Cómo evitar malentendidos al hacer preguntas

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Malentendido
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Al hacer o responder preguntas, es importante hacerlo con propiedad, explicando bien los motivos y suposiciones ya que, de esta manera, se obtendrán y darán respuestas más rápidamente y se evitarán malentendidos que pueden dar lugar a problemas mayores.

Las preguntas se usan de manera muy habitual en el lenguaje hablado y escrito. Al preguntar, queremos que la otra persona nos dé una respuesta clara y precisa sobre aquello que no entendemos o que nos preocupa. El problema es que, muchas veces, no preguntamos exactamente lo que queremos saber, sino que hacemos una pregunta general o mal formulada que la otra persona no entiende, lo que da lugar a malentendidos tontos, discusiones o conversaciones de “besugo” que se alargan y nos hacen perder el tiempo.

Por ejemplo, muchas veces, cuando vemos que alguien está haciendo algo mal, indignados preguntamos “¿Estás tonto?”, lo cual, además de no ser nada concreto, puede resultar ofensivo. En su lugar, lo que tenemos que decir es algo como “¿Por qué estás poniendo tanta cantidad de sal en la ensalada?”. De este modo, obtendremos una respuesta exacta y no causaremos conflictos.

Otras veces, el problema es que hemos ocultado el contexto. Cuando nosotros formulamos una pregunta, en nuestra mente tenemos un contexto para la misma. Sabemos algunas cosas, no conocemos otras y tenemos ciertos objetivos. Pero todo eso es invisible para la persona a la que estamos preguntando a no ser que se lo expliquemos. Por ello, es casi sorprendente cómo es posible que, en muchas ocasiones, consigamos tener una comunicación exitosa con lo mal que nos explicamos.

Además, antes de hacer una pregunta, especialmente en tono molesto, es necesario hacer un inventario mental rápido. Pregúntate “¿cuál es mi verdadera preocupación?”, y comprueba si tu pregunta refleja directamente lo que necesitas saber. Pregúntate “¿cuál es la evidencia que provocó mi pregunta?”, e incluye eso también si tiene sentido.

Incorpora tu objetivo, lo que sabes y lo que realmente quieres saber a tu pregunta para que todo quede más claro.

Algunos otros ejemplos de preguntas que podríamos hacernos, y la pregunta real que queremos responder, serían:

– “¿Cómo va el inventario?” se convierte en “No he visto el informe de estado del inventario todavía. ¿Estamos en camino de hacerlo en nuestra fecha límite de fin de mes?”.

– “¿Ya llamó a su cliente potencial?” se convierte en “No he oído hablar de Prospect X, por lo que no conozco nuestro estado de ingresos. ¿Estamos en camino de cumplir nuestras metas de ventas?”.

Una pregunta que pregunta lo que realmente quieres saber, y que deja claro qué evidencia (o falta de evidencia) está desencadenando la pregunta, tiene muchas más posibilidades de obtener la respuesta que realmente necesitas. Una pregunta con contexto es mejor que una pregunta sola.

No respondemos lo que se nos pide

La cara del mismo problema es que a menudo no respondemos a la pregunta que nos hacen. A veces, porque estamos tratando de responder a lo que creemos que realmente nos preguntan, otras veces, porque somos perezosos. Y es que muchas veces hacemos preguntas que nosotros podemos contestar, pero preferimos preguntar en lugar de buscar la respuesta. Si la otra persona sabe eso, puede no querer contestarnos o hacerlo mal adrede, lo que de nuevo desencadenará un conflicto o malentendido.

De nuevo, al responder debemos asegurarnos de qué nos están preguntando y poner sobre la mesa nuestro contexto mental, así como conocer el de la otra persona para que sepamos qué es exactamente lo que quiere saber el otro, y él sepa qué es lo que nosotros sabemos.

La comunicación puede ser engañosa muchas veces. Cuando se trata de hacer preguntas, sabemos por qué preguntamos y qué nos impulsa a preguntar. La persona con la que estamos hablando no lo sabe, sin embargo. Al hacer tu experiencia explícita y hacer tu pregunta real, es más probable que obtengas la respuesta que deseas, con un mínimo de drama. Y al responder a las preguntas de los demás, debes responder a la pregunta que te hicieron y luego continuar abordando lo que crees que pudo haber sido la verdadera pregunta detrás de la pregunta.

Foto: Creado por Yanalya – Freepik.com

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