¿Cómo ganar la batalla contra la grasa del vientre?

En Belleza
Grasa en la tripa
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Entre las indignidades de envejecer hay una que molesta a muchas mujeres: esa progresiva tendencia a aumentar de peso, ya que nuestro metabolismo en reposo se ralentiza, aproximadamente del 1 al 2 por ciento cada década. Pero lo que es peor, al menos para las mujeres, es que ese exceso de grasa, a partir de la menopausia, empieza a acumularse en la cintura. En lugar de engordar de las caderas y los muslos, comenzamos a agregar rollos alrededor del abdomen, un patrón más típico de los hombres hasta ese momento, que notoriamente transforma a las mujeres mayores de peras en manzanas.

Pero este cambio no es solo estético. Según diversos estudios, una alta relación cintura-cadera augura un mayor riesgo de enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular, diabetes, síndrome metabólico e incluso ciertos cánceres, tanto en hombres como en mujeres. El cambio ayuda a explicar por qué, después de la menopausia, las mujeres comienzan a alcanzar a los hombres en sus tasas de enfermedad cardiovascular. Y esos kilos de más, encima, son costosos. Un estudio danés de 2008 descubrió que, por cada pulgada agregada a una cintura saludable, los costos anuales de atención médica aumentaron aproximadamente un 3% para las mujeres y un 5% para los hombres.

Los investigadores han estado estudiando durante décadas la “extensión de cintura de la mediana edad”, pero todavía hay debate sobre por qué sucede, si es una causa o simplemente un indicador de los riesgos para la salud, y qué se puede hacer para evitarlo.

A medida que envejecemos, depositamos relativamente más exceso de grasa alrededor de nuestros órganos abdominales en lugar de debajo de la piel, donde se encuentra la mayor parte de nuestra grasa corporal. Sin embargo, hay algunas diferencias étnicas y raciales, según señala el endocrinólogo Robert Eckel, director de la Clínica de lípidos en el Hospital de la Universidad de Colorado. Para una circunferencia de cintura dada, los afroamericanos tienden a tener menos de esta grasa visceral, y los asiáticos tienden a tener más. La grasa visceral difiere de la grasa subcutánea en que libera ácidos grasos y sustancias inflamatorias directamente en el hígado en lugar de en la circulación general. Algunos expertos creen que esto puede jugar un papel directo en la causa de las enfermedades relacionadas con la obesidad abdominal.

Pero no todos están de acuerdo. Samuel Klein, que dirige el Centro de Nutrición Humana de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en St. Louis, publicó datos que muestran que los factores clave en esas enfermedades, como la sensibilidad a la insulina y los niveles de triglicéridos, están más estrechamente relacionados con la cantidad de grasa dentro del hígado en lugar de fuera de él, aunque los dos tienden a seguir uno al otro. La grasa del vientre, según él, es un marcador de riesgo, no una causa, pero es un indicador importante y mucho más fácil de medir que la grasa hepática. Solo hace falta una cinta métrica.

Otra área de incertidumbre es por qué acumulamos más grasa visceral al envejecer. Claramente, las hormonas sexuales están involucradas, dado que el cambio ocurre en las mujeres alrededor de la menopausia. Pero es más complicado que tener más o menos estrógeno. Por ejemplo, las mujeres jóvenes con síndrome de ovario poliquístico tienden a tener la forma de la manzana y la resistencia a la insulina, aunque sus cuerpos producen mucho estrógeno. Tales mujeres, sin embargo, tienen altos niveles de andrógenos. Otro ejemplo que implica que las hormonas no son la única causa: cuando los hombres transgénero, que son biológicamente femeninos, toman andrógenos para masculinizar su cuerpo, también desarrollan intolerancia a la grasa y más grasa visceral. Ambos ejemplos sugieren que un desequilibrio relativo de hormonas masculinas y femeninas puede ser la causa.

Pero aún no hay estudios que confirmen este punto, y son muchas las nuevas teorías que surgen cada año, como una publicada hace poco en la revista Nature en la que los investigadores que la habían realizado aseguraban que podían reducir radicalmente la grasa corporal, incluida la grasa visceral, y aumentar las tasas metabólicas en ratones al bloquear la acción de la hormona folículoestimulante (FSH), una sustancia mejor conocida por su papel en la reproducción. ¿Podría la FSH ser la clave del rompecabezas sobre el aumento de peso de la mediana edad? Los investigadores habían demostrado anteriormente que el bloqueo de la FSH podría detener la pérdida ósea, lo que plantea la intrigante posibilidad de un crear un medicamento que pueda, a la vez, combatir la obesidad y la osteoporosis. “El siguiente paso es llevar esto a los humanos”, dice el autor principal Mone Zaidi, de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinaí.

Por supuesto, hay que tener en cuenta que los ratones no son iguales que los humanos y muchos descubrimientos emocionantes que se han logrado en ratones no han podido replicarse en humanos, y combatir la programación evolutiva para almacenar grasa es particularmente difícil. Klein, por ejemplo, ha probado si la eliminación de la grasa corporal con liposucción o extirpación quirúrgica de la grasa visceral en pacientes obesos reducía los factores de riesgo de diabetes y enfermedad cardíaca. Y la respuesta fue no.

Por lo que sabemos, actualmente solo hay una manera de luchar contra el malvado plan de la naturaleza de hacernos aparecer unas manzanas a partir de los 50 años, y es comer menos grasas, seguir una dieta más sana y hacer ejercicio. Por el momento, no hay nada más que pueda ayudarnos a evitar esos temibles rollos en la cintura. Aunque, quién sabe, quizá en el futuro una simple pastilla nos libre de esos kilos y de los riesgos asociados a ellos.

Foto: Created by Bearfotos – Freepik.com

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