Cómo decir a tu jefe que renuncias

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Mujer jefa
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El tiempo promedio que un ser humano dedica en su vida a trabajar es de 8 o 9 años, que corresponde cerca de la décima parte de su vida. Se trata de uno de los asuntos que más tiempo precisan, por lo que los niveles de satisfacción en el trabajo son casi tan importantes como dormir lo suficiente o estar bien alimentado. Desde que se inició la crisis económica muchos jóvenes se han visto obligados a emigrar, a especializarse y/o a buscar nuevos nichos de mercado. En cuanto a los veteranos, muchos se han visto en la calle después de una larga vida laboral, obligados a una prejubilación injusta debido a la imposibilidad de ser contratados en otras empresas. Sea como sea, tener un trabajo ya se considera un privilegio independientemente de la dignidad y las condiciones salariales. Pero no podemos caer en la desidia de aceptar trabajos por debajo de nuestras aspiraciones o donde no se nos valore, por mucho que la situación nacional sea pésima.

Un estudio del ‘The Work Force View in Europe 2017’ de ADP (Automatic Data Processing), -proveedor global experto en soluciones de Gestión del Capital Humano (HCM)– entrevistó a casi 10.000 trabajadores de toda Europa, abarcando todos los sectores industriales, y analizó cómo percibían ellos el futuro laboral. Las conclusiones apuntaron a que los empleados que más contentos estaban con su trabajo eran los de los Países Bajos, Polonia y Suiza. Por su parte, los españoles nos encontrábamos en cuarta posición. Estos resultados contrastan con los datos de parados, que siguen aumentando y manteniéndose a niveles muy peligrosos. Por eso, renunciar siempre es una decisión difícil de tomar, especialmente cuando sabemos que nuestra despedida es ‘peligrosa’ en un contexto donde cualquier empleo es un privilegio. Eso sumado a que puede afectar a terceros, ya sea familiares, gente a nuestro cargo o incluso a la misma empresa. Pero en ocasiones la vida nos pone en la disyuntiva de tener que dar ese paso, por nuestro bienestar a largo plazo.

Sea cual sea tu situación, renunciar a un trabajo es una despedida que afectará negativamente –en la mayoría de los casos– a tu empresa. Por eso tienes que dulcificar ese tránsito, para hacer tu marcha mucho más llevadera y facilitar la reincorporación de otra persona en tu lugar.

Comunica con antelación

Este es el paso clave para que la despedida no perjudique demasiado a nadie. Lo ideal es que lo hagas con un mes de antelación como mínimo, pero si no es posible al menos con dos semanas de diferencia. Lo mejor es que leas tu contrato, porque puede que exista una penalización en el caso de que te saltes los tiempos que hay establecidos. Tu empresa debe encontrar a alguien con unas habilidades parecidas a las tuyas para ocupar tu puesto, y para ello necesitará tiempo antes de que te vayas.

Si existe una comunicación entre la empresa, habla con tu superior con calma antes de elaborar la carta de renuncia. Sé discreto y no dejes correr por los pasillos la noticia antes de hablar con tu jefe. Si has sido un buen trabajador, será difícil que tu jefe acepte tu renuncia, por eso, haz todo lo posible para suavizar el golpe. Envíale un correo electrónico o llámalo por teléfono para solicitar una reunión privada. Pero lo más importante es que, sean cuales sean los motivos de tu marcha –incluso si es por discrepancias con algún miembro del equipo o a alguna insatisfacción de índole salarial o de condiciones de trabajo–, empieces siempre la conversación por reconocer y agradecer todo lo positivo que te ha aportado trabajar en la empresa. No sirve de nada quedarse con lo malo, y menos teniendo la postura firme de renunciar.

Habla con honestidad y educación

Durante la reunión con tu jefe, explícale con el mayor respeto posible por qué has decidido dejar la compañía. Si estás renunciando para aceptar una mejor propuesta de empleo en otra empresa, enumera las ventajas profesionales que esta decisión te traerá, pero hazlo con humildad, de forma que tus responsabilidades actuales o el valor de tu trabajo no se vean minimizadas o despreciadas. A tu superior seguro que le interesa saber más acerca de tu nueva oportunidad, para barajar las condiciones laborales de la competencia, aunque tampoco tienes que decir en dónde trabajarás si no quieres o si te vas porque sientes que no te han valorado.

Si tu jefe hace una contraoferta, –ya sea con un ascenso, un aumento de sueldo o un cambio de responsabilidades–  no tomes la decisión en el momento… Tú tomas tus decisiones pensando en tu bienestar individual y no eres un objeto de regateo. Puedes barajar la oferta, pero sin presiones externas: valora detenidamente la propuesta y decide qué es más conveniente para ti. De ser necesario, pide un tiempo para pensarlo mejor y darle una respuesta. Por algo habías pensado en renunciar.

Elabora tu carta de renuncia

Elabora una carta de renuncia breve y directa. Incluye la fecha de renuncia y agradece a tu jefe por las oportunidades que recibiste durante el empleo. Expresa claramente los motivos de tu renuncia, y no olvides el tono amable por la experiencia adquirida en el empleo que dejas, tanto en el plano profesional como personal. Independientemente de cómo te sientas, abstente de incluir comentarios negativos sobre la empresa, tu jefe y/o tus compañeros de trabajo. Tu carta de renuncia se colocará en tu archivo personal y la forma en que dejes la compañía podría ser compartida con tus futuros empleadores.

Márchate con dignidad y elegancia

Continúa desempeñándote de la mejor manera hasta el día en que dejes la empresa. No te relajes por el hecho de que dejarás la compañía, pues por fortuna o por desgracia recordarán más los últimos días. Termina los proyectos que has iniciado y mantén a tu jefe actualizado sobre tu progreso. Si es posible, ayuda a encontrar y entrenar a tu reemplazo. Si hubiese oportunidad para ello, incluso podrías ayudar a entrenar a tu sustituto, pues nadie mejor que tú para enseñar tu labor. Esfuérzate por no dejar problemas ni tareas pendientes. Ya no sólo por dejar un buen sabor de boca, sino por ser solidario y ser tratado como te gustaría que lo hicieran en tu nueva empresa. Somos lo que hacemos.

La vida da muchas vueltas, y nunca sabemos si nos tocará volver al lugar que hoy dejamos, o necesitar la recomendación de jefes y colegas anteriores. Se suele decir que la primera impresión es la más importante, porque es la que hace que nos elijan. Pero la última lo es más porque es la que determina cómo nos recordarán. Tú eliges.

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