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Cómo actuar ante un jefe tirano

Cómo actuar ante un jefe tirano

Los jefes, queramos o no, influyen en nuestra evolución profesional pero también en lo personal, en nuestro verdadero disfrute en el trabajo, que es donde pasamos la mayor parte de nuestro tiempo. Por eso es fundamental intentar mantener un trato adecuado con ellos.

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Los jefes tiranos

Sabemos que la gran mayoría de los jefes intenta mantener la distancia con sus empleados dada la jerarquía. Sin embargo, algunos no solo tienen muy claro que ellos son los que mandan sino que además abusan de su poder dejando claro a sus trabajadores esa superioridad. Y son ellos, los malos jefes, los que acaban contaminando los lugares de trabajo.

Las personas que actúan de esa manera se convierten en seres tiranos, pues ejercen su poder de acuerdo a su propia voluntad y sin ningún tipo de justicia. Hoy, el concepto de tiranía lo identificamos con un uso abusivo y cruel por parte del “ser superior” hacia alguien que “está por debajo” de él.

Es cierto que no todo el mundo tiene la mala suerte de dar con un jefe tirano, pues siempre existirán personas que tengan un jefe maravilloso con el que nunca deban lidiar, alguien positivo que les ayude a progresar y ser mejores profesionales, a sentirse valorados por ello. Pero la vida no es siempre de color de rosa, y en cualquier momento y en cualquier empresa puede estar esperándonos un jefe tirano.

Sabemos que aunque su responsabilidad sea superior y el futuro de la empresa dependa de la alta profesionalización de sus trabajadores, eso no implica que tengan que convertirse en jefes opresores, déspotas o dictadores.

No obstante, es importante diferenciar esa tiranía de la que hablamos de una determinada exigencia que deben demandar como jefes. Deben ser exigentes, ya que, como decíamos anteriormente, están a cargo de la empresa, son los responsables de que las tareas se hagan a su debido tiempo y de que se cumplan los objetivos. Además, son ellos quienes deben ejercer su autoridad y supervisar a los trabajadores. Y por último, son nuestros jefes, sí, con los que tenemos que lidiar más a menudo de lo que nos gustaría, los mismos que se sienten presionados por otro jefe que “está por encima” de ellos. Así es. El jefe del jefe.

Por motivos como estos, debemos aceptar que tienen que exigir a sus trabajadores para que el trabajo resultante sea el adecuado. Sin embargo, esa exigencia debería quedarse en esos términos y no ir más allá, como sucede en algunas ocasiones, simplemente porque esa jerarquía imperante, ese poder de superioridad, les permite creer que están por encima de cualquiera, y más aún de sus trabajadores. Esa arrogancia, esa superioridad, es lo que hace que se conviertan en personas déspotas y tiranas que tratan con desprecio y crueldad a las personas con las que trabajan, pero a pesar de su jerarquía, todos y cada uno de ellos, jefes y no jefes, tienen que ejercer una profesión determinada, y la de los jefes no debería conllevar a la tiranía, nunca.

Sea como sea, la línea divisoria entre un jefe exigente y un jefe tirano está clara. Pueden existir jefes exigentes pero justos, y también jefes tiranos, que abusan de su poder en exceso y del nuestro.

Normalmente, aunque podamos diferenciar a un tirano en las películas, en la realidad no es tan sencillo. De hecho, y a pesar de que creamos que las malas formas es lo que les caracteriza, no estamos en lo cierto. Los jefes tóxicos serán los que actúen con peores formas, ya que los tiranos suelen disimularlo más. De hecho, una presión ejercida con una simple sonrisa irónica por parte de nuestro jefe puede afectarnos más que unas malas formas en un momento determinado. Por eso, es fundamental reconocer si estamos ante un tipo de exigencia o ante la tiranía.

¿Qué hacer si nuestro jefe es un tirano?

Una vez seamos conscientes de que estamos lidiando con un mal jefe, tirano y déspota, debemos actuar de manera adecuada, y aunque la manera de hacerlo dependa de la empresa, de las relaciones y de la cultura corporativa, existen algunos consejos comunes para intentar actuar ante un jefe tirano.

Una de las primeras soluciones puede resultar algo complicada y más sabiendo de antemano la actitud y el carácter de nuestro jefe. Pero la esperanza es lo último que se pierde. Por eso podemos intentar hablar con él cara a cara y explicarle cómo nos sentimos cuando se comporta de esa manera determinada. Intentar hacerle ver que lo único que deseamos es hacer nuestro trabajo de la manera más correcta posible. Probablemente, y teniendo en cuenta su actitud tirana, no logremos que la situación cambie demasiado.

Y es que, aunque se pueda dar el caso y la situación cambie algo al principio, lo más probable es que después de unas semanas nuestro jefe vuelva a su posición actual. Será ahí, justo en ese momento, cuando deberíamos ponernos en contacto con el departamento de RRHH para ver si ellos pueden ayudarnos, ya que entre sus funciones encontramos la de detectar el nivel de satisfacción del trabajador dentro de la organización y los motivos de descontento con la intención de aplicar las medidas correctas. Acudir al departamento es algo habitual y con ello, lo único que estamos intentando conseguir es alguna solución y que el clima en el trabajo cambie.

Si ellos no pueden ofrecernos una solución, o sí, pero no funciona con nuestro jefe, una de las últimas decisiones podría ser optar por buscar un nuevo trabajo, en el que tengamos la posibilidad de ser valorados por nuestro esfuerzo y trabajo diarios, y por consiguiente, intentar disfrutar de esa profesión que un buen día elegimos porque deseábamos ejercerla en el futuro.

Ante esto, es decir, ante la renuncia a nuestro trabajo, debemos ser consecuentes, no criticar a la que un día fue nuestra empresa y saber cuáles son nuestras prioridades ahora y en un futuro no muy lejano. Porque, quizás, el momento de dar un cambio a nuestra vida sea hoy, e intentar luchar por ese sueño que no hemos cumplido todavía sea ahora.

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