¿Cada cuánto ir al dentista?

En Salud
Problemas bucales
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Sí, desde bien pequeños odiábamos todo lo que tuviera relación con la salud bucodental. Temíamos a dentistas cada vez que escuchábamos decir a nuestros padres que ese día tocaba revisión, y lo cierto es que la cosa no cambia demasiado cuando somos adultos, pues muchos de nosotros todavía le tenemos pánico y evitamos a toda costa acudir. Sin embargo, mantener una adecuada higiene bucodental es fundamental y por eso ir al dentista es necesario, pero ¿con qué frecuencia debemos hacerlo?

Sabemos que la salud en general es importante, pero la salud bucodental también es muy importante. Por eso, tener en cuenta las revisiones anuales que cada individuo tiene en el dentista es algo a tener en cuenta. Además, la boca puede ser un gran foco de bacterias y enfermedades, y por este y otros muchos más motivos mantener unas buenas pautas de prevención como una adecuada higiene diaria y una visita al dentista para una higiene profesional puede evitarnos muchos problemas en el futuro.

Es posible que muchas personas no acudan ni una vez en todo el año, aún sabiendo que lo más recomendable es ir como mínimo dos veces al año para revisar su boca y así también poder eliminar la placa bacteriana que se acumula entre los dientes día tras día. Y no, nadie debería esperar a tener un determinado problema en la boca o a sentir dolor. Este es un error muy común que hacen muchas personas actualmente y que debería evitarse en la medida de lo posible ya que están perjudicando su salud sin darse cuenta.

Es cierto también que muchas pueden sufrir odontofobia y el no querer ir al dentista tiene su explicación, pero si ese es tu caso lo mejor es que acudas a un profesional para que puedas acabar con esta fobia cuanto antes. La odontofobia, además de ser uno de los principales motivos por el que los españoles no acudimos al dentista, es también el miedo irracional y extremo al dentista. Lo bueno es que, por suerte, tiene tratamiento y probablemente la exposición en vivo sea uno de los más eficaces. Cuando un determinado individuo tiene un miedo incontrolable lo que podría ser útil sería comenzar con ejercicios de exposición en su imaginación o ver videos de dentistas para proseguir la exposición en vivo cuando esté completamente preparado.

En esta exposición en vivo resulta fundamental que el paciente se sienta capaz de controlar el estímulo temido a través de señales pactadas previamente con el dentista, que haya un cierto grado de predecibilidad, es decir, que el paciente sea quien controle la situación y sepa lo que se va a hacer en cada momento. Una situación como esta requiere de mucha paciencia y un cuidado especial por lo que será importante elegir a un dentista de confianza. Además, también resultaría interesante y bastante útil que el dentista entrenara al paciente en respiración controlada o en relajación aplicada sobre todo cuando las reacciones somáticas del miedo intenso produzcan tensión muscular o tensión en la garganta.

Además, y en relación con los cuidados de la higiene bucodental, existen otras muchas dudas al respecto que están para muchos aún sin resolver. ¿Sabes qué cepillo de dientes hay que utilizar? ¿Blando o duro? ¿Son buenos los colutorios? ¿Hay diferencias de un dentífrico a otros? En primer lugar, uno debe tener en cuenta que si un cepillo es muy duro lo más seguro es que acabe desgastando el esmalte de sus dientes. De hecho, no es necesario utilizarlos ni tampoco apretar demasiado mientras uno se lava los dientes con el fin de conseguir una buena higiene, cuando en realidad hacemos todo lo contrario y, además, perjudicamos nuestras encías.

Lo ideal es utilizar, por tanto, un cepillo de dureza media a blanda, pues en algunas ocasiones, hasta con un cepillo blando al querer obtener un buen cepillado llegamos a lesionar la encía cuando ejercemos una presión muy fuerte sobre los dientes por lo que, si utilizamos uno duro, las consecuencias serán mucho más graves. Normalmente los cepillos duros son los únicos que se desaconsejan pues un uso prolongado en el tiempo de estos podría causar algunas alteraciones a nivel gingival. Los blandos, por su parte, están exclusivamente dirigidos a aquellas personas que se han tenido que someter a algún tipo de cirugía para que el lavado sea mucho más llevadero.

En cuanto a los colutorios, hemos de saber que jamás deberá sustituir al cepillado diario o al hilo dental pues, aunque estos son una buena ayuda por su composición química, a largo plazo acaban siendo insuficientes ya que, los que realmente funcionan, no deben usarse durante mucho tiempo. De hecho, de forma habitual se utilizan como ayuda a un tratamiento que se esté realizando y será el especialista quien los recomiende, por ejemplo, en problemas periodontales o halitosis. Algunos colutorios pueden llevar alcohol y otros incluso teñir los dientes.

La diferencia entre un dentífrico y otro ¿existe realmente? Por supuesto, pero con esto sucede lo mismo que con los colutorios, es decir, que lo importante es la limpieza mecánica. Y a pesar de que la composición de los dentífricos no es en gran ayuda para la higiene bucal, sí hay algunos con su composición rica en flúor que ayudan a prevenir las caries y otros muchos específicos para la falta de salivación o la sensibilidad térmica. Por tanto, a la hora de elegir un dentífrico también es importante dejarse aconsejar por el especialista.

Dientes que se regeneran solos. Suena bien ¿verdad?

Lo cierto es que algunos científicos del King´s College de Londres han probado determinados medicamentos capaces de regenerar los dientes en ratas y ratones para tratar las caries y heridas de la boca que se forman por dos razones: su uso diario y la presencia en la boca de ciertos microbios que se alimentan de los restos de comida que queda en los dientes. Lo que sucede es que los microbios secretan un ácido que va perforando la capa de esmalte que cubre los dientes. Estos, al igual que otros órganos del cuerpo, tienen cierta capacidad regenerativa y cuando están mucho tiempo sin limpiarse el ácido puede perforar las áreas más profundas y llegar hasta un tejido conocido como dentina.

Para contrarrestar el problema existe un mecanismo natural, pues las células madre ubicadas en la pulpa dental se transforman en odontoblastos que tienen la capacidad de formar tejido dental nuevo. El problema viene cuando la caries ya es muy profunda y los odontoblastos son incapaces de recuperar el diente.

Fue por este motivo por lo que muchos londinenses empezaron a investigar. Los bioingenieros comenzaron a abrir ciertas cavidades en las muelas de las ratas, y después empaparon pequeñas esponjas de colágeno hechas de la misma proteína que contiene la dentina. Un proceso que podría definirse como una cascada de comunicación entre célula y célula. El fármaco que se utilizó fue el Tideglusib, el mismo del que se sirvieron para colocar en las pequeñas esponjas y restregar en las muelas de los ratones. El medicamento se quedó ahí durante seis semanas.

El resultado: los roedores produjeron mucha más dentina que el resto y, en la mayoría de los casos, la técnica restauró los dientes. Todavía no se ha probado con humanos, pero los científicos aseguran que si llegara a funcionar podría ser el avance odontológico más emblemático de los últimos cincuenta años.

Fuente:

“Promotion of natural tooth repair by small molecule GSK3 antagonists” https://www.nature.com/articles/srep39654

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