Cómo establecer prioridades en la vida

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Muchas veces nos detenemos a pensar en si realmente estamos dedicando el tiempo a lo que queremos o deseamos. Es algo habitual, sobre todo, cuando nos encontramos ante situaciones de la vida en las que tenemos que elegir entre una u otra opción.

Con esto nos referimos, por ejemplo, a cuando trabajamos durante muchas horas, pero queremos ser madres, o a cuando estudiamos a la vez que trabajamos. En estos casos, y en muchos más, nos vemos obligadas a elegir qué nos conviene más o a intentar compaginarlo de la manera más adecuada posible.

Con frecuencia nos sentimos agobiadas porque intentamos determinar qué es realmente importante para nosotras, pero no lo conseguimos porque tomar decisiones no es una tarea fácil para muchas de nosotras, y con razón, si además nos acostumbramos a tomar en cuenta cada cosa y a cada persona por igual. Si no valoramos el nivel de importancia nos resultará muy complicado elegir el camino adecuado.

Es cierto que no siempre hay que rechazar una u otra si se pueden llevar bien. Sin embargo, no todas las mujeres somos iguales y no sabemos, o simplemente no tenemos las pautas para poder conseguirlo. Determinar cuáles son las prioridades en nuestra vida es una forma sencilla de identificar lo que es más importante para nosotras.

En primer lugar, hay que saber que algo fundamental es contestar a las cinco preguntas que realmente nos ayudarán a establecer nuestras propias prioridades: quién, cómo, dónde, cuándo y por qué.

¿Quién?: al tomar una decisión debemos ser conscientes de si realmente nos afecta a nosotras o a otras personas cercanas a nuestro alrededor. Por eso, las decisiones que tomemos no deben afectar a nadie externo y siempre debe ser de manera positiva.

¿Cómo?: cuando nos veamos envueltas en alguna decisión, debemos siempre preguntarnos cuál es el método para declarar nuestro propósito. Es decir, cómo lo vamos a llevar a cabo y si será beneficioso para nosotras.

¿Dónde?: dónde afectará esta decisión es otra pregunta fundamental, pues hay que ser consciente del área a la que va afectar, como podría ser la laboral, la amorosa o la de progreso personal y crecimiento.

¿Cuándo?: el momento en el que tendrá lugar nuestra acción es muy importante, aunque depende un poco del ámbito con el que tenga relación. Por ejemplo, una decisión que tenga relación con nuestra familia nos afectará durante toda nuestra vida.

¿Por qué?: quizás sea la pregunta clave, ya que la respuesta a esto es más bien un motivo que hay que contemplar durante al menos un tiempo en nuestra cabeza. Es decir, un por qué tengo que hacer una determinada cosa o por qué he de tomar esta decisión, hará que podamos valorar el nivel de prioridad que posee.

Respondiendo con honestidad y sinceridad, será más sencillo comenzar a valorar qué prioridades son más importantes en nuestra vida y cuáles nos beneficiarán más a lo largo de ella.

Sin embargo, y por desgracia, en ocasiones nos tenemos que topar con algunas personas que nos convencen de que somos demasiado mayores para hacer algo, de que debemos emplear nuestro tiempo en algo verdaderamente útil y no en lo que nos gusta realmente, o que debemos ser más realistas y dejar de soñar. Pero ¿estamos seguros de que llevan razón?

Cuando nuestro carácter no contiene, por ejemplo, una fuerte personalidad, es más probable que dudemos de nuestras prioridades en la vida. Pero, y a pesar de que estas son variables, pues son aspectos que mueven nuestras acciones y que nos hacen ser quien somos, hay que tenerlas muy claras. Establecer prioridades hará nuestro camino mucho más sencillo.

  1. Priorizar las tareas con las que realmente disfrutemos. Podemos optar por elaborar una pequeña lista de lo que hacemos cada día y analizar de manera objetiva qué es a lo que dedicamos más tiempo, y observar si es realmente a lo que más tiempo queremos dedicar.
  2. Enfocar los temas que nos hagan crecer. Miles de cosas cada día están presentes en nuestra cabeza, pero si nos detenemos un segundo a pensar en si realmente alguna de esas nos hace crecer y cuál, el resto de las preocupaciones se resolverán solas.
  3. No arreglar, cambiar. A menudo creemos, por inercia, que intentar arreglar nuestra vida es favorable. Sin embargo, si nos detenemos a valorar por qué realmente lo arreglamos o cuánto tiempo llevamos haciéndolo, nos daremos cuenta de que quizás sea mejor cambiarlo.
  4. Olvidar la perfección. Nada ni nadie es perfecto y debemos aceptarlo. Aunque para muchos es muy difícil reconocerlo, querer tener todo bajo control implica, en la mayoría de las ocasiones, que estamos haciendo lo urgente y no lo verdaderamente importante.

Finalmente, debemos recordar que establecer prioridades nos ayudará a lograr nuestros objetivos, a disfrutar de las experiencias y a aumentar nuestro estado del bienestar.

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