Cómo actuar ante un jefe prepotente

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Probablemente la falta de una plena felicidad en el trabajo se deba, en gran parte, a los malos jefes. Ellos influyen, en mayor o menor medida, en nuestro disfrute, evolución profesional y felicidad, pues es en el trabajo donde pasamos la mayor parte de nuestro tiempo.

Sabemos que la gran mayoría de jefes guardan una cierta distancia con sus empleados y nosotros como trabajadores, lo respetamos. La gran responsabilidad de la empresa depende de ellos y quizás eso no les permita relajarse tanto como al resto de la plantilla que después de su jornada laboral se despiden por completo durante algunas horas.

Sin embargo, el problema viene cuando empezamos a ser conscientes del carácter de nuestro jefe. Es cierto que podemos tener suerte y toparnos con un jefe maravilloso con el que nunca tenemos que lidiar, pues nos ayuda a progresar y nos hace sentirnos realmente valorados, pero como todo en la vida, también puede suceder lo contrario.

La situación en la empresa ya no es tan ideal como lo era al principio, nunca lo fue o quizás nuestra paciencia ya está agotándose después de muchos años allí. Todos estamos fatigados y aunque su responsabilidad sea superior, no implica que tengan que convertirse en personas arrogantes, déspotas y prepotentes.

La prepotencia implica el aprovechamiento de algo o alguien imponiendo su poder o autoridad, y va de la mano de la arrogancia y la soberbia. Tener que lidiar con un jefe de estas características resulta bastante complicado. Como trabajadores vemos mermada nuestra capacidad para desarrollar bien nuestro trabajo y la autoestima suele decaer. Cuando esto sucede, en la mayoría de los casos, podemos llegar a sentirnos muy humillados e incluso llegar a renunciar el puesto de trabajo, pues como decíamos anteriormente, es nuestro jefe con su carácter quien se acaba convirtiendo en la principal fuente de infelicidad.

Cuando vivimos una situación así y su carácter prepotente va en aumento, podemos lograr que la situación cambie por completo o al menos mejore siguiendo alguno de estos consejos:

  1. La confianza. Ganarse la confianza de nuestro jefe es un principio básico. La clave está en cambiar la manera de verlo. Es decir, ya no es, por jerarquía, el superior que nos da órdenes sino alguien con quien debemos de tratar para ganarnos su confianza. ¿Cómo? Muy sencillo. Hay que ponerse en su lugar y descubrir cuáles son sus retos y necesidades, darle soluciones y nunca problemas y, por último, hacer pocas promesas, pero cumplirlas siempre. Probablemente, si nos ganamos su confianza y aprecio, será más fácil que nos ayude y nos preste la atención que necesitamos.
  2. El habla. Otra tarea importante para actuar ante un jefe prepotente es intentar hablar con él. Sabemos que la mayoría de jefes se caracterizan por no tener tiempo suficiente para hablar con sus trabajadores, claro, las horas pasan muy deprisa y el trabajo se acumula. Por eso, es importante escoger un momento adecuado. Lo ideal sería escoger un día que no tuviera prisa o que no estuviera estresado. Si podemos, sería bueno fijar con antelación una hora y un día en la sala de reuniones de nuestro trabajo, por ejemplo.

Cuando hablamos, es importante ser concreto a la hora de criticar su comportamiento, sugerir alguna alternativa mirando siempre la situación desde su perspectiva y valorar, además, lo que él está haciendo bien. Es cierto que en muy pocas ocasiones los jefes reciben feedback de sus empleados.

  1. La anticipación. Otra forma de mejorar la relación con nuestro jefe es mantenerse alerta con respecto a todos los problemas que puedan surgir en la empresa y saber reaccionar ante ellos con preparación y previsión. Es decir, anticiparse a ellos.
  2. La protección. Si hablar y anticiparse a los problemas no ha funcionado, debemos ser conscientes de que queda algo de tiempo para seguir bajo su mandato, por lo que lo más aconsejable es asumirlo y protegerse. Debemos proteger nuestro cuerpo y nuestra mente. Es fundamental estar fuerte física y mentalmente para afrontar una situación de este tipo. Tenemos que intentar no tomarnos las críticas o el comportamiento de nuestro jefe como un ataque e intentar, en la medida de lo posible, no provocar las situaciones que desencadenan su ira. Todos los jefes tienen cosas que les irritan y hay que intentar evitarlas.

Lidiar con un jefe prepotente nunca fue una tarea sencilla, pero si ponemos un poco de nuestra parte y sacamos lo mejor de nosotros, con paciencia, puede que cambie su actitud.

 

 

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