual, siempre y cuando pueda haber un equilibrio.

Pero si el problema son las discusiones de después…

Puede ser también que tu pareja sea de esas a las que no se les puede decir nada porque tienen, digamos, un carácter algo especial y todo lo que digas en su contra le molestará o porque quizás tú no lo dices de la manera en la que deberías. Está claro, no obstante, que esto sin comerlo ni beberlo puede convertirse en una carrera de obstáculos para muchos, pero se puede superar y afrontar adecuadamente.

El problema por desgracia en la mayoría de las ocasiones viene especialmente porque muchas veces la manera de decir las cosas no es la correcta. Muchas de nosotras tendemos a poner una etiqueta y a repetir constantemente algunas frases que en realidad no deberían transmitirse así a la otra persona con frases como “eres un egoísta” o “se te da mal cocinar”. No hay nada que nos ponga más a la defensiva a los seres humanos que nos digan cómo somos y que, además, digan que esa manera de ser está mal, que es inadecuada… porque esto nos conecta con el rechazo o con que nos están regañando, aunque no sea nuestra intención el hacerlo.

Porque, buenas noticias, se pueden decir las cosas que te molestan de alguien sin discutir si es lo que realmente te preocupa, pero ¿quieres saber cómo? Pues bien, solamente necesitas tres pasos:

1- No le digas a la persona lo que es o no, sino lo que has observado de él o ella, como el hecho de ser egoísta. Ejemplo: “Las tres últimas veces te pedí que me ayudaras me dijiste que no podías”. Se sustituye el verbo “ser” por lo que “hizo”, pero de manera muy concreta: “me dijiste que no podías”.

2- Indica a la persona el contexto en el que pasa eso que tú estás criticando. ¿Es siempre egoísta? No es que siempre sea un egoísta, algo que por supuesto además tiene una connotación muy negativa, sino que las “X veces” que fueran que le pediste algo “no lo hizo”. Ahí se le está ofreciendo a la otra persona un marco muy concreto en el que eso ha pasado.

3- En vez de transmitir a la otra persona la idea de que eso que tú le estás criticando está mal, habla de ti, de lo que te pasa o de lo que sientes. La sensación que te produce a ti el que esa persona no haya hecho en ese momento lo que le has pedido, diciéndole que te cansas o que te sientes sola en esos momentos, sin apoyo o sin ayuda.

Y recuerda, en todas las relaciones hay diferencias, más grandes o más pequeñas, pero muchas al fin y al cabo y por eso, pensar en otra cosa es una ilusión. Hay formas de poder decirle al otro lo que nos molesta y no acabar discutiendo y ya las has podido descubrir de la mano de algunos terapeutas.

Y vosotros ¿ya lo habéis conseguido hablar las cosas y sin discutir?

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