6 hábitos que aumentan el riesgo de cáncer de mama

En Salud
Cáncer de mama
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En esta época en la que parece que cada vez hay más y más casos de cáncer, no está de más conocer algunos hábitos que pueden aumentar las posibilidades de sufrir un cáncer de mama, como beber alcohol, trabajar hasta tarde o tener sobrepeso.

Los últimos datos afirman que solo el 5% de los nuevos casos de cáncer están causados por la genética. Es decir, la posibilidad o no de padecer cáncer no está motivada, en su mayor parte, por nuestros genes, sino por nuestro estilo de vida, nuestra alimentación o factores externos a nosotros como la contaminación.

Eso implica una buena noticia: si nos cuidamos y evitamos ciertas sustancias y comportamientos, minimizamos el riesgo de padecer esta temida enfermedad que, si bien cada vez se controla y cura mejor, todavía puede ser muy peligrosa.

Cada año, alrededor de 26.500 mujeres en España son diagnosticadas con cáncer de mama. Y es que esta enfermedad sigue siendo la primera causa de muerte por tumores malignos entre las mujeres. Sin embargo, cada vez son menos las víctimas, con una supervivencia que se incrementa anualmente en un 1,4% gracias a las mejoras en la detección, el tratamiento y la concienciación.

Los expertos en cáncer confirman que los casos de esta enfermedad van a seguir aumentando anualmente, pero a la vez descenderán las víctimas y aumentará la esperanza de vida. El objetivo es conocer mejor esta enfermedad para detectarla a tiempo, curarla y, en los casos que no se pueda, cronificarla. Sin embargo, la mejor arma es prevenirla. ¿Cómo? Conociendo factores que aumentan las posibilidades de sufrir cáncer y evitándolos, como estos 6 que te indicamos:

1- Consumir algunas pastillas anticonceptivas

El estrógeno en las píldoras anticonceptivas es eficaz para detener los embarazos no deseados, pero puede convertirse en motivo de preocupación cuando se trata de las células mamarias. Las altas dosis de esta hormona en sangre pueden aumentar el riesgo de cáncer de mama de una mujer por sobreestimular las células mamarias. Un estudio de 2014 publicado en la revista Cancer Research encontró que el uso reciente de anticonceptivos orales entre las mujeres de 20 a 49 años se asoció con un mayor riesgo de cáncer de mama, dependiendo de la formulación. Las píldoras anticonceptivas con dosis altas de estrógeno (50 microgramos o más) estaban relacionadas con un mayor riesgo de cáncer de mama en las mujeres más jóvenes, pero el uso de estas pastillas con una dosis baja de estrógeno (20 microgramos) no aumenta el riesgo.

2- No Amamantar

La opción de amamantar o no es algo muy personal, pero las mujeres que deciden no amamantar pueden enfrentarse a un mayor riesgo de cáncer de mama. En un estudio de 2002 publicado en la revista Lancet, los investigadores analizaron datos de 47 estudios anteriores para demostrar que la lactancia materna disminuye ligeramente el riesgo de cáncer de mama de una mujer. Cuanto más tiempo se amamante (más de 12 meses), menor riesgo comparado con aquellas que nunca amamantaron o lo hicieron brevemente (menos de 10 meses).

 Asimismo, un estudio más reciente publicado en la Revista del Instituto Nacional del Cáncer Americano proporciona pruebas adicionales de que la lactancia materna puede reducir el riesgo de cáncer de mama, así como el pronóstico de una mujer si se diagnostica. Las mujeres que amamantaron tenían un 30 por ciento menos riesgo de cáncer de mama recurrente y un 28 por ciento menos riesgo de morir de su cáncer de mama. Los investigadores todavía tienen que investigar aún más la causa y el efecto concretos entre la lactancia materna y el cáncer de mama.

3- Exceso de peso

Cuanto mayor sea tu talla, más alto será el riesgo de cáncer de mama posmenopáusico. Un estudio publicado en la revista BMJ Open encontró que las mujeres que aumentaban de talla cada década entre los 20 y los 60 años, aumentaron su riesgo en un 33% en comparación, que subía hasta el 77% de riesgo para aquellas que aumentaron dos tallas por década. Y es que la talla está relacionada con la grasa abdominal, lo que sugiere un vínculo entre el aumento de peso y el riesgo de cáncer de mama. Aunque nadie sabe cómo la grasa contribuye a esta correlación, los investigadores creen que se debe a que la grasa corporal alrededor de la cintura es metabólicamente más activa que otros tejidos grasos en el cuerpo.

4- Alcohol

Consumir mucho alcohol aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de mama, especialmente entre aquellas que consumen de dos a cinco bebidas al día, según la Sociedad Americana del Cáncer. Un estudio de 2011 publicado en The Journal de la Asociación Médica Americana examinó la cantidad, frecuencia y edad en la que las mujeres consumieron alcohol entre 1980 y 2008. Los resultados revelaron beber de 5 a 10 gramos de alcohol al día, o de 3 a 6 vasos de vino a la semana, aumentó el riesgo de cáncer de mama en un 15%. Con cada aumento de 10 gramos en el consumo de alcohol al día, el riesgo creció un 10%.

5- Cenar tarde

Un estudio reciente publicado en la revista Cancer Epidemiology, Biomarkers & Prevention descubrió que cenar pronto puede reducir el riesgo de una mujer de desarrollar cáncer de mama debido a la glucosa. Cuando se come, el cuerpo descompone los azúcares y los almidones en glucosa, entrando en el torrente sanguíneo. La glucosa es dirigida entonces por la insulina a las células, así que puede ser utilizada para dar energía. La falta de insulina puede hacer que los niveles de azúcar en la sangre aumenten y se mantengan altos, lo que está relacionado con un mayor riesgo de cáncer de mama.

6- Trabajar hasta tarde

Trabajo en turno de noche puede ser inevitable, pero causa estragos en la salud. Y es que trabajar de noche interrumpe el reloj circadiano del cuerpo, dejándolo físicamente agotado y privado de sueño, y también puede aumentar el riesgo de cáncer de mama. Un estudio de 2012 publicado en la revista Occupational and Environmental Medicine encontró que las mujeres que trabajaban en turnos nocturnos tenían hasta cuatro veces más probabilidades de desarrollar cáncer de mama que aquellas que no trabajaban durante la noche. El efecto fue acumulativo ya que las mujeres que trabajaban por lo menos tres turnos nocturnos semanales durante seis años tenían el doble de riesgo que aquellas que trabajaban de uno a dos turnos nocturnos por semana.

Los investigadores especularon que las interrupciones en el bloqueo interno del cuerpo provocaban cambios en los niveles hormonales. Estas empleadas trabajan de noche y duermen durante el día, lo que altera el ritmo circadiano y los niveles de melatonina -una hormona responsable de regular los ciclos de sueño y vigilia. Y se ha comprobado que las mujeres con cáncer de mama tienen niveles más bajos de melatonina.

Foto: Creado por Jannoon028 – Freepik.com

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