Cómo entender el dolor ajeno

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Sentir el dolor ajeno
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Cualquiera puede sentir dolor en algún momento determinado de su vida. Sin embargo, cuando lo sufren los demás a veces no es tan sencillo de entender ¿verdad? Ante el dolor ajeno suelen, por norma general, darse dos posturas distintas según la psicóloga Nika Vázquez. Una de ellas es la sobreimplicación y el sufrimiento, y otra la de distanciamiento físico y emocional. La primera se caracteriza por una extrema empatía con el individuo que sufre dolor, y la otra (la más desadaptativa) es la que impide ayudar al otro y ser un soporte para él.

Si nos centramos en el sufrimiento que le provoca al individuo su propio dolor, la otra persona puede alejarse emocionalmente del individuo que lo sufre. Por norma general, el sufrimiento propio se tolera y maneja mucho mejor que el ajeno. La otra postura, la de distanciamiento físico y emocional, tiene que ver más bien con el sentimiento de incapacidad de no saber qué hacer en la situación, así como un intento de evitar el sufrimiento. Ante tal creencia de incapacidad, de no querer hacer más daño al otro con los propios sentimientos o palabras, la persona lo que hace es alejarse de la persona que siente dolor.

¿Qué es la empatía?

La empatía es el sentimiento de percibir, compartir y entender las emociones o el estado mental de otra persona. En diversos estudios parece corroborarse que el sentimiento de la empatía está estrechamente relacionado con la activación de las áreas del cerebro que procesan la información a la cual somos empáticos. Una de las hipótesis más aceptadas hasta el momento es que el ser humano “entiende” el sentimiento del otro, es decir, “que somos empáticos” al representar en nuestro cerebro lo que les está sucediendo en un determinado momento. Por eso, cuando vemos a una persona con dolor, nuestro cerebro activa distintas áreas que participan en el procesamiento del dolor propio.

Todos los seres humanos nacemos con la destreza o capacidad emocional de ser empáticos. Es impensable, por tanto, que una persona que no siente empatía hacia otra pueda percibir el dolor o el sufrimiento del otro, pueda imaginar lo que está pasando o pueda desarrollar estrategias para solventar y manejar el dolor.

Pero ¿por qué somos capaces de sentir dolor ajeno?

Lo cierto es que la capacidad de sentir el dolor ajeno no es una metáfora como muchos creen, sino más bien un fenómeno causado por diferentes factores biológicos. Un estudio que hizo un grupo de científicos italianos descubrió en la década de los 90 un tipo especial de células cerebrales, las neuronas especulares. Los investigadores realizaron pruebas en monos, dándoles nueces y registrando su actividad neuronal. Lo que pasaba entonces es que las mismas áreas del cerebro se manifestaban de forma más activa cuando los monos estaban comiendo por su cuenta y cuando veían a otros comiendo.

Un comportamiento similar, aunque mucho más desarrollado, pudo ser detectado en humanos y, al parecer, una de las razones por las que las personas somos capaces de imitar comportamientos. A pesar de ser un mecanismo que se encuentra en aves y en monos, este se enriqueció aún más en los humanos. Los científicos afirmaban que, cuando a alguien le duele algo, se le reactivan las neuronas como si fuese la misma persona, por lo que no solo entiende su dolor, sino que también se puede llegar a sentir. También se destacó que este mecanismo funciona solamente cuando lo que observamos está en movimiento.

Este fenómeno, a su vez, es susceptible de ser regulado, es decir, es posible estimularlo o inhibirlo, aunque en ocasiones también es importante suprimirlo. Además, esta técnica se puede utilizar de forma consciente. Ante el dolor del otro es bueno pararse a pensar y descubrir quién va a ser el foco de atención, si el doliente o nosotros mismos, o ambos, ya que es posible ayudar al otro a llevar y superar su dolor y su sufrimiento. Además, contar con el apoyo adecuado en momentos difíciles y sentirse querido y apoyado durante ese proceso es, sin duda, uno de los puntos más importantes en la evolución del dolor. Existe una relación directamente proporcional entre el estado de ánimo y el sistema inmune. Por eso, desarrollar estrategias para el bienestar emocional del doliente hará que sus defensas puedan combatir mejor el dolor y el sufrimiento.

¿Has oído hablar de la inteligencia emocional?

El manejo emocional del dolor ajeno es posible sin sobreimplicarnos y sin alejarnos del doliente. Para ello, la inteligencia emocional es fundamental. Esta es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos. Será imposible saber reconocer y manejarnos con las emociones de los demás si no sabemos reconocer y manejar las propias. Por este motivo, para manejarnos emocionalmente con el dolor ajeno, es primordial aprender a distinguir qué emociones tenemos y qué emoción, por supuesto, emerge en cada situación.

Después, una vez se controle ya la emoción y se haya manejado de un modo adaptativo, podemos comenzar a ayudar al individuo que siente dolor a través de sus emociones, sin miedo al dolor y sin miedo a lo que pueda pasar.

Fuente:

“Manejo emocional ante el dolor ajeno” http://www.revista-critica.com/la-revista/monografico/enfoque/390-manejo-emocional-ante-el-dolor-ajeno

Foto: Freepik.com

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