9 horribles prácticas de belleza

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Siempre se ha dicho que “Para estar guapa haya que sufrir”. Pero todo tiene un límite, ¿no?

No es nada nuevo que la presión social por que las mujeres cumplamos unos parámetros de belleza determinados a veces nos lleva a extremos que llegan a ser destructivos. Aquí van diez ejemplos históricos de estos extremos:

 

  1. Corsés

No por ser de sobra conocido es menos sádico este remedio para conseguir una cintura más fina. Movimiento de órganos internos, daños en la piel, deterioro de la columna, problemas respiratorios, dificultades de movilidad… son solo algunos de los efectos de la búsqueda de la deseada “cintura de avispa”. Aunque ya no se emplean de la misma forma que fue moda entre los siglos XVI y XIX, hoy siguen presentes en forma de los conocidos como “waist trainers” o corsés de entrenamiento.

 

  1. Ingerir arsénico

Comer pequeñas cantidades de arsénico fue el método elegido en el siglo XIX por muchas personas para conseguir una complexión más radiante y pálida y ojos más brillantes. Este elemento químico bloqueaba el yodo en el tiroides, causando la aparición de bocio e hinchazón. Y, a veces, la muerte.

 

  1. Pies vendados

Vendar fuertemente los pies hasta conseguir pequeñas extremidades deformadas. Esa es la técnica de belleza que se generalizó en China a finales del siglo X con el fin de conseguir los deseados diminutos pies que consideraban que debía tener una mujer. La realidad es que, calzados, quizá podrían parecer eso, pero descalzos resultaban en pies deformados convertidos en casi muñones con los que se hacía difícil andar. Lo irónico es que ese era el objetivo, unos diminutos pies y unos andares característicos que suponían un símbolo de que la mujer que los tuviera era de alta cuna y no debía trabajar. La tradición empezaba en la niñez y no se extinguió hasta la revolución comunista de 1949, cuando el trabajo pasó a ser una virtud y, por tanto, tener unos pies diminutos y casi inservibles no era demasiado útil.

 

  1. Belladona para los ojos

La Belladona es una planta con propiedades venenosas y narcóticas. Su uso como colirio de ojos se hizo popular entre las mujeres italianas para lograr unas pupilas dilatadas que agrandaran los ojos y dieran un aspecto sexy. ¿La pega? El uso de un veneno en los ojos tiene, sorprendentemente, consecuencias negativas. Su uso continuado provocaba ceguera.

 

  1. Polvos de plomo

La piel blanca era lo más en belleza allá por los años 1700. ¿Cómo lograrlo? Cubriendo la cara con polvos de plomo. Era barato, fácil de conseguir y daba un acabado sedoso y blanquecino a la piel. Otros efectos del uso continuado de estos polvos eran que el cerebro empezaba a inflamarse, provocaba parálisis y causaba una intoxicación por plomo que, lentamente, resultaba en la muerte.

 

A pesar de esto, aún hoy ciertos cosméticos (a evitar) cuentan con el plomo entre sus ingredientes.

 

  1. Grasa de cerdo y oso en el pelo

El pelo debía ser de todo menos discreto en el siglo XVIII. Cuanto más grande, mejor. Para ello se empleaban grandes pelucas sostenidas por armazones internos de madera o metal. Y para mantener el pelo en su sitio -aún no se contaba con laca- se empleaba grasa animal y polvos de plomo (cómo no) para darle un aspecto empolvado. La mezcla, de por sí, no era demasiado higiénica, pero es que además el olor de la manteca resultaba tremendamente atractivo para ratas e insectos, que solían anidar dentro de esas pelucas gigantes.

 

  1. Depilación de pestañas

Al contrario que ahora, las pestañas en la Edad Media eran mejores cuando eran inexistentes. Entre el siglo XI y el XV un ideal de belleza en las mujeres era una frente grande y redonda. Para enfatizarla, era común que las mujeres se depilaran todo el pelo de las pestañas y cejas. Incluso llegaban a depilarse el nacimiento del pelo para conseguir una frente mayor.

 

  1. Dieta de tenia

En el siglo XIX conseguir una figura de reloj de arena en las mujeres cobró una gran importancia. Uno de los remedios para conseguir esto eran las “dietas de tenia”. Vendidas en píldoras y anunciadas como “tenias esterilizadas”, prometían perder kilos con solo tomarlas. Se dejaba que el parásito engordara en tu interior y luego eran retiradas con un procedimiento muy poco agradable.

 

  1. Colutorio de orina portuguesa

Sí, has leído bien. Entre los ciudadanos romanos de alta cuna, especialmente entre las mujeres, se popularizó un curioso (y específico) remedio para lograr unos dientes blancos: orina. Pero no cualquier orina, sino aquella directa de Portugal, que se consideraba la más potente.

 

 

Si algo demuestran estos remedios es que la especie humana es capaz de cualquier cosa con tal de acercarse a cualquiera sea el ideal de belleza del momento. De hecho, nosotras no nos quedamos lejos de estos ejemplos con nuestras mascarillas de pegamento y carbón o nuestros tratamientos capilares de Formaldehído. Las generaciones futuras se reirán de lo que un día decidimos hacer por la estética.

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