Cómo actuar ante las provocaciones

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Incitar a que alguien reaccione de manera agresiva es la actividad favorita de muchas personas. Les divierte discutir y notar cómo a alguien se le acaba agotando la paciencia y termina “saltando” ante sus provocaciones.

Ese tipo de personas solamente nos provoca porque lo único que espera es una mala reacción por nuestra parte, para finalmente acabar, en la mayoría de las ocasiones, culpándonos a nosotros de la discusión que se ha originado.

Es cierto que a veces algunas personas dicen frases o comentarios que pueden resultarnos malintencionados pero que en realidad no tienen el propósito de herirnos. De hecho, existe mucha gente que considera que todos y cada uno de esos comentarios van dirigidos a ellos y eso ya hay que diferenciarlo del caso anterior.

Y otros que, sin embargo, tienen ese único propósito. Son verdaderas provocaciones para que “saltemos” ante algún tema concreto que saben que nos preocupa. Por eso es fundamental saber diferenciar los comentarios que realmente van a hacer daño de otros que, simplemente por elección propia, percibimos como hirientes o dañinos.

Que sea el hobby de muchos amigos y conocidos no significa que tenga que ser el nuestro. Nadie es igual que nadie y es absolutamente normal que nos moleste y nos irrite que algunas personas de nuestro entorno se pasen media vida incitándonos a reaccionar de manera hostil ante duros comentarios o provocaciones malintencionadas.

Cuando tenemos en nuestro grupo de amigos o en nuestro entorno familiar a alguien que nos provoca constantemente resulta bastante complicado no reaccionar de manera agresiva, está claro que toda paciencia tiene un límite. Pero es importante conocer antes algunas recomendaciones para intentar no caer en la trampa de las personas que nos provocan.

Por ello, quizás la mejor forma de evitar unas reacciones agresivas de nuestra parte es controlar previamente la respuesta que vamos a dar. Ante este tipo de personas lo mejor es mantener cierta distancia, no sonreír, pero tampoco hacer reproches, ya que de hecho no servirán de nada. La indiferencia es, sin duda, una de las mejores armas para evitar reaccionar a este tipo de provocaciones. Sentir inclinación o rechazo hacia algo o alguien que de manera intencionada busca que saltemos constantemente es una pérdida de tiempo. Por eso lo mejor es mostrarse completamente indiferente a ellos.

Además, es importante reconocer ante todo a este tipo de personas que solamente quieren provocarnos sin importar nada más. Identificarlos para intentar “no caer en su trampa”. Que reaccionemos de manera agresiva es su único fin, bien sea por afán o diversión, y por eso hay que saber frenarlo a tiempo, siempre.

Normalmente, las personas que activan esta manera de herir al otro con la palabra y la constante provocación se deben principalmente a actitudes infantiles, irresponsables, inmaduras o poco adaptadas que se frustran fácilmente. Por tanto, si sabemos reconocer quiénes son exactamente las personas que buscan ese objetivo, no les demos el lujo de que se salgan con la suya. No permitamos que sigan consiguiendo su fin como lo habían hecho hasta ahora. Y, sobre todo, tengamos claro que hacer frente a esas provocaciones solamente desencadenará una discusión que no nos llevará a ninguna parte.

También es recomendable intentar alejarse poco a poco de ellas, ya que frecuentemente nos provocan discutir y que, si además lo consiguen, habrán logrado que estemos completamente implicados en su juego.

Es cierto que ante cualquier estímulo externo tenemos dos comportamientos posibles: responder o reaccionar. En el primero de los casos, controlamos de forma consciente nuestro comportamiento. En el segundo, se actúa sin control. Según algunos expertos, la agresividad nunca es una forma de respuesta sino de pura reacción, contemplada por ellos como “un impulso automático del ser humano que procede del instinto de supervivencia”.

Lo único que nos queda, por tanto, es responder. Y responder con indiferencia es la mejor de nuestras opciones.

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